viernes, 19 de septiembre de 2014

Museo de Armas de la Nación.

Octubre 2006. Desde hacía una tiempo venía con la idea de visitar este museo, pero el mismo no abre los fines de semana, así que concreté a visita el lunes 30 de octubre de 2006. Para ese entonces, había ganado en un Concurso organizado por el diario La Nación, una entrada para visitar una exposición, y debía ir a retirar el premio, o sea la entrada.
Mirando el plano de calles, observé que el Museo de Armas me quedaba cerca de allí, así que decidí ir a visitarlo.
Salí pasado el mediodía, subí al colectivo 152 y me bajé en Plaza San Martín, desde allí fui caminando hasta la sucursal del diario a retirar mi entrada, de pasada crucé por el museo.
Cuando llego a la sucursal, encuentro todo cerrado con una cortina metálica y toco timbre, no salía nadie, vuelvo a tocar, y nada, camino hasta la esquina (no se para que), regreso y veo un cartel delante de mi cara, que por distraído no lo había visto antes, el cartel indicaba que se entraba por el otro lado.

Sabía que era por la calle Alem, pero despistado doble una calle antes y llegué justo del otro lado de las oficinas. Cuando doy la vuelta, veo el cartel del diario, las oficinas, la puerta y el frente todo de vidrio, así que ingreso. Un señor, posiblemente de seguridad, de esos que dan indicaciones estaba sentado, le digo que vengo por la entrada del concurso y me contesta que no tenía ni idea, me manda a una de las ventanillas y me da un número. Tenía el número 69, y estaba solo ahí esperando, una de las secretarias que atienden me ve, y comienza a llamar, 63, 64, hasta que me pregunta -¿qué número tenés?, -69, -bueno, pasá. Le comento que venía a retirar mi entrada, a lo que me contesta que no tenía ni idea. Al instante le cae la ficha, y luego de decirme que no sabía de que se trataba, ve una carpeta y la va buscar, efectivamente eran las entradas. Me la da y me hace llenar una hoja con algunos  datos, los completo, guardo la entrada, saludo y me voy. Recuerdo que le pregunté -¿esto es? Y me dijo –sí. Me había sorprendido por el tamaño de la entrada, resulta que después, pude ver, que eran todas así. No me pidió documento, es más yo mismo le indiqué quien era en el listado porque no me había escuchado, lo cual significa que ante el desconcierto y el poco control, cualquiera podía haber ido y llevarse una entrada poniendo datos falsos, lo cual es un pensamiento muy conspirativo (aunque posible) ya que, creo, nadie se atrevería a hacer eso por una entrada a una exposición.

Bueno, un vez retirada la misma, me regresé caminando al museo, ingresé, y había tres mujeres charlando y un hombre que tenía un talonario, así que fui hacia él, estaba escuchando tango, y saqué la entrada, cuyo valor eran $3 y me preguntó si era del interior, le dije cortante un no, y tuve que dejar el bolso, pero pregunté si podía tomar fotos, me dijo que sí, así que ingresé con la cámara.

A comparación de lo que parece en Internet, es bastante pequeño, esa fue la idea que me hice, en Internet parece mucho más grande de lo que en realidad es. Me lo recorrí todo, me gustó la sala de la Campaña al Desierto, no se habla mucho de ese conflicto, es muy escueta dicha sala, pero me gustó, la sala de la Guerra de las Malvinas es muy pequeña, diría que pequeñísima.

La sala de armas de oriente, desconozco si solo comprende armas japonesas, o también de otros lugares, era llamativa, más que nada por los maniquíes de samurais.
Justo ese día, esa sala estaba sin luz, se había roto el foco, y había varios turistas, en realidad no había mucha gente en el museo, serían 10 personas además de mí, dando vueltas y recorriendo, pero algunos se quejaron que no podían ver bien dicha sala por la ausencia de luz. Yo tampoco la pude ver, pero le tomé fotos con el flash para noche, así que salieron bastante bien. Se veía al el señor que cobraba la entrada, apurado y discutiendo con otro señor por el tema de la falta de luz, con el fin de arreglar el problema.



En la sala de ametralladoras pesadas, había dos babiecas que estaban meta tocar, si es un museo, no es para “probar” las ametralladoras, están justamente expuestas para poder observarlas, estos dos, no se si las querían hacer funcionar, o si pensaban que iban tirar un tiro, lo cierto es que parecían dos niños tocando las armas, fabulando situaciones, sentándose encima, y ya eran bastantes grandes para tener esa actitud.

