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sábado, 25 de julio de 2026

La mirada imperfecta: Benjamin Apthorp Gould y el escepticismo de la precisión

 
El astrónomo estadounidense Benjamín Apthorp Gould (1824–1896) —fundador del Observatorio Astronómico de Córdoba en Argentina y pionero de la astrometría moderna— concebía la astronomía no como una ciencia dedicada a entregar respuestas definitivas o verdades cerradas, sino como un ejercicio continuo de humildad intelectual frente a la inmensidad del universo.

Su postura no respondía a un escepticismo de negación filosófica que dudara de la existencia de la realidad, sino a un escepticismo metódico y cauteloso: una advertencia constante sobre las limitaciones de nuestros instrumentos, de nuestras capacidades de cálculo y de la tendencia humana a apresurar teorías sobre el cosmos sin el debido respaldo observacional.


La imperfección de la mirada humana sobre el firmamento

En la presentación de los trabajos de la U.S. Naval Astronomical Expedition, al discutir la distancia exacta al Sol y las dimensiones del sistema solar, Gould advirtió con firmeza sobre la ilusión de infalibilidad en los modelos astronómicos:

«La precisión absoluta no pertenece al dominio de las mediciones humanas. En la astronomía de precisión, cada cifra obtenida para las distancias o masas de los cuerpos celestes no es más que una aproximación, susceptible de ser revisada a medida que perfeccionemos nuestros métodos. Olvidar que nuestras determinaciones son provisionales es confundir la realidad física del cosmos con la imperfección de nuestros instrumentos.»

La cautela frente a la inmensidad estelar (Uranometria Argentina, 1879)

Al catalogar las estrellas del hemisferio sur desde Córdoba y enfrentarse al mapa completo de la Vía Láctea —trabajo que derivó en la identificación del célebre Cinturón de Gould—, escribió en la introducción de la Uranometria Argentina:

«Apenas comenzamos a vislumbrar la verdadera estructura del sistema estelar que nos rodea. Quien pretenda construir hoy un sistema cerrado o definitivo sobre la arquitectura global de los cielos olvida la fragilidad de nuestros datos. Frente al espectáculo de la Creación, nuestra tarea más seria no es especular sin freno, sino medir con rigurosa y escéptica paciencia cada grado de luz que nos llega de las profundidades del espacio.»

Escuela clásica, ortodoxia y positivismo técnico

Formalmente, Gould se adscribía a la corriente científica de la astronomía observacional matemática y de posición, fuertemente influenciada por la escuela clásica alemana. A nivel metodológico e intelectual, su pensamiento se estructuraba bajo cuatro lineamientos principales:

1.    La escuela astronómica alemana (rigurosidad matemática): Marcado por la herencia metodológica de maestros como Carl Friedrich Gauss, donde el rigor en el cálculo prevalecía sobre cualquier intuición apresurada.

2.    Oposición a la astrofísica naciente: Perteneciente a la corriente ortodoxa de su época, no demostraba mayor interés por las propiedades físicas o químicas de las estrellas (lo que en ese entonces comenzaba a despuntar como astrofísica o astronomía física), manteniéndose fiel a la cartografía pura y a la mecánica celeste tradicional.

3.    Pionero del positivismo científico técnico: Su mentalidad estaba dominada por el afán del registro empírico exhaustivo, la estandarización internacional de pesos y medidas y la profesionalización de la ciencia americana. Fue uno de los primeros científicos a nivel mundial en incorporar avances tecnológicos clave, como la fotografía astronómica de precisión, para erradicar la subjetividad del ojo humano.

4.    Vínculos institucionales e intelectuales: En el plano sociopolítico y cultural, compartía plenamente la visión de progreso científico e industrial impulsada por la Generación del 80 en Argentina y por su estrecho amigo, el presidente Domingo Faustino Sarmiento.

Los tres pilares del escepticismo metódico

El escepticismo metódico y cauteloso era, en última instancia, el verdadero motor intelectual detrás de toda su rigurosidad. Aunque pertenecía formalmente a la astronomía posicional, su modus operandi científico estaba signado por una desconfianza sistemática hacia los datos brutos. Este enfoque se articulaba en tres pilares fundamentales:

•    Escepticismo ante la subjetividad del ojo humano: En el siglo XIX, los astrónomos observaban a través del telescopio y dibujaban o anotaban lo que creían ver. Gould desconfiaba profundamente de esa interpretación individual. Por ello, fue un pionero radical en la implementación de la fotografía astronómica de precisión y de métodos fotométricos, persiguiendo un registro mecánico libre de sesgos personales.

•    El control de errores instrumentales (cautela matemática): Heredado de Gauss, Gould jamás aceptaba una medición como válida de buenas a primeras. Su método exigía un análisis escéptico de los propios instrumentos: calculaba matemáticamente la dilatación de los metales por el clima, las imperfecciones de los lentes y los errores de refracción atmosférica antes de dar por buena una sola coordenada estelar.

•    Escepticismo ante las teorías sin base empírica fuerte: Su resistencia a la astrofísica emergente no respondía a un capricho o terquedad senil, sino a una cautela metodológica. Para un astrónomo de la escuela clásica, especular sobre la composición química de una estrella a través de su luz (espectroscopía) resultaba en aquel momento una hipótesis audaz pero desprovista de la solidez matemática medible que exigía el cartografiado estelar tradicional.

En definitiva, su cautela dictaba que la única vía legítima para acercarse a la verdad en el firmamento era desconfiar de las impresiones rápidas, midiendo de manera milimétrica y obsesiva cada variable de error.


Enlaces de interés

Benjamin Apthorp Gould - Wikipedia
https://es.wikipedia.org/wiki/Benjamin_Apthorp_Gould

Ruta o recorrido relacionado en Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/caminata-por-palermo-caba-planetario-292600405

City-Trekking por Palermo: Del Ritmo Urbano a la Inmensidad de Galileo


Hoy la rutina se transformó en una travesía urbana de baja intensidad (LISS - Low-Intensity Steady State). Un recorrido a pie para conectar con el pulso de la ciudad, sumar kilómetros a la salud cardiovascular y reflexionar bajo la sombra del Planetario sobre los límites del conocimiento humano.


