jueves, 9 de julio de 2026

Después de la meta

—Ya terminaste.
—No todavía.
—¿Cómo que no? Cruzaste la meta.
—Sí.
—Recibiste la medalla.
—Sí.
—Tomaste agua.
—También.
—Entonces terminaste.
—La carrera, sí.
—¿Y qué falta?
—Volver.
Ahí empieza otra parte de la carrera que no figura en el resultado.
Los 9K de la Independencia habían terminado. La línea de llegada había quedado atrás, la medalla ya estaba colgada y los corredores que todavía seguían llegando continuaban entrando al predio. En el escenario sonaba música de folclore y, alrededor, se producía esa transformación habitual que sucede después de una carrera: lo que unos minutos antes era un espacio de competencia empieza lentamente a convertirse otra vez en un lugar cualquiera de la ciudad.
Pero todavía faltaba algo.
Caminar.
Quizás sea una de las cosas curiosas de las carreras: tienen un final perfectamente definido para algo que, en realidad, no termina exactamente allí.
La organización puede establecer una línea de llegada. El cronómetro puede detenerse. La clasificación puede cerrarse. Pero el cuerpo sigue ahí.
Y también sigue estando la ciudad.
Después de correr, caminar produce una sensación extraña. La velocidad desaparece y con ella desaparece también buena parte de la urgencia. Ya no hay que mantener un ritmo, alcanzar a alguien, adelantar, calcular cuánto falta ni pensar en el tiempo.
Simplemente hay que avanzar.
El regreso comenzó bordeando la Av. Figueroa Alcorta. Después apareció Av. Sarmiento y, finalmente, Plaza Italia.
Ya no era el recorrido de una carrera.
O, mejor dicho, era otra clase de recorrido.
Durante los 9K, las calles habían sido parte de una prueba. Ahora eran simplemente calles.
Y quizás ahí esté una de las pequeñas diferencias entre correr y caminar: cuando corremos, muchas veces atravesamos la ciudad sin tener tiempo para ella. Cuando caminamos, la ciudad vuelve a presentarse.
Aparecen los edificios.
Los árboles.
Los autos.
Las personas.
Las esquinas.
Las cosas que estaban allí mientras corríamos, pero que ahora podemos observar con otra disposición.
Incluso volvió a aparecer un viejo conocido de estos recorridos: el pequeño crick producido por una piedra atrapada en la suela de la zapatilla.
Una molestia mínima, casi ridícula, pero suficientemente persistente como para convertirse en parte de la experiencia.
Tal vez los recorridos estén hechos también de esas cosas.
No solamente de kilómetros.
No solamente de tiempos.
No solamente de lugares importantes.
También de una piedra en una zapatilla, de una calle que aparece después de otra, de una fotografía tomada casi al pasar, de un desvío, de una pausa, de algo que uno recuerda mucho después sin saber exactamente por qué.
Y entonces vuelvo a la conversación.
—Pero la carrera terminó.
—Sí.
—Entonces esto no es parte de la carrera.
—No.
—¿Y por qué lo registrás?
Porque quizás el GPX también puede conservar aquello que ocurre cuando la actividad que lo originó ya terminó.
Una carrera tiene una meta.
Una caminata de regreso no necesariamente.
La carrera nos obliga a pensar hacia adelante: cuánto falta, dónde está la llegada, cuánto queda por recorrer.
El regreso hace lo contrario.
Ya no hay nada que alcanzar.
El recorrido se vuelve simplemente recorrido.
Y eso modifica la relación con la distancia.
Durante una carrera, un kilómetro puede ser una cifra.
Durante una caminata, puede ser simplemente el espacio que separa una esquina de otra.
Quizás por eso el regreso tenga algo de epílogo.
No pertenece exactamente a la historia principal, pero tampoco puede separarse completamente de ella.
La carrera fue el acontecimiento.
La caminata fue lo que quedó después.
Los 9K terminaron en la meta. Pero la jornada continuó por Palermo, a pie, sin cronómetro y sin ninguna necesidad de llegar antes que nadie.
Y quizás haya algo interesante en eso.
Estamos acostumbrados a pensar que terminar significa detenerse.
Pero algunas cosas terminan y, sin embargo, uno sigue avanzando.
Una carrera termina.
La caminata continúa.
El recorrido termina.
El camino sigue.
La meta deja de estar delante.
Y entonces queda solamente esto:
caminar.
Sin competir.
Sin perseguir.
Sin alcanzar.
Por cuenta propia.
Hasta llegar a casa.


#Texto + IA

Ruta en Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-a-pie/caminata-por-palermo-caba-285063036

No hay comentarios.:

Publicar un comentario