El urban trek o senderismo urbano es una forma única de redescubrir la ciudad. Este paseo urbano propone una caminata que comienza en el cruce de la calle Honduras con la calle Julián Álvarez, y finaliza en la intersección de las Av. Juan B. Justo con Av. Santa Fe, recorriendo algunas de las calles más singulares del barrio de Palermo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
A lo largo del camino, el paisaje nos devuelve postales donde el paso del tiempo, el olvido institucional y la fuerza biológica van modificando la topografía urbana a su propio ritmo.
1. Un banquete urbano en sintonía con el otoño
La caminata comienza revelando un banquete urbano perfectamente sincronizado con la temporada otoñal. El gran árbol detrás de esta escena es el Liquidámbar (Liquidambar styraciflua), una especie ornamental hipercomún en las veredas y plazas de Buenos Aires debido a la impactante belleza de sus colores. Sus hojas palmeadas (con forma de estrella), que mutan del amarillo al rojo intenso, junto con sus características "bolitas" pinchudas, delatan inmediatamente de qué árbol se trata.
¿Qué son esas "bolitas"? Esas esferas marrones y espinosas son los frutos compuestos del árbol. Cada una de ellas está formada por un montón de pequeñas cápsulas unidas. Cuando el fruto madura y se seca (generalmente a finales de otoño), estas cápsulas se abren y liberan cientos de semillas diminutas y aladas. En el suelo, entre las hojas secas, se alcanza a ver una especie de "aserrín" o polvo marrón esparcido: gran parte de eso son las semillas que cayeron de los frutos al golpearse contra el suelo o al ser movidos por el viento.
El festín de las palomas. Al observar las aves del barrio, notamos que las palomas no se están comiendo la bola pinchuda en sí (la cual es dura y leñosa), sino que buscan activamente las semillas individuales que se han desprendido y quedaron desparramadas por el asfalto y la tierra. Como son granívoras muy eficientes, aprovechan este momento del año en que el suelo se convierte en un enorme plato de cereal gratis.
2. Rigidez arquitectónica vs. Fuerza de la naturaleza
A medida que avanzamos, nos topamos con un violento contraste entre la rigidez de la arquitectura y la fuerza de la naturaleza, sumado a una intervención humana de emergencia:
• La arquitectura: Se observan ventanas altas con persianas de madera cerradas, molduras ornamentales desgastadas debajo de las ventanas y una cornisa antigua que delata el esplendor pasado del edificio.
• La vegetación: Una densa hiedra y plantas de hojas grandes (similares a las de un bananero) invaden por completo la parte inferior y lateral, ganándole terreno de manera implacable a la mampostería.
• El apuntalamiento: En primer plano se destaca una hilera de puntales de madera rústicos colocados sobre la vereda para sostener el muro perimetral o la estructura inferior. Esto indica un peligro inminente de derrumbe o desprendimiento, convirtiendo el espacio público en una zona de contención transitoria.
3. Texturas de una prisión orgánica
Más adelante, un plano en detalle evoca una atmósfera casi claustrofóbica o de prisión orgánica. Es una textura puramente urbana y caótica compuesta por:
• La reja: Una estructura metálica cuadriculada, vieja y oxidada, asentada sobre una base de ladrillo visto.
• Las raíces y ramas: Lo que verdaderamente define la imagen es la red intrincada de ramas gruesas, secas y retorcidas (probablemente de una enredadera vieja o un árbol cercano) que se han entrelazado de forma simbiótica e irreversible con el metal.
• La tensión material: La vegetación ya no solo acompaña a la reja, sino que la atraviesa, la deforma y la coloniza, creando un patrón visual complejo donde el límite entre lo artificial (el hierro) y lo natural (la madera viva o seca) queda completamente desdibujado.
4. La sutileza azul del Jazmín del Cielo
En medio del cemento, destaca la planta conocida popularmente como Jazmín del cielo, Plumbago azul o Celestina. A continuación, detallamos sus características botánicas y principales aspectos:
• Clasificación y origen: Su nombre científico es Plumbago auriculata (anteriormente conocida como Plumbago capensis), perteneciente a la familia Plumbaginaceae. Es una especie nativa de Sudáfrica, pero se encuentra ampliamente distribuida y naturalizada en regiones templadas, subtropicales y mediterráneas de todo el mundo debido a su extendido uso ornamental.
