domingo, 19 de abril de 2026

Post-entrenamiento en Palermo: El arte de la recuperación activa.

No todos los entrenamientos buscan romper récords. A veces, el éxito radica en saber bajar las pulsaciones y permitir que el cuerpo procese el esfuerzo. Tras una sesión intensa, realicé una caminata de descarga (cool-down) que resultó ser tanto física como mental.


📍 El recorrido: recuperación en movimiento.
Palermo ofrece ese escenario perfecto de senderismo urbano donde el asfalto y el verde se mezclan. El objetivo era claro: recuperación activa. Mantener un ritmo pausado para favorecer la circulación sin sumar fatiga innecesaria.


Distribución del esfuerzo y sensaciones.
Lo más interesante de esta caminata fue la estabilidad. Con una cadencia media de 112 pasos por minuto, el movimiento se volvió casi meditativo.
    •    Estado aeróbico: Pasé la mayor parte del tiempo en zona de quema de grasas. Solo unos segundos rozaron lo anaeróbico, lo que confirma que el cuerpo se mantuvo en un estado de oxigenación estable, perfecto para metabolizar el lactato y el esfuerzo previo.
    •    Cadencia consciente: Al alejarme del rendimiento competitivo, la baja cadencia me permitió conectar con el entorno. Menos enfoque en el cronómetro y más en la respiración.

Reflexión final: Esta caminata no fue solo un cierre técnico de mi entrenamiento; fue un acto de contemplación. Mientras el cuerpo recuperaba su equilibrio, la mente encontró el espacio necesario para transitar hacia un estado más reflexivo.
Palermo, con su ritmo propio, fue el cómplice ideal para este paseo urbano de reconexión. A veces, para seguir avanzando, primero hay que aprender a caminar lento.

Vínculo al rack en Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/caminata-por-palermo-caba-262007324 

El anarquista de los pasos: Feyerabend en los Bosques de Palermo.

 

Hace poco terminé de leer Lakatos y Feyerabend: La ciencia entre método y anarquía, de Beatrice Collina. Es un libro pequeño, de divulgación, lindo para leer, que me sirvió para ponerle nombre a algo que vengo haciendo hace tiempo en el asfalto y la tierra. Mientras el mundo académico suele elevar a Popper y su falsacionismo, o ignora a Lakatos por "falta de trascendencia" (como me pasó con algún compañero de filosofía o en los pasillos del CBC), Paul Feyerabend siempre queda en un rincón, despachado en diez minutos de clase. 
¿Por qué? Porque Feyerabend atacó el corazón del sistema: el método. Y si sacas el método científico de su lugar privilegiado, los científicos se quedan sin brújula. Pero yo, que no soy epistemólogo sino un observador participante y escéptico, encontré en su "todo vale" (anything goes) el sustento teórico para mi forma de habitar el mundo del running


Como señalan Glavich e Ibáñez en el libro Notas introductorias a la filosofía de la ciencia, cuando aceptamos la "inconmensurabilidad" de las teorías y la ausencia de criterios que orienten una ponderación objetiva, se abre una perspectiva "puramente subjetiva (y 'libertaria') en el corazón mismo de la empresa científica". En ese punto, lo que prevalece no es el manual del experto, sino los "juicios de gusto y nuestros propios deseos subjetivos". Mi deseo subjetivo es correr solo, sin coaches, guiado por mi propio análisis.

El "No-Método" como sistema de entrenamiento.
Me siento un outsider. En Palermo veo los grupos estructurados, los uniformes llamativos, los coaches gritando consignas y esa idiosincrasia de la motivación colectiva. Yo voy por el camino contrario. Mi entrenamiento es anárquico, en solitario y a prueba y error
    •    Sin dogmas: No tengo horarios fijos, ni personal trainers, ni planes externos. 
    •    Sin estructuras: Entreno lo que quiero, cuando quiero y como quiero. 
    •    Autonomía técnica: Utilizo la IA para mi propio análisis de datos y biomecánica, sin delegar mi salud en un tercero. 
Muchos dirán que es una irracionalidad. Pero Feyerabend decía que ninguna regla es sagrada si otra cosa funciona. Y mi base empírica de dos años de registros dice que esto funciona: 0 lesiones graves (apenas alguna ampolla o uña de corredor) y 44 carreras completadas siempre en el primer cuarto o mitad de la tabla, saliendo último y con la mirada puesta en la crónica personal, no en el podio. 

