martes, 7 de julio de 2026

Caminata por Saavedra, Coghlan, Belgrano, Colegiales y Palermo. CABA. Murales.




Caminando, yendo desde Parque Sarmiento hasta Plaza Italia. Cruzando por los barrios Saavedra, Coghlan, Belgrano, Colegiales y Palermo.
El inicio de la caminata fue en la entrada al Parque Sarmiento, y ahí mismo el recorrido ya dio la primera parada: una escultura o relieve de pared geométrico y abstracto de estilo modernista/tardo-modernista. Se trata de un aplique tridimensional de gran formato colocado sobre el revoque blanco de la fachada, compuesto por planos geométricos facetados que se intersectan mediante líneas marcadas en bajo/alto relieve. Aunque es una pieza abstracta, su silueta tiene una marcada cualidad zoomorfa o dinámica: recuerda claramente a un pez estilizado puesto en posición vertical (con la aleta superior, el cuerpo facetado y la cola bífida en la base), a un ave marina o figura en vuelo con las alas desplegadas en ángulo, o a una vela de embarcación —propuesta náutica— simplificada en polígonos. En cuanto al material y la textura, parece estar realizado en cemento, yeso exterior modelado o chapa metálica tratada con un acabado que imita textura pétrea o bronce envejecido, pintado en tonos ocre/dorado opaco que contrastan fuertemente con la pared blanca. Este tipo de intervenciones —conocidas en arquitectura y diseño como relieves murales integrados— eran extremadamente habituales en la arquitectura residencial a partir de la década de 1950 y durante los años 60 y 70.
Más adelante, la fachada de un edificio urbano apareció decorada con un mural de una criatura fantástica de color negro con puntos blancos, espinas en el lomo y una larga trompa con textura anillada, además de un diseño similar sobre el portón de acceso lateral. El mural principal muestra una figura zoomorfa de estilo ilustrativo y lúdico, pintada en tonos oscuros con patrones punteados y detalles espinosos sobre un fondo claro, mientras que en la puerta de la planta baja hay un diseño más pequeño en blanco y negro que acompaña la estética de la criatura principal. Todo el conjunto está enmarcado por árboles de fuerte presencia en la vereda y una estructura metálica superior con vegetación.
El recorrido siguió por el paso bajo nivel Gatica-Goyeneche, sobre la Avenida Ricardo Balbín, en el barrio de Saavedra. Ahí aparece pintado un colectivo tradicional de la Ciudad de Buenos Aires —un clásico autobús porteño fileteado— que representa a la Línea 19. Esta presencia no es una elección al azar: es un profundo homenaje a la historia del barrio de Saavedra y a la vida de Roberto "El Polaco" Goyeneche. Antes de consagrarse como una de las máximas leyendas del tango argentino, Goyeneche trabajó como chofer de colectivos en esa Línea 19, por entonces administrada por la empresa Microómnibus Saavedra S.A., y conducía los viejos colectivos por las mismas calles del barrio que lo vio crecer. Incluso ya siendo famoso, en ocasiones recordó con orgullo su etapa al volante en programas de televisión, donde se lo llegó a ver manejando una unidad de su querida línea. Las paredes laterales del paso bajo nivel presentan, además, ilustraciones artísticas monocromáticas que retratan paisajes urbanos de Buenos Aires y homenajes a figuras populares del barrio, como el propio cantor Roberto "Polaco" Goyeneche y el boxeador José María "Mono" Gatica.
Cerca de ahí hay un muro pintado conmemorativo por los 150 años del barrio de Saavedra en la Ciudad de Buenos Aires, con la base del mástil pintada con los colores de la bandera argentina. El motivo de la obra es el 150° Aniversario de Saavedra, organizada por la Junta Comunal N° 12, con idea y realización de Ismael Diggelmann y Fabiana Sidero, con la participación del Centro Cultural Discépolin / F. Lagamera y la colaboración en la pintura de Mariana Deus y el taller de mural del C.C. Discépolin, a cargo de Silvi Ruffo.
