Hoy les comparto las postales y el relato de una caminata urbana típica de otoño por el corazón del barrio de Palermo, CABA.
El senderismo urbano tiene esa magia: si afinás la mirada, las calles de siempre te cuentan historias nuevas. En este paseo, el recorrido empezó en el cruce de Güemes y Uriarte, y terminó en la esquina de Güemes y Av. Scalabrini Ortiz.
Viaje visual por algunos de los puntos más destacados del trayecto:
🍂 Hojas secas, murales y arte comercial
El otoño tiñe las veredas, pero las paredes de Palermo siguen llenas de color. Durante la caminata me topé con el fragmento de un mural publicitario pintado en una de las paredes y, más adelante, con una verdadera obra de arte urbano que decoraba las persianas metálicas de un comercio.
Se trata de un mural súper colorido que presenta una figura central con cabello verde rodeada de flores. Si miran con atención la esquina superior derecha de la persiana, se aprecia claramente la firma estilizada de su creador: el artista urbano Spell (o Spell White).
Un hallazgo inesperado en un balcón
Caminando por el barrio es de lo más común ver banderas colgadas de los balcones. Sin embargo, esta vez me llamó la atención una muy particular. ¿De qué bandera se trataba? Nada menos que la del estado brasileño de Río Grande del Sur, un símbolo muy utilizado para representar la cultura gaucha. Su diseño rectangular destaca por sus franjas diagonales en verde, rojo y amarillo, con el escudo de armas estatal justo en el centro. ¡Un pedacito del sur de Brasil en pleno Buenos Aires!
Dos paradas del circuito urbano
Para cerrar el paseo, el recorrido nos lleva por dos puntos con mucha personalidad ferroviaria y antigüedades:
• El Mercado de Pulgas: Ubicado a solo una cuadra de la esquina de Av. Córdoba y Av. Dorrego, un lugar obligado para los amantes de lo vintage.
• El Puente Peatonal Dorrego: Ese clásico cruce sobre las vías del Ferrocarril General Mitre, ideal para capturar una buena perspectiva urbana.
Análisis de una paradoja cultural
Fachada de Bibliotecas Rurales Argentinas, una ONG fundada en 1963 que trabaja para acercar contenidos culturales a comunidades históricamente postergadas. El frente de su sede presenta los rostros de dos escritores: Jorge Luis Borges y José Carlos Mariátegui.
Aunque no conocía la ONG en profundidad, ya había fotografiado su fachada con anterioridad. Investigando sus redes sociales de cara a este texto, advertí que su labor consiste en recolectar libros para donarlos a escuelas del interior del país, bajo la premisa explícita de "garantizar el acceso igualitario a los contenidos culturales". Es una labor que, a primera vista, resulta indiscutiblemente valiosa y que le ha valido reconocimientos del Senado de la Nación y de la Legislatura porteña por su Biblioteca Virtual Universal.
Sin embargo, al adentrarse en su dinámica actual y en sus lineamientos, surgen algunos puntos que invitan a la reflexión. Más allá de cuestiones operativas —como la suspensión temporal en la recepción de textos por haber completado su cupo anual o la falta de respuesta a los comentarios de sus seguidores en Instagram—, lo verdaderamente interesante reside en sus criterios conceptuales.
Entre los requisitos formales para recibir donaciones, el último ítem estipula que no aceptan "material con contenido religioso o político partidario". Esta restricción plantea un dilema. Si la medida busca neutralidad para evitar cuestionamientos externos, parecería preferible asumir el debate en pos de la diversidad, en lugar de restringir el catálogo. Por otro lado, esta pauta adquiere otro matiz cuando se la contrasta con otra declaración de la propia ONG, donde afirman que, desde una mirada estratégica —utilizando textualmente la expresión "mentalidad CEO aplicada al mundo bibliotecario"—, donar libros implica "redistribuir conocimiento con criterio".
Aquí es donde el análisis se vuelve complejo: si el "criterio" implica seleccionar o excluir de antemano el pensamiento político o religioso, cabe preguntarse si esa misma selección no termina colisionando con el principio de un "acceso igualitario a los contenidos culturales". Al fin y envueltos en la cultura, la política y la fe son dimensiones constitutivas de la diversidad humana.
La paradoja se vuelve visible en la propia piel del edificio. En la fachada conviven Borges —cuya firme postura antiperonista y antipopulista es bien conocida— y Mariátegui, periodista y filósofo marxista peruano, considerado uno de los mayores referentes del socialismo latinoamericano. La sola elección de estos dos autores demuestra que es imposible escindir la gran literatura de las convicciones políticas profundas de quienes la crean.
Al mismo tiempo, la comunicación institucional de la ONG adopta guiños discursivos contemporáneos muy marcados, como el uso de simbología de la diversidad y el lenguaje inclusivo ("¡Derechos culturales para todxs! 🌈", "agradecides todes nuestres amigues"). Estas elecciones son, en sí mismas, tomas de posición simbólica y discursiva. Por lo tanto, se genera una contradicción sutil pero evidente: la institución se manifiesta y emite un mensaje con indudable carga política y social en su estética y su lenguaje, pero simultáneamente restringe el ingreso de material político en sus colecciones bajo el ala de la neutralidad.
Este análisis deja fuera de debate otros aspectos atendibles, como el destino final de los ejemplares o el valioso rol de los docentes y bibliotecarios rurales que los reciben; eso pertenece a otra discusión. Mi intención aquí es simplemente recoger el guante de su propia consigna en redes ("Si no podés donar, compartí") y compartir esta reflexión sobre las tensiones y los mensajes cruzados que, al menos desde lo simbólico, proyecta la institución.
https://www.instagram.com/bibliotecasrurales/
https://www.bibliotecasrurales.org.ar/
https://noticiasaa.bibliosistemas.com/m/2FgunHGJe8Q3qD7T
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Ruta en Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/caminata-por-palermo-caba-270432814

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