Cuando llegué al final, en la sala de los cañones, encontré una mesita, donde apoyé la cámara y me tomé una foto a mí mismo, una autofoto con el automático. Finalmente regresé dando finalizado el recorrido. No se cuánto me habrá tomado de tiempo recorrerlo todo, una hora tal vez, pero no lo recuerdo bien.

jueves, 18 de septiembre de 2014

La Noche De Los Generales.

La Noche De Los Generales - 1967 - Anatole Litvak

Esta es una película atípica. Me gustó mucho y la recomiendo ver. Es una película franco-británica de la década del ´60. Cuenta con un elenco de actores muy reconocidos. Es atípica, no porque se trate de algo raro o extraño, sino por la trama, es una mezcla de cine bélico, drama, thriller, intriga y policial. Es una historia que no se agota en un suceso acotado en el tiempo, supongamos unos pocos días, sino que se traslada en el tiempo. La trama comienza con un crimen, el crimen de una prostituta polaca en la Polonia ocupada por los nazis. La prostituta era un agente alemán (“-Se llamaba Kupieska, María Kupieska; -Kupieska, ¡oh, si!, una prostituta y buena amiga nuestra; -En efecto, era agente alemana”). El crimen, parece ser pasional, recibe 100 puñaladas, (en un momento en el futuro, el inspector francés lo dice que se trata de un crimen pasional). Hay un testigo, y el testigo identifica parcialmente al asesino, un general alemán, identifica la raya que cruzaba el pantalón, esos pantalones solo los utilizaban los generales alemanes. Interviene en la resolución del hecho otro oficial militar, y descubre que hay tres sospechosos, tres generales alemanes, y los tres sin coartadas.
Así la película gira en torno a una investigación de tres generales alemanes por otro oficial alemán, el mayor Grau, que luego es ascendido (Omar Sharif).
La película, recorre alrededor de 25 años en el tiempo, por partes va intercalando situaciones del futuro con el pasado.
La ambientación es muy buena, bien lograda, y trabaja en varios lugares diferentes, lo que la hace más interesante, en varias ciudades y en distintos momentos en el tiempo.
La música del comienzo no me agradó, es característica de las películas bélicas de esa época, es música clásica triunfalista, pero no es demasiado, solo al comienzo.
Desconozco si el guión se basa en alguna obra literaria o si fue tomado de hechos reales, supongo que lo diría, lo cual me hace creer que no fue así, aun así, la película hace alusión a varios acontecimientos históricos que realmente ocurrieron, por ejemplo, el complot para matar a Hitler y la operación Valquiria (Gérard Buhr) sobre la que se realizaron varias películas, el ataque por parte de un avión al auto donde viajaba Rommel (Christopher Plummer), el robo de obras de arte de Francia por parte de los alemanes, la resistencia, etc…
La trama se vuelve interesante porque luego aparece otro crimen, tal vez se está en presencia de un asesino serial y al mismo tiempo se desarrolla una historia de amor entre otros dos actores, la hija de uno de los generales (Juliette Gréco), y el otro de ellos, el cabo Hartman (Tom Courtenay) que si bien realiza un papel secundario, es una historia interesante pero que no se desarrolla. Pensemos que la resistencia, en varios países tuvo películas que espacialmente la tratan, pero no recuerdo la historia de un soldado alemán desmovilizado y convertido a campesino en la clandestinidad  bajo identidad falsa buscado por un crimen que no cometió, es bastante poco común.
Si hay algo que le cuestionaría a la película, es justamente que muchas de la historia que contempla, no son desarrolladas y dejan un aire a continuación, a saber que hubiese pasado, a querer conocer la historia detrás de ese suceso o de ese personaje.
Es una película rica en diálogos, “letra”, está bien cuidada la redacción, la palabra de cada personaje es la apropiada, es la justa, no hay frases hechas o clichés.
En la película no se muestran imágenes fuertes, crudas, gráficas, por ejemplo de la violencia nazi o de los crímenes, pero tampoco se ocultan o pasan por alto, en el caso de los crímenes las actuaciones a uno lo convencen del hecho trágico, en el caso de la violencia nazis, crímenes en mayor escala si se quiere, también, si bien se ven algunos tiros, cañonazos y fuego, más bien es el lenguaje el que pone en contexto la situación (al comienzo cuando menciona la Gestapo, luego el gral al otro gral “el peor métodos” , luego el gral método de los pescadores población civil escarmiento) todo lleva a que uno imagine el horror por lo que se conoce de otros lado, por ejemplo, cuando menciona a la Gestapo, a pesar que no aparece en escena prácticamente en ningún momento, uno se lo imagina de la información que ya posee en sí, tal vez actualmente hacia el 2014, muchísimas personas ni siquiera sepan de que se trataba, pero al momento del estreno, hacia 1967 era un tema más fresco, incluso con juicios en boga contra algunos criminales y otros casos de cumplimiento de sus condenas (pensemos que en la película también toca una situación de esta última).

