“Es verdaderamente admirable y creo que sin la Gracia de Dios parecería mediano, aún siendo más alto que los demás.”
— Egeria.
Allá por el siglo IV, entre los años 381 y 384, una mujer culta de la élite tardorromana emprendió una travesía que le tomaría alrededor de tres años para recorrer Santos Lugares.
Conocí la historia de esta viajera —Egeria—, en un taller, gracias al comentario de un escritor argentino especializado en literatura de viajes (Christian Kupchik). Tiempo después, impulsado por la curiosidad, me di a la tarea de buscar su itinerario traducido al español; encontré una versión en un sitio web de historia que, sin dar mayores especificaciones, terminó siendo mi única fuente de lectura del itinerario. Complementé esa lectura con algunos artículos académicos sobre ella y su periplo.
Hoy se me ocurre abordar esta crónica desde una mirada escéptica sobre el viaje. Con lo poco que sé, el auxilio de la inteligencia artificial y mi gusto por entrelazar la historia, sus hechos y las miradas de distintos pensadores, me adentro en este tema.
El cruce entre la literatura de peregrinación tardoantigua y la tradición epistemológica escéptica. La lectura de la Gracia no como un dato ontológico, sino como un operador perspectivo (un sesgo constitutivo o una "disposición" en el sentido de Sexto Empírico) transforma el relato piadoso de Egeria en un tratado involuntario sobre los límites y las condiciones del juicio.
I. La frase
En el capítulo II del Itinerario, tras describir el Sinaí y compararlo con las montañas que lo rodean, Egeria escribe:
"Es verdaderamente admirable y creo que sin la Gracia de Dios parecería mediano, aún siendo más alto que los demás."Es una frase pequeña, casi inadvertida, y sin embargo contiene en germen todo lo que la tradición escéptica —de Pirrón a Hume— diría sobre la relación entre percepción, creencia y juicio. Egeria no dice que el monte sea admirable: dice que le parece admirable a causa de la Gracia. Dice, sin proponerlo, la tesis central del escepticismo: no conocemos las cosas, sino las cosas tal como aparecen a un sujeto dispuesto de un cierto modo.
La frase admite una lectura rigurosamente hipotética: si se le quita la Gracia (hipótesis contrafáctica que la propia Egeria formula), el monte "parecería mediano". Es decir, la admirable altura no está en el monte sino en el ojo que lo mira. Pirrón habría asentido.
II. Los dos montes: Sexto Empírico y los modos
Unos párrafos antes, Egeria describe el mismo paisaje dos veces. Antes de subir, los montes circundantes "parecían altos" y el Sinaí ni siquiera puede verse "hasta llegar a su propia raíz".
Después de subir, esos mismos montes "daban la sensación de que estaban debajo de nosotros y que eran humildes colinas", y desde la cumbre se ven "de manera increíble Egipto, Palestina, el Mar Rojo".
Esto es, punto por punto, la doctrina de los modos de Enesidemo y Sexto Empírico:
1. El modo del relativo (pros ti): nada es alto o bajo en sí; el monte es alto "comparado con el valle" y humilde "comparado con el Sinaí". Egeria registra el mismo objeto con predicados opuestos según la posición del observador.
2. El modo de las disposiciones o estados del sujeto (diáthesis): la montaña cambia de naturaleza según quién la mira —el viajero cansado, el monje que la habita, el fiel que sabe que allí bajó "la majestad de Dios". Sexto llamaría a esto la tropikē dynamis, la disposición desde la cual se capta lo que aparece.
3. El modo de la frecuencia y la costumbre: Egeria nota que los faranitas cruzan de noche el desierto "con tanta diligencia y seguridad... como otros pueden hacerlo por caminos llanos". Lo que para un extraño es imposible (no hay camino, todo es arena), para el habituado es trivial. La costumbre fabrica mundos.
Lo notable es que Egeria describe con precisión el mecanismo escéptico sin extraer la conclusión escéptica. Ve que sus juicios son relativos, y en lugar de suspenderlos, los celebra.
Hasta aquí, Egeria actúa como una observadora escéptica fenomenológica impecable: describe lo que se le aparece sin atribuir absolutismo a su primera impresión. Es el caso inverso de Sexto: donde el escéptico dice "no puedo juzgar", Egeria dice "por eso mismo doy gracias".
El "salto" de la fe: la refracción del deseo y el error categorial
¿Qué hace Egeria con esa percepción y cómo rompe deliberadamente con la conclusión escéptica?