📍 El Recorrido: Travesía Urbana por Palermo

El circuito trazó un mapa dinámico por uno de los pulmones más verdes y emblemáticos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires:

1.    Inicio: Cruce de Av. Juan B. Justo / Av. Intendente Bullrich con Av. Santa Fe.
2.    Conexión: Tramo hacia Av. Dorrego hasta empalmar con Av. Presidente Figueroa Alcorta.
3.    Punto clave: Una vuelta al emblemático Planetario Galileo Galilei.
4.    Espacio verde: Una vuelta a la Plaza Dr. Benjamín Apthorp Gould.
5.    Retorno: Cierre del circuito regresando al punto de partida en Av. Intendente Bullrich y Av. Santa Fe.

🏃♂️ Análisis del Entrenamiento LISS

Este tipo de caminata rápida es fundamental para construir base aeróbica sin generar un impacto articular elevado. Las métricas de la sesión arrojaron un desempeño óptimo:

•    Intensidad y velocidad: Se mantuvo un ritmo constante de 6,4 km/h, el rango exacto para una caminata vigorosa en zona LISS (aproximadamente 50–65% de la FC máx).

•    Duración: 58 minutos, dentro del rango ideal recomendado de 45 a 60 minutos para este tipo de trabajo aeróbico.

•    Estabilidad del ritmo: Cierre con una constancia notable: variaciones de apenas ±3 segundos por kilómetro entre vueltas. Esta estabilidad refleja un excelente control de ritmo, clave para sostener la zona metabólica deseada.

•    Volumen diario: Se superó por más del doble el objetivo de pasos y tiempo activo del día, lo que supone un aporte sustancial para la salud cardiovascular y el gasto energético general.


🌌 Reflexión al pie del Planetario: Galileo y El ensayador

Caminar alrededor del Planetario Galileo Galilei evoca inevitablemente la figura del sabio florentino y su visión sobre la relación entre el hombre y el universo.

En su célebre obra El ensayador (Il Saggiatore, publicada en Roma en octubre de 1623), Galileo no solo sentó las bases del método científico moderno, sino que expuso una postura profundamente escéptica respecto a la pretensión humana de comprenderlo todo.


📜 El mito del modelo único

En la sección 21 de El ensayador, Galileo reflexiona sobre la tendencia humana a encorsetar la realidad en nuestros escasos esquemas mentales:

«Me parece haber observado que casi todos los hombres se persuaden de que la naturaleza produce primero sus obras por el mismo método, y de acuerdo con el mismo modelo, que ellos utilizan para las suyas [...]. Pero si alguna vez acontece que se topan con algo extremadamente lejano a sus concepciones y a lo que han visto antes, quedan tan pasmados que se declaran incapaces de aprehenderlo o comprenderlo.

Sin embargo, la naturaleza no tiene el menor cuidado de acomodar sus creaciones a la capacidad de entendimiento del intelecto humano; antes bien, sus operaciones son infinitas y sus modos de actuar inagotables.»

⚖️ La duda frente al dogmatismo cosmológico

Galileo atacaba la vanidad de pretender encerrar el comportamiento de los astros en los límites del conocimiento de su época. Como él mismo señala en la obra:

«Ciertamente, es una presunción ridícula y soberbia la de aquellos que pretenden medir el universo y limitar los modos de actuar de la Naturaleza a las escasas nociones que su mente ha sido capaz de abarcar hasta hoy. Quien crea conocerlo todo es porque no ha comprendido la inmensidad de lo que ignora.»
Este escepticismo no buscaba desacreditar la observación empírica, sino desmontar la fe ciega en los modelos cerrados (como el geocentrismo aristotélico) y recordar que la realidad física siempre supera la imaginación del observador.


📖 Sobre El ensayador (1623)

Considerada una de las cuatro grandes obras de Galileo —junto con el Sidereus Nuncius (1610), el Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo (1632) y los Discursos y demostraciones matemáticas en torno a dos nuevas ciencias (1638)—, esta obra es un manifiesto del rigor experimental y la matematización de la naturaleza.

Su título completo revela el tono irónico y refinado de su prosa:

Il Saggiatore, nel quale con bilancia esquisita e giusta si ponderano le cose contenute nella Libra astronomica e filosofica di Lotario Sarsi Sigensano

(“El Ensayador, en el cual, con una balanza exquisita y justa, se ponderan las cosas contenidas en la Libra astronómica y filosófica de Lotario Sarsi Sigensano”).

El título juega con una analogía precisa: la «libra» utilizada por su opositor (Orazio Grassi, bajo el seudónimo de Sarsi) es una tosca balanza romana o estadera, mientras que el saggiatore es la balanza de precisión usada por los orfebres para pesar metales preciosos con exactitud milimétrica.


 

🦗 La Fábula de la Cigarra (Favola dei suoni)

Dentro de El ensayador, Galileo incluye un célebre pasaje conocido como la fábula de la cigarra o favola dei suoni:

Resumen de la fábula

Un hombre dotado de una curiosidad extraordinaria disfrutaba criando pájaros y observando cómo transformaban el aire en sonidos dulces y variados. Una noche, al oír un delicado canto cerca de su casa, sale a buscarlo pensando que se trata de un ave desconocida. En su lugar, encuentra a un pastorcillo soplando una flauta de madera.

Sorprendido por esta nueva forma de producir sonido, decide viajar por el mundo para descubrir todas las maneras posibles de generarlo. A lo largo de su viaje descubre:
•    Músicos que rasgan cuerdas con un arco (violín).

•    Bisagras de puertas que chirrían al moverse.

•    Personas que hacen sonar el borde de un vaso con la yema de los dedos húmedos.

•    Insectos que estridulan mediante el movimiento de sus alas.