El objetivo: Salud vs. Sedentarismo.
No busco la medalla. Mi meta es la salud a largo plazo y evitar el sedentarismo. Me planteo mínimos de 200.000 pasos mensuales (que vengo cumpliendo con creces desde hace años). No me interesa el "premio" externo si interfiere con mi propio ritmo. 
Como decía Feyerabend, la ciencia (y yo diría, el entrenamiento) debe ser un proceso caótico y creativo. Mi "todo vale" no es falta de rigor; es libertad de método. Es saber que puedo ser un caminante y cronista personal, habitando las carreras como un observador, cuidando mi integridad física y manteniendo mi biblioteca tan activa como mis piernas. 
Si estás ahí afuera corriendo solo, sin remera de equipo y sin seguir el silbato de nadie, asumo no estar haciendo "cualquier cosa". Estoy aplicando el anarquismo epistemológico al movimiento. Y eso, para la salud y la mente, es soberanía pura.

 


Track en Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-carrera/entrenamiento-en-bosques-de-palermo-caba-cross-un-desafio-incompleto-262007270 

Entrenamiento en los Bosques de Palermo: Un desafío incompleto.

 
Entrenar en la Ciudad de Buenos Aires ofrece escenarios icónicos, pero pocos tan versátiles como los Bosques de Palermo. Mi última sesión no fue solo un rodaje más; fue un ejercicio de esfuerzo sostenido con transición de superficies, un análisis de cómo el cuerpo reacciona cuando el suelo deja de ser predecible.

El Recorrido: del asfalto al cross.
Inicié la marcha en la esquina del Ecoparque, avanzando por Av. Las Heras, República de la India y Av. Del Libertador. Hasta aquí, el terreno fue puramente urbano: veredas y superficie dura.
Sin embargo, el núcleo del entrenamiento comenzó al cruzar Av. Del Libertador. Entré en el tramo paralelo a la Av. Sarmiento, recorriendo la Plaza Almirante Ramón González Fernández y la Plaza Brigadier General Juan Facundo Quiroga. Aquí es donde el entrenamiento se transformó en cross (del inglés cross-country), desplazándome exclusivamente por la senda de tierra y césped que bordea las veredas.

Análisis de rendimiento y biomecánica.
El cambio de superficie después de los primeros 2 km fue el factor determinante. Estas son las métricas clave de la sesión:
1. Gestión de la cadencia.
Mantuve una media de 162 ppm, con picos de 170 ppm. Mantener una cadencia alta y sólida es fundamental al pasar a superficies irregulares como el césped, ya que ayuda a minimizar el impacto y mejora la estabilidad.
2. Estabilidad de Ritmo
    •    Ritmo promedio: Alrededor de 7'06"/km.
    •    Velocidad: Rango constante entre 8 y 9 km/h. Lo más positivo fue la gestión de la energía: no hubo caídas significativas de velocidad al entrar en el terreno blando, lo que indica un control aeróbico eficiente.

Intensidad cardiovascular: el corazón en juego.
El esfuerzo fue predominantemente de alta intensidad, lo que refleja que el terreno irregular exige un "peaje" extra al sistema cardiovascular.
    •    Frecuencia Cardíaca (FC): Media de 149 lpm con un máximo de 172 lpm.
    •    Zona Anaeróbica (Naranja): 29:49 min. Este fue el estado dominante. A mi condición actual, un ritmo de 7'/km representa un desafío cardiovascular importante.
    •    Zona Extenuante (Rojo): 5:38 min. Probablemente coincidiendo con los tramos de tierra más pesada donde los músculos estabilizadores trabajan al máximo.
Nota técnica: Es totalmente normal que la FC suba o se mantenga alta al pasar de asfalto a tierra/césped, incluso si el ritmo baja. El cuerpo debe reclutar más fibras musculares para estabilizar cada pisada. Lograr mantener la cadencia constante en esta transición fue el mayor éxito técnico de la jornada.

El "desafío incompleto".
En paralelo a mis sensaciones físicas, este mes me sumé a un reto especial en una de mis aplicaciones de running: 220.000 pasos en 26 días para desbloquear beneficios para realizar compras.
Aunque me uní por la curiosidad del reto, esta vez la marca quedó fuera de alcance. A veces, la planificación y la realidad no se alinean al 100%, y está bien. Sin embargo, el enfoque sigue firme en el objetivo mensual de 200.000 pasos, el cual estoy en camino de completar con éxito.