• Características de la planta: Es un arbusto perennifolio (o semiperennifolio en climas con inviernos más fríos) de porte apoyante o trepador. Si no cuenta con una guía, crece en forma de mata desordenada y arqueada, alcanzando habitualmente entre 1,5 y 3 metros de altura. Sus ramas son delgadas, sarmentosas, largas y flexibles, lo que le permite enredarse fácilmente en cercos, pérgolas o muros si recibe sujeción. Sus hojas son de un color verde claro brillante, alternas, simples, enteras y de forma oblonga u obovada (atenuadas hacia la base), con un tacto ligeramente áspero en el envés.
• Características de la flor: Las flores son hermafroditas y se agrupan en inflorescencias terminales densas (racimos o corimbos). Cada flor presenta una corola con un tubo largo que se abre en 5 lóbulos o pétalos extendidos y redondeados; en la imagen se puede observar a la perfección la simetría de sus cinco pétalos y las sutiles líneas más oscuras que recorren el centro de cada uno. Su tonalidad azul celeste o azul cielo es su rasgo más distintivo.
• El cáliz pegajoso: Una particularidad que se distingue en la base de las flores es que el cáliz posee pelos glandulares que segregan una sustancia viscosa. Esto hace que las flores marchitas o los frutos se adhieran con facilidad a la ropa, al pelaje de los animales o a otras superficies, un mecanismo evolutivo diseñado para la dispersión de sus semillas.
• Época de floración y cuidados: Su floración es muy prolongada; en climas templados o cálidos se mantiene floreciendo de manera ininterrumpida desde la primavera hasta bien entrado el otoño (e incluso todo el año si el invierno es suave). Requiere exposición a pleno sol para florecer en abundancia, aunque tolera la media sombra. Es una planta muy rústica y resistente que, una vez establecida, tolera períodos moderados de sequía. Prefiere suelos bien drenados para evitar que el encharcamiento pudra sus raíces, y soporta podas drásticas a finales del invierno para controlar su crecimiento invasivo, eliminar ramas secas y estimular una brotación fuerte para la siguiente temporada.
5. Arqueología urbana: El "árbol devorador"
Durante el recorrido también nos encontramos con un fenómeno botánico fascinante que la gente suele llamar popularmente "el árbol devorador". Científicamente, este proceso se conoce como inclusión o anastomosis periférica (cuando ocurre con objetos extraños).
¿Por qué ocurre esto?
• Crecimiento secundario (en grosor): A diferencia de los seres humanos, que crecemos hacia arriba y nos detenemos, los árboles crecen en diámetro año tras año. En este caso, se trata de un plátano de sombra (Platanus acerifolia), un árbol muy común en las veredas porteñas, que ensancha su tronco gracias a una capa interna llamada cambium.
• La línea de menor resistencia: Cuando el tronco se expande y se topa con un objeto rígido clavado o atado a él —como un viejo cartel que parece decir "M. REF. EN PORCELANATO"—, el árbol no puede empujarlo ni destruirlo. En lugar de eso, el tejido vivo (la corteza y la madera nueva) empieza a fluir alrededor del obstáculo, envolviéndolo lentamente con cada temporada de crecimiento.
• Sin dolor: Al árbol no le "duele" este proceso en un sentido animal; simplemente asimila el cartel como si fuera una irregularidad de su propio terreno o una rama rota. Con los años, el metal o el plástico del cartel quedará completamente sepultado en el corazón del tronco. Es una muestra perfecta de cómo la naturaleza, con una paciencia implacable, recupera su espacio y engulle la arqueología urbana que dejamos a su paso.
6. Postales del atardecer porteño
Hacia el final del paseo, las hojas secas de los plátanos se adueñan por completo de las veredas. Las hojas de color marrón claro y amarillentas aparecen dispersas a lo largo de todo el camino. Al fondo, se alcanzan a divisar los troncos de los árboles perfectamente alineados y el movimiento sutil de la avenida.
El trayecto nos regala una última postal arquitectónica: un muro curvo de ladrillo a la vista, muy característico de las antiguas estructuras ferroviarias o depósitos urbanos de Buenos Aires, iluminado de forma cálida por faroles de estilo clásico. La vereda, esta vez compuesta por las tradicionales baldosas cuadriculadas, sirve de alfombra para otra tanda de hojas secas, mientras la hilera de árboles acompaña con gracia la curva del diseño arquitectónico bajo un cielo de atardecer.
Ruta en Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/caminata-por-palermo-caba-270432480

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