•    Órganos, trompetas, pitos, instrumentos de cuerda y la arpa de boca (esa lengüeta de hierro que se coloca entre los dientes usando la cavidad bucal como caja de resonancia).
Convencido de haber conocido ya todos los métodos posibles para producir sonido, se topa con una cigarra. Intenta descifrar cómo canta:
•    Le cierra la boca: el sonido continúa.

•    Le inmoviliza las alas: sigue cantando.

•    Observa que no mueve escamas ni ninguna otra parte visible.
Finalmente, levanta el caparazón del pecho y descubre unos cartílagos finos y duros. Creyendo que el canto proviene de la vibración de esos ligamentos, decide atravesarlos con una aguja para comprobarlo. Al clavarla más adentro, mata a la cigarra, quedándose para siempre sin saber el origen real del sonido.

A partir de ese momento, embargado por la modesta conciencia de sus límites, cuando le preguntan cómo se producen los sonidos, responde:

«Conozco algunos modos, pero estoy seguro de que pueden existir otros cien desconocidos e inimaginables.»

Significado e impacto epistemológico

Galileo utiliza esta fábula para dejar dos enseñanzas fundamentales:

1.    Humildad epistemológica: Por más que investiguemos, siempre existirán fenómenos cuya causa real se nos escape o sea infinitamente más compleja de lo que nuestras hipótesis suponen.

2.    La analogía con los fenómenos celestes: Si ni siquiera podemos comprender con certeza cómo produce su canto una cigarra que tenemos en la propia mano, ¿con qué derecho pretendemos explicar taxativamente la naturaleza de fenómenos lejanos e inaccesibles, como las cometas?
 

Como concluye el propio Galileo, la dificultad para entender el canto de la cigarra mientras nos canta en la mano "disculpa de sobra" nuestra incapacidad para resolver con certeza los misterios del cosmos a gran distancia. Una excelente lección de cautela científica para aplicar en cada paso que damos.



IA + humano = esta publicación.


Enlace a Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/caminata-por-palermo-caba-planetario-liss-290489963

 


lunes, 13 de julio de 2026

Piedad y compasión: el equívoco que distorsionó la justicia


 "Sin la piedad, la justicia degenera en crueldad."
—Atribuido a Pietro Metastasio

Como casi todo aforismo que circula con demasiada soltura, esta frase tiene menos que ver con su supuesto autor que con la comodidad de tener un nombre a quien colgarle la autoría. Metastasio (1698-1782), el libretista italiano al que se le atribuye con mayor frecuencia, sí dejó una versión cercana en italiano —«La giustizia senza pietà è crudeltà; la pietà senza giustizia è debolezza» («La justicia sin piedad es crueldad; la piedad sin justicia es debilidad»)— pero la idea no nació con él. Es un caso de manual de trasvasamiento conceptual: alguien piensa algo, otro lo dice mejor, y el dicho termina llevando la firma del segundo.
El pensamiento original es de Santo Tomás de Aquino, que en el siglo XIII formuló la distinción teológica de base: la justicia sin misericordia es crueldad. Metastasio no inventó la doctrina, la puso en verso. Como experto en dramas morales sobre la soberanía y la clemencia —pensá en La clemencia de Tito o Temístocles— tomó la sentencia escolástica y le dio la cadencia simétrica y quotable que hoy anda de boca en boca. Tomás de Aquino sentó la teoría; Metastasio la convirtió en divisa dramática sobre el ejercicio del poder, y por eso, si buscás la máxima en un compendio de aforismos italianos o en un libro de historia de la ópera, la firma que te vas a encontrar es la suya.
La idea tuvo, además, variaciones célebres a lo largo del tiempo. Ya en los comentarios bíblicos patrísticos —la tradición escolástica de San Juan Crisóstomo y la Glosa Ordinaria— se citaba tempranamente para advertirles a los jueces sobre los dos extremos posibles: el rigor inflexible o la condescendencia arbitraria. Pascal, en los Pensamientos, la retomó con su propia arquitectura: «La justicia sin la fuerza es impotente; la fuerza sin la justicia es tiránica. La justicia sin la misericordia es crueldad.» Y C. S. Lewis, en La abolición del hombre y en sus ensayos morales, señaló cómo las virtudes de la justicia, desatadas de todo lo demás, degeneran en mera crueldad punitiva cuando pierden la empatía humana.
Ahora bien: si la piedad sin justicia degenera en crueldad, lo simétrico también es cierto. La justicia sin piedad se vacía y degenera en tiranía o sevicia —un rigor ciego e inhumano—, y ahí aparece el precepto clásico: summum ius, summa injuria. La aplicación suprema e inflexible del derecho termina siendo la máxima injusticia; se reduce a un automatismo punitivo, indolente frente al sufrimiento humano. En el otro extremo, la piedad sin justicia no es mejor: termina en indulgencia arbitraria, impunidad o favoritismo, lo que genera caos o tolera un daño mayor al inocente. Es, en definitiva, una crueldad pasiva disfrazada de bondad. Las dos virtudes se necesitan mutuamente para sostenerse: la justicia le da a la piedad rigor y universalidad; la piedad le aporta a la justicia humanidad y templanza. Ninguna funciona sola.
Hasta acá, el recorrido histórico de la frase. Pero atrás de esta anécdota filológica hay una discusión mucho más de fondo, que toca un punto central de la filosofía, la antropología y la semántica: la confusión entre piedad (pietas) y compasión (karuna, empatía). Es un error conceptual común en el lenguaje cotidiano, pero que se vuelve decisivo apenas uno intenta comparar tradiciones culturales entre sí.
Esa confusión no es abstracta: es, de hecho, el núcleo de una controversia real. Cuando alguien sostiene que en Oriente no existió —o no existe— la piedad, y sus críticos responden enumerando ejemplos de ayuda, caridad o conmiseración en la tradición oriental, en realidad están defendiendo la existencia de la compasión, no rebatiendo el argumento sobre la piedad. Son dos cosas distintas, y la piedad tiene una estructura socio-religiosa muy específica, propia de la matriz mediterránea e indoeuropea occidental.


Conviene entonces separarlas con precisión.