Algo que merece la pena rescatar es la caracterización de los personajes, sobre todo de los tres principales, aunque hasta los secundarios tienen su participación, y que lo están, los ayudantes, los subordinados, los que se encuentran en los bares, los inspectores policiales, etc… todos ellos cumplen un papel, y aunque sea por dos o tres segundos realizan su aporte.


El mayor Grau, (Omar Sharif) asume el papel de alguien justo, perseguidor de una justicia, hasta cierto punto ideal, pensemos la situación límite a la que se enfrenta, buscar a un potencial criminal entre la oficialidad superior de una régimen que hacia culto a la personalidad, en medio de una guerra, y su búsqueda no lo detienen aunque pase el tiempo. Y tengamos en cuenta que se trata de un delito común en un país invadido. En un momento dice “lo que por millares en un campo de batalla resulta heroico, cuando se hace en privado y en solitario resulta monstruoso”. Ya al comienzo marca su línea de conducta cuando dice – Quiero una investigación completa. (…) ¿Qué que pasará? Pues, la justicia es ciega mi querido inspector, y no se detiene ante una franja roja o un galón dorado. Tiene más en cuenta el grito de una mujer asesinada. Si el responsable de esto es un general, tendremos que ahorcarle. No se preocupe Liesowski, la responsabilidad es mía. Buenas noches.


El general Tanz (Peter O´Toole) asume el papel de un individuo despiadado, un psicópata, un fanático del régimen, donde la persona como tal no vale nada sino que lo que vale es el Partido, se muestra como una persona fría, ciega, llena de virulencia, un sádico calculador. Los dos diálogos que siguen lo muestran en persona:

- Es necesario cercar todo el barrio. Utilizaremos el método de los pescadores. Balizaremos un amplio perímetro, luego rastrearemos las calles adyacentes y los peces se pondrán en movimiento. Intentaran escapar en dirección opuesta, pero también tendremos bloqueadas las salidas. Y cuando hallamos cerrados la red, los pondremos donde queremos verlos, de espaldas al muro del gueto.
- Perdone general, ¿y la población civil? Según los últimos cálculos hay unos 80.000 habitantes.
- La de este barrio, difícilmente puede considerarse una población civil y normal. Creo que el escarmiento que proporcionará está operación es absolutamente indispensable.

Y luego hablando entre los tres generales:
“- Y una vez todo en orden haré vallar el barrio y pasaré a su habitantes por una criba. 
-¿A los 80.0000? (le responde Kahlenberge)
– Mmm (asiente con la cabeza)
- General Tanz, aunque sea por curiosidad, ¿cuál es, después de todo el objetivo táctico?
- ¿Ya ha leído el memorandum?
- Si, si, ya lo he leído, pero…. (le responde Kahlenberge)
- Yyyy ¿qué dice el memorandum?
- Que la fase primera es para intimidar a la población y luego registrar las casas y detener a los resistentes. (le responde Kahlenberge)
- Entonces el objetivo está claro.
- Entonces debo entender que si hay resistencia en la fase primera, pasará a la segunda, incluso a la tercera con la destrucción de toda la parte vieja de la ciudad. (le responde Kahlenberge)
- Eso es lo que debe entender exactamente.
- ¿Y no le parece, algo, en cierto modo, excesivo? (le responde Kahlenberge)” 

Y al mismo tiempo una persona perfeccionista, con modales y con ciertos conocimientos culturales, refinados si se quiere. Al parecer sufre de lo que hoy llaman los psicólogos, el TOC, trastorno obsesivo compulsivo. El castigo está presente todo el tiempo para con sus subordinados, una persona que provoca miedo, y una persona con traumas propios de la guerra, él mismo lo dice en un momento, “¿Por qué? ¿Necesita una explicación? Son cosas que ocurren, eso es todo, no me caben dudas de que hay muchas razones pero la culpable de todas es la guerra”.