Un poco más adelante apareció una hornacina o altar popular urbano, una manifestación de devoción callejera bastante habitual en varias ciudades. La figura principal es una estatuilla de la Virgen María —específicamente la Virgen de Fátima, reconocible por su postura en oración con las manos juntas, el manto blanco y la base con nubes y flores—, alojada en una casita triangular o nicho rústico hecho de madera artesanal, con cortes de troncos y tablas, fijado al tronco de un árbol en la vía pública. Es un altar espontáneo instalado por vecinos del barrio en la vereda —al fondo se ven las estaciones de bicicletas públicas de la ciudad y edificios de departamentos—, con el propósito de ofrecer protección, expresar agradecimiento o crear un espacio de veneración comunitaria en el espacio urbano cotidiano.
También cruzó un mural pintado en una pared gris oscura con un diseño botánico de grandes flores, parecidas a peonías o rosas, en tonos blancos, grises y rosados claros, rodeadas de hojas y un aro geométrico blanco. No fue posible identificar la firma o autoría exacta a simple vista, ya que no aparece una firma visible en la foto.
En el camino también apareció un fitito bastante castigado por los años, pero intacto en su mística urbana: un clásico Fiat 600 que parece llevar encima años de intemperie, con la pintura desgastada y la chapa dando pelea. Sin embargo, tiene esa dignidad inquebrantable de los autos populares de otra época: contra viento, marea y pasaje del tiempo, ahí sigue, firme en la vereda.
Sobre la persiana metálica enrollable de un garaje apareció un antiguo mural que data de 2017, de artista ilegible, tal vez Faunoart o Fauno art. Es una obra de arte urbano con un diseño abstracto-orgánico, compuesto por formas fluidas que simulan el agua o el viento, combinadas con motivos florales de margarita en la parte inferior. En la gama cromática predominan los colores fríos en el centro —azul, celeste y negro— que contrastan con tonos cálidos y pasteles —rosado, salmón y amarillo— en la parte superior.
Otro mural, también pintado sobre una cortina metálica de un local comercial, representa la figura de una mujer en tonos rojizos y rosados con el cabello al viento, sosteniendo o dejando volar una tela alargada sobre un fondo acuático azul y celeste. Como se trata de una obra de arte callejero o mural urbano anónimo o de autoría no especificada con claridad en los registros generales de la zona, se lo describe de manera genérica como una intervención artística sobre persiana metálica con temática marina y figurativa.
Este mural underwater o acuático está ubicado en una esquina de Belgrano, data de 2021 y la autoría está parcialmente tapada; se alcanza a ver la firma #Ayedav. Es una composición artística de temática submarina y marina que envuelve la fachada y las persianas del local de la esquina. En el paño principal metálico, sobre la esquina de Cramer, aparece la silueta de una mujer o sirena sumergida en tonos rosa y carmesí, cuyo cabello flota suavemente hacia arriba imitando el movimiento del agua; la figura sostiene una tela o fluido rosado que se despliega de forma orgánica a lo largo de la persiana sobre un fondo acuático de tonos turquesa, celeste y azul profundo. Hacia el costado de la esquina, sobre el lateral de la calle La Pampa y Cramer, se distingue un plano en detalle del rostro de la figura acuática, inclinado hacia atrás y con los ojos cerrados, sugiriendo una sensación de flotación, reposo o ingravidez bajo el agua; destacan los trazos en tonos rojos y púrpuras en el cabello y los contornos faciales, que contrastan fuertemente con la paleta fría del fondo. Completan la composición la flora y la fauna marina: en los pilares y paredes laterales hay frondas de algas marinas y kelp en tonos amarillos, anaranjados y verdes que suben verticalmente hasta la zona del aire acondicionado, y en las secciones inferiores de la persiana se observan corales, anémonas de mar con tentáculos rosa vibrante y estructuras porosas que simulan esponjas de mar e invertebrados sobre el lecho marino.