Conclusión: Un entrenamiento de cross que deja mucho aprendizaje biomecánico y la satisfacción de haber mantenido la técnica ante el cambio de terreno. ¡Seguimos sumando!

 

Track en Wikiloc: 

https://es.wikiloc.com/rutas-carrera/entrenamiento-en-bosques-de-palermo-caba-cross-un-desafio-incompleto-262007270 

sábado, 18 de abril de 2026

Encuentros cercanos en el Ecoparque: ¿Zarigüeya o Comadreja overa?

 
En mi última pasada por la vereda del Ecoparque, tuve la suerte de encontrarme con una habitante muy especial: una zarigüeya o comadreja overa (Didelphis albiventris). Logré fotografiarla justo cuando se acercaba a lo que parecía ser su zona de alimentación.
Recordé que hace años, en el Jardín Botánico, era común verlas cerca de las rejas porque la gente les llevaba comida. En esta ocasión, aunque también había un comedero, la ubicación sugería algo distinto: los cuidadores parecen dejarles alimento en zonas estratégicas, alejadas del bullicio de los visitantes pero visibles para los peatones curiosos que pasan por la calle.

El dilema de nombrar lo nuestro: ¿Cómo le decimos?
Entre los "puristas" de nuestra región y algunos sectores académicos, existe una tendencia a corregir con severidad a quien dice "zarigüeya". Para muchos, defender el nombre de comadreja overa es casi una cuestión de identidad local.
Sin embargo, este debate lingüístico no es un error, sino una muestra de nuestra riqueza histórica. Ambas palabras tienen "derecho de piso" por razones muy distintas:
1. Zarigüeya: La voz de la tierra.
    •    Origen: Proviene del tupí sariwé.
    •    Historia: Fue el término que los cronistas europeos registraron en el siglo XVI al explorar las costas de Brasil y Paraguay.
    •    Identidad: Es la palabra creada específicamente para este animal por quienes convivieron con él desde siempre.
2. Comadreja: El préstamo del Viejo Mundo.
    •    Origen: Deriva del latín commater (comadre).
    •    Historia: En España, este nombre designa a la Mustela nivalis (un pequeño carnívoro europeo).
    •    Curiosidad: Al llegar al Río de la Plata, los colonos aplicaron este nombre a nuestro marsupial (Didelphis albiventris) por un vago parecido físico, aunque no tienen parentesco alguno.

¿Cuál es la palabra "original"?.
Todo depende del cristal con que se mire:
Por antigüedad léxica: Gana comadreja, pues ya existía en el castellano medieval siglos antes de la conquista.
Por precisión histórica: Gana zarigüeya, ya que es el nombre propio del animal, nacido de una lengua americana para un ser americano.

Dato curioso: Mientras en el sur nos debatimos entre estas dos, en México manda el tlacuache (del náhuatl tlacuatzin), demostrando que nuestro continente es un mosaico de nombres para el mismo marsupial.

Conclusión: Enriquecer en lugar de denigrarl.
Si bien en el Cono Sur el término "comadreja" se arraigó con tanta fuerza que desplazó al nombre indígena en el habla cotidiana, rechazar el uso de "zarigüeya" es ignorar la raíz etimológica del animal.
Utilizar ambos vocablos no es un error de léxico; es un ejercicio de memoria cultural. Al final del día, llamar a nuestra vecina nocturna por sus distintos nombres no hace más que enriquecer nuestro lenguaje y reconocer las capas de historia que nos definen.


Ruta con fotos en Wikiloc:
https://es.wikiloc.com/rutas-observacion-de-fauna/caminata-por-palermo-caba-zarigueya-comadreja-overa-262006547

 


 

Post-Entrenamiento: Recuperación Activa por las Calles de Palermo.

No todo el progreso ocurre mientras levantamos peso o corremos a máxima intensidad; gran parte se consolida en el enfriamiento. Hoy, tras la sesión de entrenamiento, dediqué el trayecto de vuelta a una caminata de recuperación (cool-down) por Palermo, sumando 4,30 km a un ritmo pausado de 6,1 km/h.
Cerrar el día con más de 12.000 pasos (aprox. 10,4 km) no es solo una cuestión de distancia, sino de optimizar la respuesta del cuerpo al esfuerzo previo.