Por esta actuación, O´Toole ganó el premio David Donatello a mejor actor extranjero en 1966. Estos premios son la mayor premiación cinematrográfica en Italia.


El general Kahlenberge (Donald Pleasence), por su parte, asume un rol de general despreocupado pero inteligente, más reflexivo, arriesgado, en presencia de otros generales su rol pareciera menor, como que queda opacado, pero es él quien asume esa postura, no así frente a los demás, subordinados, civiles u otras personas. Se sabe que sale y se ausenta por uno o dos días y no se sabe que hace en ese tiempo, aunque se trata de otra historia que no se termina de desarrollar. Este actor, conocido como “el hombre de los ojos hipnóticos”. No es una rol menor, y está bien logrado. Sobre todo las conversaciones que mantiene. Pensemos que es el general ayudante del otro general a cargo de la guarnición, pero básicamente como ayudante es quien piensa, es quien organiza, el general a cargo habla por él.


El general Garble (Charles Gray) es más bien un burócrata, miedoso pero precavido, artero, trata de moverse siempre para el lado que gana, adhiriéndose, no arriesgándose a nada, con Hitler, con los complotados contra Hitler, con losa liados terminada la guerra, con los que reivindican a los nazis cuando escribe sus memorias sin atacarlos, etc.. Siempre trata de acomodarse. Posee una familia tipo, y pareciera que trata de seguir ciertos estándares de vida o de conducta sin comprometerse mucho en casi nada.


El inspector Morand (Philippe Noiret) representa la clásica caracterización del policía investigador, con un pasado en la resistencia pero al modo antihéroe diría, se lo ve trabajando en oficinas, aunque con algunas salidas, y su trabajo lo lleva a relacionarse oportuna y convenientemente con oficiales alemanes, una especie de pantalla como colaboracionista pero que cubre una realidad en la resistencia. Finalizada la guerra, continúa con su trabajo, esta vez habiendo logrado ascensos a otras esferas dentro delo policial.

Es un film que no tiene desperdicio, desde las escenografías hasta los actores, vale la pena verlo, si gusta la Segunda Guerra Mundial y los film de intriga, esta es una buena opción para disfrutar.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Venganza.

Venganza de George Jonas, libro en el que se basó la película Munich (de Steven Spielberg) que trata el tema de la respuesta de los israelíes a los terroristas palestinos luego de la masacre de Munich en 1972. El Mossad prepara y envía a Europa occidental a un grupo de agentes con un listado de 11 individuos a eliminar. Empiezan la tarea, pero no la terminan como estaba pensado en un comienzo. El libro fue escrito en 1984. No pierde vigencia, aunque ahora han cambiado algunas tácticas, como los asesinatos selectivos de algunos líderes de grupos terroristas árabes, o por lo menos lo que se leía en las noticias hace un par de años atrás. Esto no es algo nuevo ni propio de Israel, pero en este caso, el libro cuenta esta historia. Tiene unas cuantas citas interesantes. Son alrededor de 440 páginas. Lenguaje simple, aunque algunas veces no me gustó como está redactado, en algunas porque no logra su cometido y en otras porque tiene un lenguaje poco apropiado, o quizás sea la traducción. Es interesante desde el punto de vista de la historia, es detallista en algunos aspectos pero sin llegar a ser abundante. El libro habla de un argentino, el encargado de enseñar e instruir en lo que respecta a las falsificaciones. Luego hay una parte que no me cerró del todo, cuando habla que nunca le dijo al Mossad sobre la existencia del Grupo, ¿o sea que el Mossad se enteró cuando leyó el libro? No tiene mucho sentido esa parte, por lo menos yo no le encontré sentido. El autor comienza hablando que está a favor de este tipo de venganzas, del “ojo por ojo y diente por diente”, pero luego ya llegando al final, da entender prácticamente lo contrario, pero lo pone en boca del líder de los agentes de la misión, y lo deja ver en dos o tres ocasiones, como que no sirvió de mucho o que no es un método para frenar la violencia, más que nada cuando hace un balance al final de todo lo sucedido y menciona otros hechos que ocurrieron por parte de los terroristas. Aplica otro dicho que dice “la violencia engendra más violencia”. El autor citas otros textos, textos a los que continuamente marca diferencias. Es recomendable leer el libro y no quedarse sólo con la película que también esta buena de ver, me pasó que con la película a uno le queda una sensación fea, de la historia y todo lo sucedido, pero cuando uno lee el libro también deja esa sensación fea sumado a que uno puede hacer un análisis que va un poco más allá de la matanza, los tiros y las bombas. Tener un panorama más general, como pensaban, como se organizaban, tanto la parte operativa como la directiva, porque tales o cuales personas, su situación en la sociedad, las relaciones de poder, como se comportan los gobiernos o los diferentes grupos frente a determinados actos y determinadas situaciones, y mucho más, que si bien no se hace un análisis en profundidad uno puede tener una idea superficial y luego sacar conclusiones propias.
Además permite tener una idea muy general sobre como estaba (y funcionaba) el mundo en ese momento histórico con respecto al tema tratado y algunas aristas que tocan en alguna medida al eje central del libro. Es llamativa la corta edad de los agentes, y de los terroristas también, o por lo menos no pasaba por mi cabeza esa idea de que eran bastante jóvenes, aunque sí tenía una idea de parte de los terroristas, pero no de los agentes del Mossad.