La compasión, del latín cum passio ("padecer con"), es la capacidad de sentir el dolor ajeno y verse movido a aliviarlo. Es una respuesta emocional y empática de naturaleza universal, y en Oriente es directamente el eje de los grandes sistemas éticos: en el budismo, el karuṇā es una de las virtudes supremas para romper el ciclo del sufrimiento (dukkha); en el jainismo y el hinduismo, el principio de ahiṃsā (no violencia) nace precisamente de ese respeto compasivo por todo ser vivo. El confucianismo, por su parte, se apoya en el Ren, la benevolencia. Demostrar que hubo misericordia, limosna o rescate del sufriente en la antigüedad asiática no prueba nada raro: prueba que la compasión es una constante humana, no un monopolio occidental. Es horizontal por definición —no requiere un dios, un mandato civil ni un lazo de sangre; alcanza con reconocer al otro como un igual en el sufrimiento.

La piedad, en cambio, del latín pietas, no nació como un sentimiento hacia el débil. Nació como un principio cósmico, legal y ético de fidelidad al deber, a la jerarquía y a lo sagrado. Su máximo exponente literario es Eneas, en la Eneida de Virgilio, y el concepto clásico exige el cumplimiento devoto de tres obligaciones verticales: con los dioses (devoción, ritual, reconocimiento del orden divino), con la patria (lealtad cívica, sacrificio por la comunidad política) y con la familia y los ancestros (respeto a los padres, culto a los antepasados —la pietas erga parentes). En la Roma antigua la pietas no era una emoción de lástima hacia los débiles: era una virtud cívica y un deber patriarcal, una obligación jurídica y moral. El "piadoso" —como el Eneas virgiliano— es el que cumple con sus obligaciones jerárquicas y sociales, no el que se conmueve.

Cuando el cristianismo absorbió ese término, lo transformó: la devoción a Dios se extendió, por filiación, a la misericordia hacia el prójimo, bajo la idea de que todos son hijos de Dios. Pero el componente de deber vertical y orden divino no desapareció, solo cambió de forma. La piedad, en el uso filosófico occidental, sigue implicando un vínculo normativo y de reconocimiento de la trascendencia, y sigue siendo asimétrica por estructura: alguien en posición superior —Dios, un juez, un rey, o simplemente alguien afortunado— otorga o siente piedad hacia alguien en posición inferior o vulnerable. Ahí está la diferencia de fondo con la compasión: una es horizontal, la otra es vertical.

Queda una última vuelta de tuerca, quizás la más interesante: ¿existe la piedad, en este sentido estricto, fuera de Occidente? Si la definimos en su sentido grecorromano y judeocristiano —como eje articulador entre individuo, ciudad-estado, Dios y ley moral formalizada—, la respuesta es que se trata de una construcción propia de la tradición occidental. Pero hay un contrapunto real y no menor: el Xiao (孝) del confucianismo chino, traducido habitualmente como "piedad filial", que exige devoción ritual, respeto y obediencia hacia los padres, los antepasados y el Emperador. Es, de las tradiciones orientales, la que más se acerca al sentido clásico de pietas. La diferencia es que el Xiao confuciano se centra fundamentalmente en el orden familiar y social comunitario, mientras que la pietas occidental post-cristiana amalgamó esa lealtad vertical con algo que Oriente no le agregó: la redención del alma y la caridad trascendente.

Así que la conclusión, si hay que sacar una, es más o menos esta: el error de fondo de buena parte de la crítica está en equiparar piedad con compasión o con lástima. La compasión es el dolor compartido ante la desgracia ajena, y existe en todas las culturas humanas desde la antigüedad —no hace falta demostrarlo, alcanza con mirar. La piedad es otra cosa: un principio de orden ético, religioso y filial, fundado en la deuda de gratitud y el deber sagrado hacia lo trascendente y las instituciones tradicionales. Cuando alguien usa "piedad" como categoría teológico-política e institucional estructurante del pensamiento occidental, y sus críticos le responden mostrando pasajes de compasión afectiva, no están discutiendo lo mismo. Están, sin darse cuenta, hablando de dos conceptos completamente distintos —y esa es, casi siempre, la forma más eficiente de tener razón sin haber dicho nada.



 

Fuentes consultadas:
http://www.pensieriparole.it/aforismi/autori/pietro-metastasio-frasi-migliori/
https://www.frasicelebri.it/frasi-di/pietro-antonio-domenico-bonaventura-trapassi/
https://repositorio.amag.edu.pe/server/api/core/bitstreams/fe91d386-b57d-4d03-afeb-adb2cae80a07/content
https://www.significados.com/piedad
https://humanitas.uanl.mx/index.php/ah/article/download/301/243/596

Texto producido con apoyo de modelos de lenguaje avanzados y revisado manualmente.

sábado, 11 de julio de 2026

Senderismo urbano en Palermo: entre la naturaleza de los lagos y el mito de Falucho

 
El urban trekking o marcha urbana de baja intensidad (LISS) permite redescubrir la Ciudad de Buenos Aires desde una perspectiva diferente: una travesía activa pero contemplativa, donde la actividad física se cruza con el paisaje verde y la historia de los barrios porteños.
En este recorrido exploramos las calles de Palermo, comenzando en el cruce de Thames y Charcas, avanzando hacia el Lago de Regatas en los Bosques de Palermo, y concluyendo en Plaza Italia, pasando antes por la Plazoleta Falucho y su emblemático monumento.

Ficha de la ruta urbana
Modalidad:    Senderismo urbano (City-trekking / LISS)
Punto de inicio:    Thames y Charcas
Punto final:    Plaza Italia
Tramo destacado:    Vuelta al Lago de Regatas
Puntos de interés:    Plazoleta Falucho, Monumento al Soldado Falucho, Bosques de Palermo


El itinerario: paso a paso

1. Salida: Thames y Charcas
La marcha comienza en el corazón arbolado de Palermo. Desde la esquina de Thames y Charcas, el circuito invita a mantener un ritmo constante y pausado mientras las calles residenciales dan paso al verde característico del parque.


