Los demonios interiores de España.
El obispo Lope de Barrientos en los albores de la demonología moderna Castilla, siglo XV.
Finalicé la lectura de Los demonios interiores de España: El obispo Lope de Barrientos en los albores de la demonología moderna (Castilla, siglo XV), de la historiadora Constanza Cavallero, y quiero compartir mi devolución.
Lo compré atraído por el título y mi interés por referencia a la historia de España, imaginé que encontraría una obra de divulgación más literaria, más ligera, quizá con un tono narrativo accesible, llevadera. Al leer la contratapa, entendí que me adentraba en un terreno más complejo: la demonología y la brujería en la Europa moderna. Ahí tuve mi primera sorpresa: me encontré con un texto denso, académico, pensado para un lector especializado. ¿Fue un error? No. Fue, en realidad, una oportunidad, un desafío intelectual. No es un libro para leer de un tirón mientras tomas café; es un tratado consistente, doctrinario y profundamente detallista.
Cavallero no se queda en la superficie. Como lector curioso —y profano en la materia—, me encontré con un texto que exige compromiso. La autora desmenuza minuciosamente los tratados escritos por el obispo Lope de Barrientos en el siglo XV. No es una lectura ágil, tuve que volver atrás en varias páginas, tomar notas y releer párrafos para no perder el hilo.
La obra está muy bien escrita y se entiende perfectamente, pero se vuelve exigente. Para quien se acerque desde la curiosidad general, puede resultar abrumadora; para quien busque profundidad histórica, teológica y filosófica, es un libro formidable.
Cavallero logra reconstruir un contexto político y religioso donde la demonología no era solo un tema de superstición, sino una herramienta de poder y control.
La autora analiza los tratados antisupersticiosos de Barrientos —escritos hacia mediados del siglo XV— y muestra cómo su pensamiento marcó los primeros pasos de la demonología ibérica. Lo interesante es que, a diferencia de la Europa central, donde el miedo al demonio desembocó en persecuciones masivas, en Castilla se adoptó una postura más cautelosa. El libro explica cómo Barrientos y sus seguidores limitaron el aspecto inquisitorial de la brujería: rechazaban las prácticas supersticiosas, sí, pero sin la violencia extrema que caracterizó al centro de Europa. Algunos historiadores llaman a esto la “cautela española”. Mientras que en el resto de Europa (especialmente en zonas alpinas y el centro del continente) se desarrollaba una demonología "radical" —que veía la brujería como una realidad física, con pactos tangibles, vuelos y transmutaciones, como bien describe Johannes Nider en su Formicarius, y más tarde Kramer y Sprenger con el Malleus Maleficarum que legitimaron la idea de vuelos de brujas, transmutaciones físicas y persecuciones sistemáticas—, en Castilla ocurría algo distinto.
Barrientos, lejos de ser el inquisidor fanático que los estereotipos nos venden en los manuales escolares o las visiones simplistas de la televisión, propone un enfoque racionalista y escéptico. Su tesis es revolucionaria para la época:
- La mayoría de los fenómenos atribuidos al demonio tienen, en realidad, explicaciones naturales, fisiológicas o psicológicas (como la melancolía).
- Si el maleficio es mayormente un engaño o una ilusión, no hay razón para la hoguera.
- Ante el "ignorante" que cree en magias, la respuesta debe ser la confesión, la enseñanza y el orden, no la tortura.
Desde la perspectiva de un lector común, el libro puede parecer demasiado teórico, lejano en el tiempo, te puede agobiar. Sin embargo, para estudiantes de historia, religión, filosofía o política, es una obra de gran valor. Yo mismo, aunque me considero desconocedor en la materia, lo leí completo, tratándolo de entender lo mejor posible. Esa densidad, lejos de ser un defecto, es parte de su riqueza.
El último capítulo es especialmente revelador: muestra cómo la demonología contribuyó a la construcción de los “otros-cristianos” y a la consolidación del poder político y religioso en Castilla. Barrientos defendía una postura racionalista y escéptica: frente al fanatismo que veía al demonio como enemigo absoluto, él proponía enseñanza y confesión antes que hoguera y tortura. La Inquisición española, en ciertos periodos y contextos, mantuvo una postura mucho más prudente que la de sus pares europeos, evitando (en gran medida) caer en la histeria colectiva de las cacerías de brujas ("ausencia relativa de desbordes desmedidos y construcciones diabólicas de crímenes colectivos extraídos bajo tortura" pág. 155).
En definitiva, terminé el libro con la sensación de haber sumado una pieza más a mi biblioteca. Me queda claro que, para entender el desarrollo de la brujería en los siglos posteriores, primero hay que entender a quienes, con pluma y razón en mano, intentaron —y lograron— limitar el horror ("aquellos rasgos de mesura primigenia en el mundo ibérico").
Como dato final, que está señalado en la contratapa, la obra fue distinguida con el Premio de las XII Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia en el año 2009. Se trata de un trabajo que fue reconocido en uno de los ámbitos académico que subraya su valor como investigación rigurosa dentro de su campo.