Egeria no solo aplica los modos a la geografía física (las montañas que se encogen o se agigantan según el punto de observación), sino a la geografía afectiva. Para el escéptico, la afección (páthos) es el único dato innegable, pero no autoriza ninguna afirmación sobre la naturaleza subyacente del objeto (physis). Egeria comete el "error" categorial que Pirrón denunciaría: confunde la intensidad de su afección interna (la devoción, el asombro) con una propiedad intrínseca de la montaña (su "admirable altura").
Donde Sexto Empírico diría: "Puesto que la montaña parece alta desde abajo y baja desde arriba, suspendo el juicio (epoché) sobre su verdadera altura (physis)", Egeria introduce la geografía afectiva:
1. La afección (páthos) como prueba: Egeria siente un sobrecogimiento devocional. Para Sexto, el páthos es real como vivencia interna, pero incapaz de demostrar nada sobre el objeto externo.
2. El "error" pirrónico: Egeria proyecta la intensidad de su fe interior sobre la materia inerte. Para ella, la montaña no es "admirablemente alta" por una medición métrica, sino porque está impregnada de la "majestad de Dios". Transforma una vivencia subjetiva en una verdad objetiva y teológica.
3. Pérdida de la ataraxia por la gracia: El escéptico busca la suspensión del juicio para alcanzar la paz mental (ataraxia). Egeria no busca la ataraxia (la imperturbabilidad), sino el entusiasmo espiritual. La relatividad del mundo no la paraliza ni la vuelve escéptica; la deslumbra.Síntesis: la "hermenéutica del asombro". El análisis se conjuga demostrando que Egeria utiliza las herramientas del escepticismo antiguo como catalizadores de la teología cristiana:
• Plano fenomenológico: Egeria percibe el mundo con la finura de un escéptico. Registra cómo la posición y la costumbre alteran los juicios.
• Plano ontológico/afectivo: Traiciona el método escéptico deliberadamente. Al no encontrar una verdad fija en la geografía física, no cae en la duda, sino que la reinterpreta a través de la geografía del deseo y de la fe.Egeria desarma la trampa escéptica convirtiendo la relatividad del mundo físico en una demostración de la grandeza divina. Para ella, que una montaña cambie de forma según donde te pares no demuestra la imposibilidad de conocer la verdad, sino la infinitud del Dios que la creó.
III. "Tal como ya sabía": Montaigne y la experiencia como memoria
La confirmación más inquietante llega cuando Egeria baja del monte y anota:
"Lo ves de frente, cosa que antes de subir no podría hacerse, tal como ya sabía por referencia de los hermanos, antes de llegar al monte de Dios, y después de llegar lo comprobé suficientemente."
Montaigne habría subrayado esta línea. En la Apología de Raimundo Sabunde, sostiene que la experiencia nunca es pura: vamos a las cosas con el texto ya escrito dentro y llamamos "comprobar" al acto de reconocer. Egeria no descubre nada en el Sinaí: verifica. Toda su peregrinación está estructurada así —ella misma confiesa que los monjes le enseñaban "cada sitio que yo había encontrado leyendo las Sagradas Escrituras". El paisaje es un comentario de un texto previo; la realidad funciona como glosa. Montaigne diría que Egeria sufre del mal de los comentaristas: no viaja para ver el mundo, sino para cotejar si la geografía se adecúa a sus notas al pie.
Es el "Que sais-je?" de Montaigne en negativo. Donde Montaigne descubre que no sabe lo que creía saber, Egeria demuestra que sabe exactamente lo que quería saber: su viaje está diseñado para que el resultado esté garantizado de antemano. Nada de lo que ve puede refutar lo que cree, porque solo se acercan a los lugares que confirman la Escritura. Es el método contrario al ensayo (essai, tentativa, prueba que puede fallar).
Montaigne y el círculo hermenéutico
Con esto aludo al modo en que la experiencia empírica (lo que vemos, tocamos o viajamos para conocer) está siempre mediatizada y condicionada por una lectura previa. "Todo ello se fue anotando por escrito puntualmente, porque era imposible retener tantas cosas en la memoria" (cap. V — el texto como sustituto de una memoria que ya no se fía de sí misma: toque escéptico involuntario). Esto refuerza la grieta montaigniana: la propia Egeria desconfía de la estabilidad de su propia mente. El texto escrito reemplaza al juicio empírico fluido, petrificando la experiencia antes de que el olvido o la duda la alteren.
Conviene notar, sin embargo, una grieta montaigniana en favor de Egeria: en Carra, cuando el obispo no puede responderle de dónde sabe lo de Nacor y Batuel, ella acepta sin malestar que hay textos que no dicen todo. Aquí encontramos un contrapunto. Su curiosidad excede el dogma. Demuestra que la fe de Egeria no es un dogmatismo ciego y cerrado, sino un empirismo devoto donde la curiosidad intelectual a veces desborda el dogma. El escepticismo de Montaigne es también eso: una curiosidad que no se apacigua con la primera respuesta.