2. Tramo contemplativo: Lago de Regatas
Avanzando hacia el norte del barrio, la ruta se adentra en el sector del Lago de Regatas. La vuelta completa al espejo de agua ofrece un espacio ideal para el entrenamiento aeróbico suave, rodeado de vegetación y fauna urbana, antes de emprender el camino de regreso hacia el centro neurálgico del barrio.



3. Detención histórica: Plazoleta y Monumento a Falucho

Camino hacia el punto final, la ruta conecta con la Plazoleta Falucho, un espacio verde de trazado triangular ubicado en la confluencia de la Avenida Santa Fe, la Avenida Luis María Campos y la calle Arturo Antonio Dresco.
En esta plazoleta se encuentra emplazado el Monumento a Falucho, inaugurado en 1897. El boceto original fue realizado por el escultor Francisco Cafferata y la obra fue completada por Lucio Correa Morales. La escultura rinde homenaje a un soldado de la comunidad afroargentina, reconocido tradicionalmente como héroe de la Independencia.
 

La figura de Falucho: entre el mito patrio y el debate historiográfico
El paso por la plazoleta abre una ventana a uno de los debates más apasionantes de la historiografía argentina de fines del siglo XIX: la tensión entre la construcción de mitos fundacionales y el positivismo documental.

El relato de Mitre y el héroe anónimo
En 1857, Bartolomé Mitre publicó en el periódico Los Debates (y luego en su Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana) el relato que daría forma definitiva al mito. Mitre destacaba la necesidad de homenajear a los héroes sin biografía:

«Millares de héroes sin biografía han rendido noblemente su vida [...] Estos son los héroes anónimos de la historia. [...] ¡Cuántos sacrificios oscuros, cuántos mártires modestos [...] cuenta nuestra historia militar! [...] Hace medio siglo que un soldado oscuro de Buenos Aires sacrificó deliberadamente su vida [...] esos nombres merecen ser inscriptos en letras de bronce, en el gran monumento que la posteridad consagrará a las glorias nacionales». 
Según esta narración, el soldado negro Antonio Ruiz, apodado "Falucho", pertenecía al Batallón 8 del Ejército de los Andes. Al momento de la sublevación del Fuerte del Real Felipe en el Callao, prefirió ser ejecutado antes que rendir honores al pabellón español, inmortalizando la frase atribuida por la tradición oral:
«Malo será ser revolucionario, pero peor es ser traidor.»

La polémica historiográfica de 1889
En 1889, mientras la comunidad afroporteña e impulsores locales promovían la creación del monumento, surgieron investigaciones que cuestionaron el relato. Historiadores como Adolfo P. Carranza (fundador del Museo Histórico Nacional) y Manuel F. Mantilla publicaron críticas en la Revista Nacional señalando:
•    Falta de registros: Ausencia de documentos oficiales que certifiquen el fusilamiento en los términos relatados.
•    Supervivencia del nombre: Documentación que indicaba que el Antonio Ruiz real había sobrevivido a las campañas militares.
•    Cruce de identidades: Confusión o superposición entre distintas personas y episodios ocurridos en el Callao.
Más adelante, historiadores revisionistas como José María Rosa calificaron el episodio como un "invento de Mitre", mientras que la historiografía moderna e historiadores militares como Juan M. Espora proponen que el hecho heroico existió en la memoria colectiva de los veteranos, aunque con errores o imprecisiones en la identificación del nombre.


Cierre del recorrido: Plaza Italia
Tras la detención frente al monumento y la reflexión sobre la historia porteña, la caminata concluye en Plaza Italia, uno de los nodos de conectividad más importantes de Palermo, completando una travesía que combina el ejercicio al aire libre con el patrimonio cultural de Buenos Aires.


Vínculo a Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/caminata-por-palermo-caba-plazoleta-falucho-y-monumento-286211028

miércoles, 1 de julio de 2026

Cefaléutica en Villa Crespo: Un recorrido por la «ruta de las cabezas»


El punto de partida y llegada es la esquina de Gurruchaga y Paraguay, en el barrio de Palermo. Al cruzar la Avenida Córdoba, el paisaje urbano cambia de escala para adentrarse en Villa Crespo, un barrio que alberga una particular curiosidad histórica en el trazado de sus calles.

¿Qué es la «cefaléutica»?
El término cefaléutica es un neologismo acuñado por el investigador y escritor argentino Vicente Mario Di Maggio en su trabajo Cefaléutica de Buenos Aires (difundido originalmente en la revista Artefacto y por el colectivo Taller de Etnoficción / TRE).
Construido por analogía con conceptos como mayéutica o hermenéutica, combina dos raíces del griego antiguo:

•    κεφαλή (kephalē): cabeza.
•    -ευτική (-eutikē): sufijo de maieutikē, el «arte de dar a luz».
En un sentido sarcástico y conceptual, la cefaléutica se define como:
«El arte de encontrar y señalar cabezas trofeo (...) la relación entre destino y toponimia en derredor de las cabezas de las figuras que hacen a un padrón catastral».
En el contexto histórico del Río de la Plata y de las guerras de independencia y civiles, la práctica de cortar y exhibir cabezas funcionaba como trofeo y símbolo de poder para la anulación del enemigo. La cefaléutica rastrea cómo esa memoria violenta quedó impregnada de forma invisible en la toponimia de la Ciudad de Buenos Aires.

Villa Crespo y «La ruta de las cabezas»
A raíz del artículo de Di Maggio titulado "La ruta de las cabezas", destaca un dato clave: Villa Crespo es el barrio porteño que concentra la mayor cantidad de calles asociadas a este fenómeno, conectando a figuras que fueron decapitadas, a decapitadores y a cronistas de estos sucesos.


A partir del mapa y las investigaciones del autor, diseñé mi propio circuito de senderismo urbano (urban trek) para recorrer estas calles a pie.