Hay un fragmento que me causó gracia, hay que entenderlo en el contexto que se da, en plena misión, estalla la guerra, y tres deciden regresar al país a combatir, lo hacen sin decir nada, arriban, se integran a sus respectivos regimientos, van al frente, combaten y tienen suerte de terminar todos ilesos, hasta que los descubren, los mandan a llamar y se da lo que sigue:

Por el camino se pregunta si Steve y Robert estarían allí esperándole, pero no fue así. Sí estaba Efraín.
- ¿Estáis todos locos, muchachos? – inquirió cuando Avner fue llevado a su despacho - . ¿Creéis que sois héroes, que no podemos ganar la guerra sin vosotros? ¡Debería llevaros a un consejo de guerra!
A pesar de las palabras de Efraím, Avner pudo apreciar por el tono de su voz, como esperaba, la cosa no tendría verdaderas repercusiones.
- Quiero que salgáis de Israel hoy mismo – continuó Efraím - . Volved a Europa y acabad lo que estáis haciendo. Si necesitamos que volváis aquí, os llamaremos. Si no os ordenamos regresar, no quiero que ninguno de vosotros se presente en Israel otra vez. ¿He hablado claro?.

martes, 16 de septiembre de 2014

Burlón.

Aquél me levanté tranquilo, en realidad ni siquiera me había acostado a dormir, así que lo correcto sería decir el día de ayer me levanté tranquilo. Era el día que tenía que terminar lo que me había propuesto hacía cuatro meses atrás, o me dejaba a la suerte (que no me acompañó) o cumplía mi propósito. Para entonces había cumplido con todas las formalidades, pero nada de contenido, me había despreocupado todo, me dediqué a lo seguro, con sus pro y sus contra, a lo que uno sabe que va a tener sus frutos, a lo que no te van perjudicar si te esforzás, por mínimo esfuerzo que sea. El caso de ese día era todo lo contrario, no había nada bueno que rescatar. El día que me asignaron el curso esperaba que la suerte me acompañe, y la suerte me dio nunca apareció. Me asignaron al que quería evitar. El peor individuo de todos aquellos que componían la cátedra. Ese mismo día me propuse seguir al final, que me aplacen y cursarla por otra vía. Lo comenté a un amigo, más adelante en el transcurso del tiempo, y luego antes de conocer la primer nota, lo comenté a una compañera. Ya tenía esa idea, ahora solo quedaba trabajarla hasta efectivizarla. Nunca me preocuparon las notas, y si eran malas, notas bajas, aplazos, mucho menos, no vivo para ninguna nota, no me estigmatizan (término que actualmente está en boga). Una noche maratónica fue la que me llevó completar el material a presentar, todo aquel material que debía haberlo ido completarlo durante la cursada, y unas tres o cuatro horas preparar el alegato final. A este último fue al que le dediqué más esmero, porque el mensaje tenía que ser claro y que les llegue a quienes me iban a evaluar. No me importaba nada, nada más que dejarlos al descubierto de su fracaso como educacional. Tocarles su patético orgullo. Y ahora que lo veo en frío me salió tal cual lo imaginé. Fui tranquilo, ¿de qué me iba a preocupar si no me jugaba nada? Solo podía desear tener algo de suerte y nada más, la regla era desaprobar y la excepción era aprobar. Por esas cosas que siempre suceden, que uno no sabe el porque, quien en principio me iba a evaluar no lo hace y se produce un cambio de carpetas, me terminan evaluando otros “profesores”. Así se llaman, se los llaman, aunque algunos no lo merecen, pero allí están. ¿Qué docente se digna a evaluar alumnos de un curso que no conoce cuando al comienzo de las cursadas asignan a cada curso un determinado docente? En esta cátedra abundaban estos descarados, era la manera de proceder y ya tenían años de experiencia. Uno sabía donde se metía.