El círculo hermenéutico describe la idea de que no podemos comprender el todo sin entender las partes, pero no podemos entender las partes sin tener ya una noción previa del todo.
Aplicado a la experiencia del viajero o del lector:
• No salimos al mundo con la mente en blanco (como una tabula rasa).
• Salimos con un marco mental, un texto, una cultura o una expectativa previa.
• Cuando nos encontramos con la realidad, no la «descubrimos» limpiamente, sino que la interpretamos para que encaje en el mapa de lo que ya sabíamos o esperábamos encontrar. La realidad funciona como una confirmación o glosa del texto previo.
La perspectiva de Montaigne (Ensayos)
Michel de Montaigne, especialmente en su famoso ensayo "Apología de Raimundo Sabunde" (Libro II, cap. 12), sostiene un escepticismo radical respecto a la «pureza» de la experiencia y del conocimiento humano:
• Interpretamos interpretaciones: Montaigne observa que nos pasamos la vida comentando lo que otros ya comentaron. Raras veces nos enfrentamos a la cosa misma; nos enfrentamos a las opiniones, prejuicios y textos sobre la cosa.
• El texto proyectado sobre el mundo: Para Montaigne, la mente humana es un instrumento proyectivo. Llevamos el relato dentro y llamamos «comprobar» o «descubrir» al simple gesto de reconocer en el exterior lo que ya teníamos grabado en el intelecto o en la fe.
• La experiencia no es neutra: No hay un contacto directo e imparcial con los hechos. El sujeto siempre juzga desde una posición, una costumbre o una lectura anterior.
¿Cómo opera en el ensayo sobre Egeria?
Cuando el ensayo aplica este cruce a la peregrina del siglo IV, revela el mecanismo de su viaje:
1. El texto previo: Egeria viaja con las Sagradas Escrituras en la cabeza (y en las manos). Los monjes y guías le muestran lugares diciendo: «aquí ocurrió esto que leíste».
2. La verificación como ilusión: Egeria no viaja en actitud de exploración científica o tentativa (el essai montaigniano, donde la prueba puede fallar y refutar lo creído). Viaja para verificar.
3. Cierre del círculo: Su mirada reconoce el paisaje porque el paisaje ya estaba «escrito» en su fe antes de salir de Europa. El Sinaí es alto, sagrado y sobrecogedor no solo por su geología, sino porque es la montaña del Éxodo. La realidad física opera como un comentario al margen de la Biblia.En resumen, "el círculo hermenéutico" designa esa estructura mental según la cual nunca viajamos hacia lo desconocido, sino hacia la confirmación de lo que ya sabíamos, convirtiendo la experiencia del mundo en una lectura circular donde el texto valida la vista y la vista ratifica el texto.
IV. Hume: el testimonio de los que desean creer
La segunda parte del Itinerario —la liturgia de Jerusalén— es el material perfecto para el ensayo de Hume De los milagros. Egeria describe multitudes que "creen haber incurrido en pecado grave si no asisten" a las solemnidades, y gente que acude "de todas partes... para gozar de tan gran alegría". Para Hume, ningún testimonio de milagro es suficiente cuando procede de personas con deseo intenso de que sea verdadero y disposición a creer en grupo.
Y aquí la frase decisiva del texto, quizá la mejor de todo el Itinerario para leerla con Hume, la escribe Egeria rumbo a la tierra de Job:
“Se puede decir que no es un trabajo laborioso, cuando una persona ve que su deseo puede hacerse realidad.”Escribió para describir su propio esfuerzo, y sin darse cuenta definió la psicología del testimonio humeano: el deseo cumplido anestesia el escrutinio. Quien desea ver la zarza ardiendo no evalúa la zarza; agradece la zarza. Hume diría: la vivacidad del deseo se transfiere a la creencia, y la creencia vívidamente sentida se reporta como evidencia. Egeria es el testigo perfecto del milagro precisamente porque es el testigo que menos puede testificar.
Muestra cómo el deseo elimina la fricción epistémica: el esfuerzo físico borra la duda intelectual. Para Hume, la creencia es una idea concebida con una vivacidad particular; Egeria demuestra que la fatiga del viaje y la expectativa religiosa son los combustibles óptimos para elevar esa vivacidad al grado de evidencia incontestable.
"Tan pronto como lo dijo, decidimos con gran deseo ir allí." (cap. IX — la sugestión del guía como motor epistémico). La frase ilustra a la perfección el mecanismo de la sugestión del guía. La autoridad de la palabra ajena enciende la inclinación afectiva antes de cualquier constatación empírica.