•    Mapa interactivo del autor: La ruta de las cabezas en Amo Villa Crespo
https://www.amovillacrespo.com.ar/post/larutadelascabezas
•    Para profundizar más sobre la obra:
o    Nota histórica del Gobierno de la Ciudad
https://buenosaires.gob.ar/gcaba_historico/noticias/cefaleutica-de-buenos-aires
o    Publicación de referencia en Instagram
https://www.instagram.com/p/CgNMYmVJx60/?img_index=2
 

Nomenclatura y toponimia del recorrido
A continuación, se detalla la nomenclatura oficial de las arterias del circuito según la obra clásica de Alberto Gabriel Piñeiro (Las calles de Buenos Aires: Sus nombres desde la fundación hasta nuestros días), junto con los contrapuntos históricos señalados por la investigación de Di Maggio y otras fuentes:

* Resumen del origen y nomenclatura de estas calles de Buenos Aires, tomando como base la obra de Alberto Gabriel Piñeiro (Las calles de Buenos Aires: Sus nombres desde la fundación hasta nuestros días):

Lerma
        Origen del nombre: Rinde homenaje a Hernán Lerma (c. 1550-1610), conquistador y administrador colonial español que se desempeñó como gobernador del Tucumán entre 1580 y 1584, y fundador de la ciudad de Salta en 1582.
        Nomenclatura: Designada formalmente por la Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

Lavalleja
    Origen del nombre: Recuera al Brigadier General Juan Antonio Lavalleja (1784-1853), militar y político uruguayo, jefe militar de la expedición de los Treinta y Tres Orientales que logró la independencia de la Banda Oriental, de la cual fue también gobernador y presidente.
    Nomenclatura: Designada formalmente por la Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

Loyola
    Origen del nombre: Homenaje a Martín Ignacio de Loyola (c. 1550-1606), religioso franciscano y marino español que desempeñó el cargo de gobernador del Río de la Plata y del Paraguay en dos oportunidades a fines del siglo XVI.
    Nomenclatura: Nombrada mediante la Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

Camargo
    Origen del nombre: Recuerda a Alonso de Camargo (siglo XVI), marino y explorador español que comandó la expedición enviada por el obispo de Plasencia en 1539, la cual atravesó el estrecho de Magallanes para llegar a las costas de Chile y el Pacífico.
    Nomenclatura: Asignada por la Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

Padilla
    Origen del nombre: Rinde tributo a Manuel Asencio Padilla (1784-1816), comandante y heroico guerrillero altoperuano de la Guerra de la Independencia, esposo de Juana Azurduy, caído en combate en la batalla de El Villar.
    Nomenclatura: Designada por la Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

Murillo
    Origen del nombre: Homenaje a Pedro Domingo Murillo (1757-1810), patriota y precursor de la independencia de Bolivia, protomártir de la revolución paceña que encabezó la Junta Tuitiva de La Paz en 1809.
    Nomenclatura: Denominada por la Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

Warnes (Avenida)
    Origen del nombre: Honra al Coronel Ignacio Warnes (1772-1816), militar porteño que luchó en la Reconquista de Buenos Aires, combatió a las órdenes de Manuel Belgrano en las campañas al Paraguay y al Alto Perú, y cayó al mando de la Republiqueta de Santa Cruz en la batalla de El Pari.
    Nomenclatura: Confirmada por la Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

Dorrego (Avenida)
    Origen del nombre: Rinde homenaje al Coronel Manuel Dorrego (1787-1828), militar destacado en las guerras de independencia y referente fundamental del Partido Federal; fue gobernador de la provincia de Buenos Aires hasta su derrocamiento y fusilamiento por Juan Lavalle.
    Nomenclatura: Oficializada por la Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

Rojas
    Origen del nombre: Recuerda al Coronel José María Rojas (1791-1834), militar que sirvió en las campañas libertadoras de la independencia y en los enfrentamientos civiles del siglo XIX.
    Nomenclatura: Denominada a través de la Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

Antezana
    Origen del nombre: Rinde homenaje a Esteban Antezana (1770-1812), patriota altoperuano, líder y figura central de la revolución de Cochabamba de 1810 y 1812 contra las fuerzas realistas.
    Nomenclatura: Asignada en la Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

Hidalgo
    Origen del nombre: Honra a Bartolomé Hidalgo (1788-1822), poeta y dramaturgo platense (nacido en Montevideo), pionero y considerado uno de los iniciadores de la literatura gauchesca con sus célebres Cielitos y Diálogos patrióticos.
    Nomenclatura: Oficializada mediante la Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

- Con respecto a Loyola, el texto "La ruta de las cabezas" de di Maggio, dice lo siguiente: "resulta que el nombre está dedicado al conquistador Martín García Óñez de Loyola (1548-1598) gobernador de Chile y quien encomendara en su momento la fundación de la ciudad argentina de San Luis."
- Con respecto a Antezana. En diversas web figura con el nombre Joaquín Mariano de Antezana Casafranca (y no Esteban).

 

Un trazado cotidiano por las calles del barrio que cobra un significado totalmente diferente cuando se lo recorre a través del prisma del mapa trágico y fascinante de la toponimia porteña.


Links:
https://es.wikipedia.org/wiki/Hernando_de_Lerma
https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Antonio_Lavalleja
https://es.wikipedia.org/wiki/Mart%C3%ADn_Mallea
https://es.wikipedia.org/wiki/Mart%C3%ADn_Garc%C3%ADa_%C3%93%C3%B1ez_de_Loyola
https://es.wikipedia.org/wiki/Alonso_de_Camargo
https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Ascencio_Padilla
https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Domingo_Murillo
https://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Warnes
https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Dorrego
https://ancestors.familysearch.org/es/LCXF-BB1/coronel%2C-jos%C3%A9-mar%C3%ADa-rojas-argerich-%2C-guerrero-de-la-independencia.-1791-1852
https://www.revisionistas.com.ar/?p=7151
https://es.wikipedia.org/wiki/Mariano_Antezana
https://es.wikipedia.org/wiki/Bartolom%C3%A9_Hidalgo

Enlace a Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/caminata-por-palermo-y-villa-crespo-caba-cefaleutica-en-villa-crespo-278397450

Quería realizar un corto slideshow con imágenes y surgió la posibilidad de hacer un video automáticamente con la IA Gemini. Este es el resultado. Contiene errores, estilizó y cambió algunos rostros, modificó nombre de calle, etc.. .pero aún así lo subo.  