Ya en el antiguo paredón del Playón (II) Ferroviario de Colegiales apareció un conjunto de murales que datan de 2021, que refleja el contraste entre el trabajo de muralismo ilustrativo más elaborado y el graffiti o tagging callejero directo sobre la textura antigua del ladrillo. Se ve un extenso paredón de ladrillos vistos con intervenciones de arte urbano y graffitis de variados estilos: un monstruo devorador de edificios, una criatura verde de aspecto rugoso y grandes dientes, retratada en el momento exacto en que se está comiendo un edificio o bloque de departamentos, con la figura emergiendo entre grandes flores de colores vivos —rojo, violeta y verde— con caritas sonrientes en el centro; un mural ilustrado con consigna, sobre fondo azul brillante, con una ilustración de estilo infantil o pop art que muestra dos rostros estilizados, y en el centro, sobre la zona verde, se distingue la leyenda "PARQUES SÍ, TORRES NO", una consigna de reclamo vecinal habitual en el barrio; personajes de dibujos animados de Looney Tunes, entre ellos una versión del Piolín (Tweety) con anteojos de sol negros, de aspecto rebelde o urbano, acompañado del número "712", y una representación del Gato Silvestre (Sylvester) con su característica nariz roja grande y su expresión clásica, pintado aprovechando los relieves y cajetines de la pared; y, más adelante en el mismo muro, un felino y lettering en aerosol, con la cabeza de un gato o felino anaranjado con la boca abierta mostrando los dientes, junto a graffitis y firmas hechas en aerosol rosado y negro, entre ellas "COTI" y "JULI".
Sobre ese mismo recorrido apareció una pared que funciona como un ejemplo perfecto de un microecosistema urbano, donde la física del material y la biología vegetal se alimentan mutuamente en una sucesión ecológica vertical. En la base física está el sustrato y la humedad: una mampostería de ladrillo común, probablemente antigua o deteriorada, cuyo mortero de junta original se ha degradado con el tiempo, dejando cavidades, fisuras y una superficie extremadamente porosa, sumado a una filtración y condensación permanente, ya que el agua no solo cae por lluvia —la pared actúa como una esponja vertical, con retención constante de humedad por capilaridad desde la base, filtraciones superiores de desagües o techos defectuosos, o permanente sombra que impide la evaporación—. Sobre esa base se asienta la capa primaria de musgos y briófitas, el manto verde: pioneros sin raíces que, al no necesitar tierra profunda, se adhieren mediante rizoides directamente al material poroso, y que actúan como una esponja biológica que retiene gotas de agua y micropartículas de polvo, formando progresivamente una capa orgánica —humus primario— sobre el ladrillo desnudo. Encima de esa capa aparece la vegetación intermedia y rupícola, las plantas de grieta: plántulas ruderales y brotes, pequeñas hierbas de hojas redondeadas que florecen sobre la capa de musgo, cuyas semillas caen traídas por el viento o aves y encuentran en las juntas de la pared el nitrógeno y la humedad necesarios para germinar, generando con el tiempo un efecto cuña, ya que sus raíces se introducen en las grietas entre los ladrillos, acelerando la disgregación del mortero y creando surcos aún más profundos para especies más grandes. Por último, en el estrato superior aparecen los helechos y la vegetación de cornisa: especies esciáfilas, de sombra, que predominan en las zonas más elevadas y en los aleros sobresalientes, y que adoran la humedad ambiental constante y la luz indirecta, con raíces aéreas y frondas secas —frondas verdosas mezcladas con restos marrones y secos de temporadas pasadas—, cuya acumulación de materia orgánica muerta en los escalones del ladrillo genera compost natural, permitiendo que el helecho sobreviva de forma prácticamente suspendida en el aire. En conjunto, la pared es un testimonio visual de cómo la naturaleza reclama las estructuras de mampostería en entornos húmedos y poco transitados: el ladrillo absorbe el agua, el musgo fija la base, y las plantas más complejas colonizan las grietas a medida que la estructura se va meteorizando.
El recorrido también pasó por una edificación que presenta un estilo eclecticista pintoresquista, con una fortísima influencia del Art Nouveau / Modernismo y pinceladas del estilo pintoresquista vasco o de chalet californiano/mediterráneo en sus tejados. Es un ejemplo clásico de la arquitectura residencial urbana de las primeras décadas del siglo XX, aproximadamente entre 1910 y 1930, construida en chaflán o esquina.