La ciencia detrás del "cool-down".
Caminar lento tras una sesión intensa no es solo "volver a casa"; es una herramienta fisiológica con beneficios concretos:
    •    Eliminación de lactato: Mantener un ritmo bajo promueve la circulación sanguínea, ayudando a "barrer" los subproductos metabólicos del tejido muscular hacia el hígado para su procesamiento.
    •    Optimización del retorno venoso: El movimiento suave de las piernas actúa como una bomba periférica, evitando que la sangre se acumule en las extremidades y permitiendo que el corazón recupere su ritmo de reposo de forma gradual.
    •    Gestión del cortisol: El entorno urbano y sus áreas verdes actúan como un buffer contra el estrés post-esfuerzo, regulando el sistema nervioso.
    •    Maximizando el NEAT: Sumar estos kilómetros fuera de la sesión estructurada eleva la Termogénesis de la Actividad No Vinculada al Ejercicio (NEAT). Es la energía que consumimos al movernos en el día a día, clave para mantener la tasa metabólica alta sin añadir fatiga excesiva al sistema central.

Resumen de la jornada:
    •    Distancia caminata: 4,30 km.
    •    Ritmo: Constante y bajo (6,1 km/h).
    •    Total pasos acumulados: 12.000 pasos.

Una forma eficiente de integrar la recuperación en la rutina urbana, transformando el regreso a casa en una extensión del entrenamiento.


Ruta en Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-observacion-de-fauna/caminata-por-palermo-caba-zarigueya-comadreja-overa-262006547

Entrenamiento en Bosques de Palermo: Transición al Cross-Country.

 
La sesión de hoy se centró en la gestión de superficies y el volumen de impacto, combinando tramos urbanos con el terreno irregular del Parque Tres de Febrero. El objetivo fue integrar el volumen diario con una carrera de intensidad moderada, explorando cómo la textura del suelo condiciona la biomecánica del corredor.

El recorrido: del asfalto a la "línea de deseo".
Inicié la marcha en la esquina del Ecoparque, transitando inicialmente por superficie dura sobre las veredas de Av. Las Heras, República de la India y Av. Del Libertador. Esta primera etapa sirvió como puesta en marcha sobre materiales con un alto coeficiente de restitución de energía.
Al cruzar Av. Del Libertador, la dinámica cambió. El entrenamiento se transformó en un cross (del inglés cross-country, a campo traviesa), priorizando superficies semiduras y blandas:
   •    Trayecto: Plaza Almirante Ramón González Fernández y Plaza Brigadier General Juan Facundo Quiroga.
   •    Suelo: Senda de tierra y césped paralela a las veredas peatonales.
   •    Entorno: Destaca un ejemplar de Eucalipto de gran porte que domina el paisaje. En el terreno se observa con claridad la "línea de deseo": ese sendero marcado orgánicamente por el paso constante de otros corredores, desafiando el trazado oficial del diseño urbano.

Análisis biomecánico y rendimiento.
El cambio de superficie es el factor determinante en la fluctuación de los ritmos de hoy:
1.    Absorción vs. rebote: Mientras que la vereda permite un ritmo alto con menor esfuerzo percibido por su capacidad de "rebote", el césped y la tierra absorben la fuerza de la pisada. Esto obliga a un mayor trabajo de los músculos estabilizadores (tobillos y core).
2.    Ritmo y estabilización: Tras un inicio enérgico, el ritmo se estabilizó por encima de los 06'50"/km a partir del tercer kilómetro, coincidiendo con la entrada al sector de tierra compacta y barro. Esta ralentización no fue fatiga, sino una respuesta técnica a la irregularidad del terreno y la menor visibilidad nocturna.
3.    Métricas Clave:
   o    Cadencia media: 168 ppm, un valor óptimo para la eficiencia y prevención de lesiones.
   o    Objetivo cumplido: Alcancé un 201% de la meta de pasos diaria.
   o    Final: El sprint en los últimos 500m confirmó que las reservas de energía estaban intactas.

Conclusión técnica.
Correr en superficies irregulares exige una precaución extra en la pisada para evitar torceduras, pero ofrece una ganancia muscular superior al asfalto. La sesión cierra con una excelente respuesta cardiovascular y la satisfacción de haber duplicado el movimiento proyectado para el día.

 

jueves, 16 de abril de 2026

Safari Urbano: De Belgrano a Palermo, un ecosistema escondido.