 

lunes, 9 de marzo de 2026

Referencia a Voltaire en el libro Historias de lo sobrenatural de Vivianne Perrot.

 


Leí este libro Historias de lo sobrenatural de la autora Vivianne Perrot (Editorial El Ateneo, 2014). La autora aborda el fenómeno de lo paranormal desde una perspectiva que mezcla la recopilación histórica con el relato testimonial. Funciona como una antología de casos. De lectura fácil y rápida, toca diversos puntos entre el espiritismo y la parapsicología en su relación con la ciencia, la autora no toma partido sino más redacta en modo de crónica, favoreciendo una investigación cultural divulgativa. A mí me quedó la sensación que se orienta más que nada por el lado escéptico, en citas y referencias parecieras tener un aire por lada de la racionalidad (ejemplo: cita a Voltaire en las primeras páginas, cita a un estudio científico en el tema Tutankamon), aunque el libro no está presentado como una lucha superstición vs. ciencia, sino que va más por el lado de las historias personales de los personajes y su contexto cultural en el vivieron y se desarrollaron. El caso que más me impactó fue el de Arthur Conan Doyle, que fue un creyente convencido en el espiritismo, incluso contra la evidencia en su contra, a pesar que su personaje literario, que lo llevó a la cumbre (Sherlock Holmes) se basó en su capacidad de observación y razonamiento deductivo, aunque como veremos en el libro también explica o señala las posibles causas de su cercanía al espiritismo por parte del autor.

Sobre este libro me enfoqué puntualmente en una frase en la que alude a Voltaire. La frase de la autora referida al filósofo dice: “Entre los escépticos que, como Voltaire, decían en forma burlona que el charlatanismo nació el día que el primer pícaro encontró al primer imbécil”. Tomando como base eso, realice un short (video corto) de 12 segundos para Youtube, y también realicé una caminata para Wikiloc.

En Capital Federal, existe un pasaje de dos cuadras que rinde homenaje en su nombre al pesador, el Pasaje Voltaire. También la ciudad posee una escultura denominada “La Duda” (o Le Doute), una obra del artista francés Henri Michel Antoine Chapu, que refiere a la “duda voltariana”.

Duda voltariana: ejercicio de la sospecha metódica llevada al terreno de la ironía y el sentido común. La duda contra la "verdad absoluta", el rechazo a los sistemas cerrados y la función social de la duda como un acto de tolerancia. La actitud crítica y escéptica que Voltaire promovía frente a las creencias establecidas, especialmente las religiosas y supersticiosas. Una actitud permanente de mantener una vigilancia crítica, un “no dar nada por sentado”.


Ficha Técnica de la Crónica.

Libro: Historias de lo sobrenatural, Vivianne Perrot (Editorial El Ateneo, 2014).

Contenido: Short de edición personal, basado en una selección de textos del autor.

Créditos de Imagen:

Retrato de Voltaire: Maurice Quentin de La Tour (Dominio Público).

Fotografía de cierre: De mi autoría (Registro urbano, Buenos Aires).

domingo, 18 de enero de 2026

Sospecho que el mundo nació de un choque de cometas (o Buffon contra los burlones del Bastón)

 Este texto captura con precisión la paradoja clásica de la Ilustración: el límite donde la sátira anti-pedante roza el anti-intelectualismo, incapaz de distinguir la especulación científica fértil del mero delirio. La sátira de Pignotti en Il bastone miracoloso funciona involuntariamente como un inventario de la proto-ciencia del siglo XVIII. Al intentar ridiculizar la pedantería, terminó legando una radiografía perfecta del método científico en fase de ensayo y error: hombres equivocándose en los números y en los mecanismos, pero acertando en las preguntas fundamentales.

Sospecho que el mundo nació de un choque de cometas (o Buffon contra los burlones del Bastón)

Hay un momento, en el Canto I del Bastone miracoloso, que suele leerse como puro chiste de sobremesa dieciochesca y que en realidad es un catálogo bastante preciso de las discusiones científicas más audaces de su siglo. Cuando el genio le pregunta a Ismaele qué le enseñó la física sobre los "sorprendentes arcanos de la naturaleza", el joven contesta con una lista de teorías del origen del mundo que hoy suenan a delirio: que la Tierra es un fragmento del Sol arrancado por el choque de un cometa; que en realidad nació del seno del agua; que cuando el Sol se apague el suelo quedará a oscuras; que alguien quiere perforar el planeta hasta el centro para estudiarlo por dentro; y, unos versos antes, que ciertos cuerpos ni siquiera son sólidos, que la dureza que sentimos al tocarlos es pura apariencia.

Pignotti no inventó nada de esto. Las notas al pie del poema —esas líneas discretas al final del canto que uno suele saltear— lo delatan: la teoría de que los cuerpos no existen como sustancia es de Berkeley; las observaciones sobre generación y naturaleza vienen de Buffon, Bonnet y compañía; la idea del choque cósmico y la especulación cosmogónica remite a Maupertuis y sus Lettres philosophiques. Pignotti no estaba parodiando charlatanes de plaza. Estaba parodiando a los científicos más serios de Europa.

Empecemos por Berkeley. El obispo irlandés no dijo, como simplifica el poema, que "no hay cuerpo alguno" por capricho: su inmaterialismo sostenía que hablar de una materia que existe independientemente de toda percepción es una idea vacía, que esse est percipi —ser es ser percibido— y que lo único que tenemos certeza de que existe son las ideas y las mentes que las perciben. Para el sentido común de cualquier café dieciochesco, esto era —literalmente— de locos: el famoso "así lo refuto" de Samuel Johnson, dándole una patada a una piedra, es la respuesta más citada y menos filosófica de la historia de la filosofía. Pignotti se sube a esa misma burla fácil. Pero lo que Berkeley realmente estaba intentando resolver —qué estatus ontológico tiene aquello que no percibimos directamente— sigue siendo, tres siglos después, uno de los problemas centrales de la física cuántica y de cualquier teoría de la información. La piedra de Johnson no refutó nada; solo demostró que patear es más fácil que pensar.