Aunque siempre tuve la sensación que quien me iba a evaluar había leído el expediente, se lo habían pasado, y por alguna razón habían seleccionados a unos y otros, quizás por el tamaño, no lo se, si se que quien me debía tomar era quien estaba mencionada, sin nombrarla, por sus falencias. No importa, me llamaron, me senté, y se habían leído toda la carpeta, habían seleccionado dos hojas, y me habían marcado un par de puntos, trabajaron de más porque ni siquiera llegaron.
Yo tenía bien en claro que tenía que llevarlos a mi terreno, como sabía que iba a desaprobar y no me importaba, tenía que lograr de una u otra manera que ellos queden mal consigo mismos al darse cuenta de su propio fracaso como educadores con su particular método, todo esto aunque no lo demostrasen (por si algo de dignidad tenían en su haber, porque cualquiera que se presta a estos procederes en una Universidad, o bien es un psicópata, o bien no tiene el más mínimo interés en educar sino en cobrar, y para cobrar, hay que presentarse a “evaluar”).  Para este momento venía con cierta tranquilidad de haber aprobado las demás materias, y no con lo justo, así que ya estaba satisfecho conmigo mismo. Tenía que hacerlos quedar mal, demostrarles que no me interesaba en absoluto nada de lo que hicieran, pero para esto ellos tenían que entran en mi juego, sino ya perdía antes de empezar. Traté sobre todo de no mostrarme nervioso, creo que lo conseguí, ir con total tranquilidad, tampoco el otro extremo, de estar acelerado. Puse las dos manos separada sobre la mesa, me senté derecho, y cuando hablaba hice un par de movimientos con las manos, incluso pedí el expediente, busqué, me manejé con tranquilidad con él. No les levanté la voz, como mi vos es baja, y al profesor que hacía las veces de malo tenía dificultad para escuchar, eso le molestaba un tanto más, incluso hizo bajar la voz a los demás que estaban evaluando, que eran tres alumnos más con seis profesores, todos en la misma aula. En está cátedra es así, van más “docentes” que alumnos, arman tribunales de dos o tres, y comienzan con prácticas propias de policiales, uno hace las veces de malo y otro de bueno, tan patético como eso.
Estaba sentado en el asiento de los profesores, y podía verlos a todos que estaban a lo largo de un par de bancos contra la pared, incluso los dos que me evaluaban a mi no veían a los demás, porque estaban de espaldas a los otros. Así que me hacen algunas preguntas, empiezo a dar vueltas, eran tendenciosas, y yo que respondía en general, me dicen que busque un punto que ya previamente había mencionado. Antes de preparar mi expediente, había separado lo que venía junto.
Es decir, que eran dos Resoluciones y fotocopiadas estaba las dos juntos con el resto del material, por esa costumbre que tengo de separar todo, las había vuelto a fotocopiar, está vez, bien fotocopiadas y por separado, y así las agregué. Como ahora tenía que responder mal así me iba rápido, observo la Resolución sobre la que me pregunta y empiezo a buscar la respuesta en la otra Resolución, empiezo a dar vueltas sobre ese punto, estos señores sabían la respuesta, y sabían que mis respuesta eran equivocadas, y por mi parte les leída textual y mi respuesta era correcta pero a una pregunta inexistente, hasta que la profesora que hacía las veces de buena se da cuenta y me señala que estaba en la Resolución equivocada, bien, pasó me disculpo por mi “error”. Superado este punto, pasan al segundo, me pregunta por un fallo, les comienzo a responder teóricamente y ellos querían los hechos, les empiezo a hablar de los hechos a medias y les digo como fue resuelto el otro fallo que acompañaba a ese, ya miran con cara de pocos amigos, frente al error, y ahí les digo que me confundí con el otro fallo. Ya esperaba me dijeran que me vaya pero tenían voluntad de seguir. Lo que siguió después fue fantástico. Me preguntan por mi parcial, o no lo habían visto o lo habían pasado por alto, o se