 

A veces, para encontrarse con la naturaleza, no hace falta viajar a una reserva remota. Solo hace falta caminar con otros ojos.
Hace unos días, decidí hacer un recorrido a pie que une dos de los barrios más emblemáticos de Buenos Aires: desde el cruce de Av. Monroe y Av. Del Libertador (Belgrano) hasta el corazón de Plaza Italia (Palermo). Lo que empezó como un simple paseo, se convirtió en una expedición de senderismo urbano. Entre el ruido de la ciudad y el asfalto, descubrí que la fauna local está más viva que nunca.

Aquí, lo que encontré en el camino.

1. El maestro del camuflaje: La Tucura.
En el suelo, casi invisible, me crucé con una tucura. Por sus marcas amarillas en las patas traseras, todo apunta a una Dichroplus o Tucura quebrachera.
Es una experta en supervivencia: su coloración terrosa la hace desaparecer entre la tierra y las piedras. Lo más impresionante es observar sus patas traseras, que funcionan como resortes mecánicos de precisión, permitiéndole escapar de cualquier peligro en una fracción de segundo. En este otoño, estas pequeñas herbívoras están en su etapa adulta, completando su ciclo antes de que lleguen los primeros fríos.

2. Joyas aladas: Las mariposas de la ciudad.
La caminata fue también un despliegue de colores y comportamientos:
•    La "Cuatro Ojos" (Junonia evarete): Famosa por los ocelos (manchas circulares) en sus alas que actúan como una defensa maestra. Cuando se siente amenazada, esos "ojos" confunden a los depredadores, haciéndoles creer que se enfrentan a un animal mucho más grande. La vi practicando el basking (tomar sol en el suelo) para ganar temperatura y energía para sus vuelos rápidos y erráticos.
•    La Ajedrezada y los "Saltarines": Pertenecientes a la familia de los Hespéridos, estas pequeñas mariposas son los "deportistas" del grupo. Su patrón a cuadros parece un tablero de ajedrez, perfecto para camuflarse con la tierra seca (un arte llamado cripsis). Se mueven a saltos rápidos, por eso en inglés las llaman skippers.
•    La "Espejitos" (Agraulis vanillae): Es, quizás, la más elegante. De color naranja vibrante, su nombre se debe a las manchas plateadas que esconde en el envés de sus alas. Si ves muchas de estas rondando un jardín, podés estar seguro de que cerca hay un Mburucuyá (pasionaria), la única planta que sus orugas aceptan como alimento.
 
3. Ingeniería biológica a pequeña escala.
No todo ocurre en el aire. En el suelo, la vida sigue su curso con una eficiencia admirable:
•    Las hormigas (Género Camponotus): Vi a estas hormigas negras trabajando en equipo para transportar una pieza de masa dulce. Es pura física: usan sus mandíbulas para elevar la carga y reducir el roce. Para ellas, esa bolita de masa es un "tesoro energético" vital para el hormiguero.
•    Abejas nativas sin aguijón: En una pared urbana, noté unas pequeñas estructuras de cera y resina: las "piqueras" de las abejas nativas (tipo Yateí). Son arquitectas increíbles. Al no tener aguijón (o tenerlo atrofiado), son completamente inofensivas. Estas abejas sociales, que incluso tienen "guardias" que vigilan la entrada, son un recordatorio de que la biodiversidad se abre camino incluso en las grietas de la ciudad.

Reflexión final.
Caminar por Palermo y Belgrano no es solo transitar calles; es recorrer un ecosistema en constante movimiento. La naturaleza está ahí, esperando ser descubierta, justo bajo nuestros pies.

Ruta y fotos en Wikiloc:  https://es.wikiloc.com/rutas-observacion-de-fauna/caminata-por-belgrano-y-palermo-tucura-mariposas-cuatro-ojos-ajedrezada-espejitos-saltarines-hormig-261712719

Caminata por Belgrano y Palermo: Un recorrido botánico y urbano en Buenos Aires.

 
Realicé una caminata que comenzó en el cruce de Av. Monroe y Av. Del Libertador, en Belgrano, y se extendió hasta el corazón de Plaza Italia, en Palermo. Lo que debería ser un simple trayecto urbano se convirtió en una inmersión en un ecosistema diverso.
A continuación, comparto los hallazgos de este trekking urbano, donde la flora, la fauna y los monumentos cuentan la historia del paisaje porteño.