Sigamos con Buffon. El conde naturalista, superintendente del Jardín del Rey, expuso por primera vez en 1749, en el primer tomo de su Histoire Naturelle, la hipótesis que tanto escandalizaría a sus contemporáneos: que el planeta nació como un fragmento incandescente arrancado del Sol por el impacto de un cometa, y que se fue enfriando por etapas hasta permitir la vida. Es exactamente la teoría que Pignotti pone en boca de sus sabios ridículos. La Facultad de Teología de la Sorbona, que todavía tenía dientes para morder, lo obligó a retractarse públicamente al año siguiente —no hacía falta el bastón de Ismaele, la Sorbona real ya tenía el suyo. Casi treinta años después, ya con la censura eclesiástica bastante más desdentada, Buffon volvió sobre la misma hipótesis en sus Époques de la Nature (1778) y esta vez la acompañó de algo que nadie en Francia se había animado a intentar: calentó esferas de hierro de distintos tamaños, midió cuánto tardaban en enfriarse hasta la temperatura de la mano, y extrapoló matemáticamente esos tiempos a la escala de un planeta entero, para concluir que la Tierra era muchísimo más vieja que los seis mil años que permitía la cronología bíblica. El método era, para su época, admirable. El resultado —unos 75.000 años— estaba equivocado por varios órdenes de magnitud, porque Buffon no tenía forma de saber que el interior de la Tierra sigue caliente por radiactividad y no por inercia térmica. Pero la lógica de fondo, "midamos el enfriamiento para calcular el tiempo transcurrido", es la misma que un siglo y medio después permitiría fechar rocas por desintegración radiactiva y establecer que el planeta tiene 4.500 millones de años. Buffon se equivocó en el número, dos veces. Acertó en la pregunta, dos veces también.

Bonnet completa el trío de las "observaciones sobre generación" que cita la nota al pie. El naturalista ginebrino defendía la teoría de la preformación: que todos los seres vivos que existirán alguna vez ya estaban contenidos, en miniatura, uno dentro de otro, desde el momento de la Creación —un huevo dentro de un huevo dentro de un huevo, hasta el fin de los tiempos. Sonaba, incluso para sus contemporáneos, a una muñeca rusa metafísica. Pero Bonnet la defendía porque resolvía un problema real que la ciencia de su época no sabía cómo abordar: ¿de dónde sale, exactamente, el orden de un organismo vivo, si no viene ya empaquetado de antemano? La genética moderna, con su información codificada de antemano en el ADN, no es la preformación de Bonnet —pero comparte con ella la misma intuición incómoda: que el plan del organismo tiene que estar en algún lado antes de que el organismo exista.

Y Maupertuis, el más audaz de los cuatro, es probablemente quien mejor explica el verso más ridículo del poema: el sabio que quiere "perforar la tierra hasta el centro" para estudiarla por dentro. No es una hipérbole poética. En sus Lettres philosophiques de 1752, Maupertuis propuso en serio —entre otras ideas igual de extravagantes, como diseccionar cerebros de criminales ejecutados para localizar el alma, o fundar una ciudad dedicada exclusivamente a la experimentación científica sin restricciones morales— la posibilidad de cavar un pozo profundísimo para comprobar empíricamente de qué estaba hecho el interior del planeta. En su Vénus physique, unos años antes, había ido más lejos todavía: sugirió que la herencia funciona por partículas materiales aportadas por ambos progenitores que se combinan según una suerte de atracción, algo peligrosamente cercano a decir que la vida se organiza sola, sin necesidad de un diseño divino que la guíe paso a paso. Voltaire, que lo detestaba, lo hizo protagonista de un panfleto burlón llamado Diatribe du docteur Akakia (1752) solo para ridiculizar estas ideas, incluida la del pozo. El bastón de Ismaele, en el fondo, no habría hecho gran cosa que la pluma de Voltaire no hubiera hecho ya —y es bastante probable que Pignotti ni siquiera llegara a Maupertuis de primera mano, sino ya masticado por ese mismo panfleto: la burla del poemetto no ataca la ciencia dieciochesca, ataca la caricatura que los propios philosophes habían puesto de moda contra sus colegas.

Ahí está la ironía que el poema, ocupado en su propia comicidad, no llega a ver: los cuatro nombres que sus notas al pie citan como fuente de las teorías ridiculizadas son, con el diario del siglo veinte en la mano, cuatro de los pensadores que más se acercaron a intuiciones correctas por caminos completamente equivocados. Berkeley entendió que la materia como sustancia autónoma es una idea más frágil de lo que parece. Buffon entendió que había que medir el tiempo profundo del planeta en vez de darlo por sentado en un libro. Bonnet entendió que el orden de lo vivo necesita explicarse, no solo describirse. Maupertuis entendió que la herencia era materia y combinación, no milagro puntual. Los cuatro se equivocaron en casi todos los detalles y acertaron en la pregunta.

Si el bastón de Pignotti hubiera existido de verdad y hubiera recorrido los salones de París en lugar de los de Congo, habría apaleado a los cuatro con el mismo entusiasmo mecánico con que apaleó al inquisidor y al pedante de latín del poema. Y ahí es donde la sátira, sin darse cuenta, termina siendo más honesta de lo que se propuso: porque en el fondo no distingue —no puede distinguir— entre el charlatán que dice una tontería porque no tiene nada mejor, y el naturalista que dice una tontería porque está tanteando, con las herramientas equivocadas, algo que todavía nadie puede ver bien. Pignotti quiso reírse de la pedantería de su siglo. Sin saberlo, dejó un catálogo bastante fiel de en qué estaba pensando, en serio, la gente más inteligente de ese mismo siglo.



Hecho a medias entre yo y la IA.