Hubo también una composición que unió varios elementos naturales: un zorzal colorado (Turdus rufiventris), observado camuflado y buscando alimento en el suelo de tierra húmeda, justo debajo de las ramas secas en el centro de los arbustos, con su pecho anaranjado/rojizo característico apenas contrastando con el tono del suelo y la hojarasca; margaritas amarillas, las pequeñas flores que salpican el arbusto o cerco vivo dispuesto alrededor de la base de la estructura, aportando toques de color entre el follaje verde y seco; una casilla o garita de ladrillo visto, la construcción pequeña de ladrillos con rejas de hierro en sus ventanas y un techo a dos aguas con chapa, que recuerda a las antiguas casillas de control o garitas ferroviarias, aunque en este contexto parece una casilla de seguridad o control, con un baño químico portátil (Ecosan) detrás; y, en la esquina inferior izquierda del césped, una ortiga o cardo, la roseta de hojas dentadas y espinosas típica del cardo o la ortiga, creciendo al ras del suelo.
También se cruzó con el trabajo artístico de los alumnos de una escuela, exhibido en murales sobre la reja perimetral: paneles con técnicas mixtas hechos por los alumnos, que van desde dibujos en tinta negra sobre blanco —árboles y tramas—, collages con papel de seda modelado —flores y follaje— hasta pintura abstracta y composiciones de la naturaleza —insectos, plantas y bichos—. Al frente hay un gran mural pintado sobre panel que representa un paisaje boscoso con árboles, flores, aves y animales, firmado por la "Escuela N° 16 D.E. 9" junto con los nombres de los estudiantes o docentes participantes en el margen inferior izquierdo.
Más adelante apareció un mural que es un diseño comunitario de concientización ambiental impulsado por la iniciativa vecinal "Somos Colegiales", junto con firmas locales y de diseño gráfico que auspician o acompañan la propuesta. Combina una estética de ilustración lineal y sencilla con un mensaje enfocado en la ecología urbana: en el eje central, dedicado a las 3 "R" y al cuidado del agua, se destaca la sigla "RE" que se despliega en los verbos "Reducí", "Reusá", "Reciclá" —y abajo se suma "Respetá"—, sobre un fondo azul con el símbolo clásico del reciclaje, mientras que arriba a la derecha acompaña la consigna "Cuidá el agua" junto a una canilla y gotas dibujadas. A los lados se ve la acción comunitaria y la separación de residuos: vecinos en acción, una persona subida a una escalera depositando bolsas en un contenedor rotulado como "Reciclables", y otras personas gestionando residuos. Hacia la izquierda se integra la naturaleza urbana, con un árbol de trazos simples, plantas y la figura de un gato, buscando conectar el entorno urbano cotidiano con el respeto por la flora y fauna local. En conjunto, el mural busca transformar una pared medianera —en este caso lindante a una obra o terreno en excavación— en un punto de difusión sobre la separación en origen y hábitos sustentables para el barrio.
Sobre el final aparecieron los restos de un mural muy antiguo que data de 2015, con una firma tal vez de "PMC". Es un mural urbano popular sobre revoque exterior que ha sufrido bastante la humedad por remonte capilar desde la vereda y el paso del tiempo. El diseño de la base —con esas plantas o brotes estilizados en azul turquesa y hojas rojizas sobre un gradiente de naranja a rosa— tiene toda la pinta de haber sido una intervención para emprolijar el frente. Con los años sumó parches de cemento, medidores de gas/electricidad, cajas de conexiones y grafitis o firmas pequeñas, lo que le termina dando esa textura casi de arqueología urbana del barrio.
Y ya cerca de Plaza Italia, la fachada de un edificio apareció decorada con un mural de arte urbano que presenta un diseño botánico de grandes flores blancas sobre un fondo azul y negro, que data de 2019 y no tiene firma. Se aprecian flores blancas con centros amarillos y pétalos definidos, acompañadas de pequeños detalles geométricos de color verde y el número 228 pintado en la parte superior del marco. El estilo artístico se aproxima a una ilustración botánica o a una intervención muralista de carácter orgánico.
Senderismo urbano (Urban Trek), city-trekking y marcha urbana de baja intensidad (LISS). Travesía activa, pero contemplativa.


Enlace a Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/caminata-por-saavedra-coghlan-belgrano-colegiales-y-palermo-caba-murales-285062338




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