Los guardianes del paisaje: Nuestros árboles.
Caminar por estas avenidas es caminar bajo la sombra de gigantes. Destacaron ejemplares maduros con cortezas rugosas y cubiertas de musgo, probablemente Tipas (Tipuana tipu), componentes importantes del arbolado urbano.
También nos encontramos con:
•    Palo Borracho (Ceiba speciosa): Un espectáculo visual que nos permite ver el ciclo completo de la naturaleza: flores rosadas inconfundibles junto a los frutos en forma de cápsula verde, preparando la futura liberación de su fibra algodonosa.
•    Fresno Americano (Fraxinus pennsylvanica): En esta época, sus hojas tiñen el paisaje de un amarillo vibrante.
¿Por qué el amarillo? Al acercarnos al invierno, estos árboles deciduos dejan de producir clorofila. A medida que este pigmento verde se degrada, quedan al descubierto los carotenoides, los pigmentos responsables de esos tonos amarillos y anaranjados que anuncian el reposo invernal.
•    Eucalyptus (posiblemente E. leucoxylon 'Rosea'): Con sus flores rosadas que parecen pompones, aportando un toque exótico y elegante al recorrido.

Tesoros en el sotobosque: Flores y arbustos.
El suelo y los canteros fueron una explosión de color y formas, demostrando la gran resistencia de las plantas que conviven con nosotros en la ciudad:
•    Los clásicos de siempre: la Abelia (Abelia × grandiflora), resistente y siempre florida; la Margarita amarilla (Euryops pectinatus), que aporta luz incluso en los días nublados; y la infaltable Lavanda, con su follaje plateado y aroma inconfundible.
•    Bellezas con historia: la Polygala (Polygala myrtifolia) con su magenta vibrante; el Ave del paraíso (Strelitzia reginae), una joya sudafricana perfectamente adaptada; y el Ajo de jardín (Tulbaghia violacea), una planta pequeña pero rústica que florece casi todo el año.
•    Bulbos y rastreras: desde la delicada "Estrellita" (Ipheion uniflorum) que forma alfombras espontáneas, hasta la Zephyranthes candida ("Duende"), que surge mágicamente tras la lluvia. También vimos Crocosmias de colores intensos y Liriope con su follaje acintado.
No puedo dejar de mencionar la Tradescantia pallida ("Niña en barco") con su morado llamativo, la Rosa blanca tipo floribunda, la Clivia y la Salvia leucantha, cuya textura aterciopelada es un deleite para la vista.

Fauna y cultura urbana.
A mitad de camino, entre la Plaza Paseo de las Américas y los espacios verdes, la fauna también dijo presente. Observé a un Carancho (Caracara plancus) posado en lo alto de un árbol, actuando como un centinela urbano. En vuelo, su silueta es inconfundible, con esas manchas blancas en las alas que lo distinguen rápidamente.


Además de la naturaleza, el recorrido nos regala historia:
•    El Monumento a los Caídos de la Policía Federal Argentina: Una pausa necesaria para mirar hacia arriba y reflexionar.
•    El Jachkar: Un momento de quietud frente a este grupo escultórico. El Jachkar, o "cruz de piedra", es una obra fundamental que encapsula la espiritualidad y la historia del pueblo armenio. https://www.sardarabad.com.ar/ugab2994/2994-jachkar

Reflexión final.
Esta caminata por Belgrano y Palermo no fue solo un traslado de punto A a punto B. Fue un recordatorio de que, incluso en una metrópoli tan densa como Buenos Aires, si prestamos atención, podemos encontrar un Clavel del aire (Tillandsia aeranthos) viviendo en equilibrio sobre un árbol o una suculenta cubriendo un rincón del suelo.


Ruta en Wikiloc:
https://es.wikiloc.com/rutas-observacion-de-flora/caminata-por-belgrano-y-palermo-caba-261571224

 

miércoles, 15 de abril de 2026

Las fronteras de la ciencia. Michael Shermer.

 

Las fronteras de la ciencia. Entre la ortodoxia y la herejía. 

Me topé con Las fronteras de la ciencia de Michael Shermer casi por casualidad en una librería, atraído primero por su estética, lo primero que me atrajo fue su tapa y contratapa: el resumen prometía un recorrido interesante. Al final, cumplió sobradamente.