Además, su texto es una cadena de testimonios: los monjes le muestran "la piedra grande" donde se rompieron las tablas, la cueva de Elías, el altar de Aarón —lugares identificados porque alguien, alguna vez, dijo que eran esos. Cada "se dignaron informarme" es un eslabón humeano más entre el hecho y la creencia.
V. El contraste: epoché contra gratia
Conviene no convertir el texto en un panfleto escéptico, porque el contraste final es lo más interesante.
El gesto escéptico es la epoché: suspender el juicio ante lo que aparece de maneras opuestas.
El gesto de Egeria es exactamente inverso: ante cada apariencia, afirmar cuanto antes, dar gracias, bendecir. Ella misma formula su anti-programa: "una vez satisfecho el deseo, bajas de allí, y lo ves de frente". Para Sexto, la suspensión produce ataraxia (tranquilidad); para Egeria, la afirmación produce gratia (gratitud). Dos terapias contrarias del mismo malestar: la inestabilidad de un mundo que aparece siempre de otro modo.
Pero ambos comparten un diagnóstico: que las cosas no se nos dan directamente, sino a través del deseo, la costumbre, la posición y el relato. El escéptico concluye por eso no juzgo; Egeria concluye por eso doy gracias. El Itinerario es así un documento único: el relato en primera persona de cómo funciona, desde adentro, la mente que los escépticos solo pudieron describir desde afuera. Donde Sexto nos da la anatomía de la creencia, Egeria nos da su diario íntimo.
Para consolidar el paralelismo entre la epoché y la gratia, el cierre puede ganar fuerza contraponiendo la figura del escéptico y la de la peregrina como dos formas divergentes de habitar el mismo fenómeno de la dilatabilidad del mundo:
El escéptico y la peregrina contemplan la misma fisura: el hecho insoslayable de que las cosas no son como son, sino como se nos aparecen. Pero donde el escéptico ve en esa distancia un motivo para abstenerse de juzgar y protegerse del error, Egeria descubre una rendija por la cual se filtra el sentido. La epoché exige neutralizar la mirada para no ser engañado por el espejismo; la gratia acepta el espejismo como la única forma humana de habitar lo sagrado. Sexto Empírico busca la ataraxia desactivando el juicio; Egeria encuentra la paz saturándolo de gratitud.
VI. Bibliografía de trabajo
• Egeria, Itinerario (texto de la edición consultada, caps. I–VII y segunda parte)
• Sexto Empírico, Hipotiposis pirrónicas, I (los modos de Enesidemo y Agripa)
• Michel de Montaigne, Ensayos, II, 12 ("Apología de Raimundo Sabunde")
• David Hume, Investigación sobre el entendimiento humano, sección X ("De los milagros")
• Egeria (viajera) — Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/Egeria_(viajera)
• Itinerario de Egeria — Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/Itinerario_de_Egeria
• Itinerario de Egeria. Clásicos de Historia. http://clasicoshistoria.blogspot.com.es/
• Pascual, Carlos. Egeria, la Dama Peregrina. Arbor CLXXX, 711-712 (Marzo-Abril 2005), 451-464 pp.
• Gallego Franco, Henar. Mujeres y élite social en la Hispania tardoantigua: la evidencia epigráfica (SS. V-VI). HAnt XXIX-2005, 215-223.
• Cid López, Rosa María. Egeria, peregrina y aventurera. Relato de un viaje a Tierra Santa en el siglo IV / Egeria, pilgrim and adventurer. A report of a pilgrimage to the Holy Land in the 4th Century. Arenal 17:1; enero-junio 2010, 5-31.
• Castro Hernández, Pablo. "La peregrinación de Egeria. Una aproximación a la geografía sagrada y los sucesos milagrosos en Tierra Santa (s. IV d.C.)", Revista Historias del Orbis Terrarum, Anejos de Estudios Clásicos, Medievales y Renacentistas, ISSN 0718-7246, Vol. 11, Santiago, 2016, pp. 23-52.
• Real Torres, Carolina. El Itinerarium de Egeria. Crónica de una peregrinación a Tierra Santa. Actas de los Congresos Internacionales Diálogo Fe-Cultura de 2012 a 2018. Año 2019.
• Durán, Laura Carolina. Mujeres viajeras de la Antigüedad. Los relatos de Egeria y otras peregrinas en Tierra Santa. Patristica et Mediævalia 40.1 (2019): 103-104. Reseña del libro de Eduardo Otero Pereira (2018). Salamanca: Sígueme. 238 pp.
Este ensayo fue elaborado con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial: Mistral y Gemini.





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