Es un libro que genera opiniones divididas. He leído críticas en plataformas como Goodreads donde se le cuestiona su falta de linealidad o una supuesta dificultad para transmitir sus tesis centrales. Es cierto que no es una lectura "fácil" en el sentido tradicional; el autor salta de temas medio complejos —como la demarcación entre ciencia y pseudociencia, o la distinción entre teorías revolucionarias y evolución científica— sin seguir un hilo conductor rígido. Sin embargo, creo que esa complejidad es, en realidad, una virtud. No intenta simplificar lo que, por naturaleza, es intrincado. Shermer salta de la cuestión de qué es ciencia y dónde están sus límites, a debates sobre teorías revolucionarias y su impacto, lo que exige al lector un esfuerzo adicional de comprensión.

Lo que más destaco es cómo Shermer, siendo cofundador de la Sociedad de Escépticos, no cae en la trampa de adoptar una postura dogmática. Lejos de condenar sin matices la pseudociencia, su enfoque es mucho más humano y, por momentos, irónico: examina cómo grandes figuras de la ciencia —Newton, Copérnico, Wallace— estuvieron influenciadas por prejuicios, conservadurismo o inclinaciones que hoy consideraríamos irracionales. Nos obliga a preguntarnos hasta qué punto el científico, que debería ser un modelo de objetividad pura, está en realidad atravesado por la moral y los prejuicios de su época.

El recorrido del libro es bastante heterogéneo, y esto me permitió redescubrir historias que ya conocía bajo una nueva mirada que las cuenta. Uno de los capítulos que más me atrapó fue el dedicado a Alfred Russel Wallace. Es fascinante ver cómo una mente brillante se adentra en el espiritismo, muy de moda en su época, un fenómeno que, si bien Shermer no menciona explícitamente en ese fragmento, conecté inevitablemente con la figura de Arthur Conan Doyle, quien también osciló entre el rigor científico y la fascinación por lo oculto. Del mismo modo, el análisis sobre el fraude de Piltdown, un recordatorio de cómo la ciencia, pese a sus tropiezos, tiene mecanismos de autocorrección, o los breves pero agudos ensayos sobre el "mito de Amadeus" y el "mito del pueblo perfecto" ofrecen una mirada histórica que va más allá de la ciencia dura para entrar en lo antropológico y lo cultural.

La lectura no siempre es fácil de seguir, ofrece un mosaico de historias y reflexiones. Shermer no condena de manera tajante la pseudociencia, sino que muestra cómo incluso grandes figuras como Newton o Wallace tuvieron inclinaciones hacia ella. Esa tensión entre audacia y escepticismo, entre creatividad y rigor, es lo que da vida a la obra.

En definitiva, me costó un poco leerlo, no tanto por las 440 páginas —de las cuales unas 380 son contenido real y el resto referencias—, sino por la densidad de sus planteamientos. Es un libro que no se agota en sí mismo; funciona más bien como una puerta de entrada, una red de textos que invita a profundizar en otros autores y obras. Para alguien que valora el escepticismo y la duda constante como herramientas, Las fronteras de la ciencia es una pieza valiosa: nos recuerda que la ciencia es un proceso humano, lleno de fisuras, incertidumbre y, a veces, errores que terminan siendo parte del camino hacia el conocimiento.


La cita del autor que dice "Los escépticos, que tanto abundan en la ciencia, necesitan que cierta audacia modere su escepticismo. Cuando un herético se encuentra con un escéptico surge un científico creativo."

Delimitando por un lado el peligro del escepticismo puro y por otro el riesgo de caer en las pseudociencias. En el fondo está el problema de la medida. El problema que cruza a todas las ciencias, aunque en las humanísticas es más bien de tipo metodológico. Justamente la "frontera" de la que habla Shermer en el título, es literalmente, el lugar donde nuestras herramientas de medición dejan de ser precisas. La imposibilidad de una medición perfecta. La medición aparece como un símbolo de la tensión: necesaria para validar, pero insuficiente para decidir por sí sola qué entra o no en el corpus científico.

Me resulta valioso que el libro incluya un índice analítico y onomástico, una herramienta que valoro mucho en este tipo de libros. Es un texto densamente poblado de autores, conceptos y referencias cruzadas, que estos índices son muy útiles para ir y volver.

Las fronteras de la ciencia no es un libro sencillo ni lineal, pero sí estimulante. Obliga a pensar en la ciencia no como un bloque cerrado, sino como un territorio en disputa, atravesado por prejuicios, moral y conservadurismo, pero también por genialidad y apertura. Es un texto que invita a profundizar en otros autores y temas, y que deja la sensación de haber recorrido un mapa complejo, lleno de fronteras y cruces inesperados.