hicieron los descuidados, lo cierto es que el parcial no estaba señalado como lo demás, lo empiezo a buscar hasta que lo encuentro. Me preguntan por la nota y les contesto. Resulta que tenía dos notas para una solo examen. Se sorprenden y me preguntan si había pedido revisión de examen, les contesto que no y me preguntan porque tenía dos notas, les respondo que fue lo que sucedió en el curso, me piden la mejora y les digo que no la hice. Y ya empieza a hacerse el molesto el que hacía las veces de malo, y comienzan a indagar por las mejoras, yo tenía una sola hecha de las como cinco que había que realizar, le digo que no las había hecho, que había cumplido con los requisitos formales, que no eran obligatorias. Le abro de una pasada el expediente ojeándolo y le digo que no había hecho ninguna, dándole a entender que como que no lo había visto cuando lo miró o se hacía el distraído. Me pregunta que había hecho mal y que haga la mejora en el momento, la mujer que hacía de buena miraba callada y el individuo que hacía de malo hace el comentario que esperaba, pero usted así no está para aprobar y sí, tiene razón, estoy de acuerdo con usted, alcanza a decir “pero le faltan las mejoras”, lo corté y le digo de la incoherencia “mi curso-ellos evaluando” y le digo que tiene razón, que no estaba aprobar, la profesora miraba con cara asombrada, le vuelvo a recordar que no estaba para aprobar, que él tenía razón, mirando fijo al profesor (hasta ahora, en la mayoría de las veces, salvo contadas excepciones, miraba a la profesor e ignoraba por completo la existencia del otro profesor), entonces interviene la profesora, y me dice que si pensaba recibirme (exactamente ¿qué te importa? voy a aprender, no a perder el tiempo con dos matones de esa cátedra), y le contesto que algún día me iba a recibir (efectivamente sucedió), me dice que bueno, que estaba ahí para aprobar la materia (la verdad que no, estaba ahí para desaprobar y cursarla en otra opción y si aprobarla, pero nunca ahí con dos miserias como las que ofrecía dicha cátedra para “enseñar”),  el digo que no, que ya había patinado dos veces, que tenía razón el "profesor"  y es el momento en que al profesor le cae la ficha, alcanzó a decir algo así como “pero, ah…” (el momento del click cerebral al al matón de la cátedra, una cátedra que se nutría de esta gente, a los profesores se los encontraba en las otras cátedras y había disponible más de 8 cada una con no menos de 15 o 16 profesores por comisión) y ahí se quedó inmutable, la mujer sonrió y el profesor dijo “bueno listo”, les pregunto si me podía llevar el expediente, me dicen que si (¿y para que lo querían? ¿para qué lo iban a querer que no fuera molestar a los alumnos? Pocos que llegaban a esa instancia), me devuelven el folio con el que lo tenía, me tomaron el nombre, los saludé y me fui. Fin.
Imagino, que esta dupla, como los restantes matones de esta cátedra, cuyo titular nunca aparece por ningún curso, pasaron a fin de mes a cobrar su salario, a pesar que no enseñan, fastidian, son anónimos, cobardes, gente que es mejor tenerlas lejos que cerca.
A como lo entiendo yo, profesores que desprecian la educación, no aprendí nada en la cursada en dicha comisión, y al final, lo podría haber pasado tranquilamente, con una noche dedicada a hacer todo lo del curso, estaba más completo que la mayoría de los que rendían, estos sujetos solo van a cobrar un sueldo, a mostrarse como los exigentes, a tratar mal a los alumnos, pero de enseñar, bien gracias, que se guarden el aplazo, el orgullo, su triste vida. No me costaba nada aguantar un poco que me sobren e irme aprobado, pero no me interesó. A fin de cuenta, la materia la aprobé, no sin antes aprender, y la cursada en dicha cátedra resultó en una pérdida de tiempo con estos inservibles a su cargo. La próxima vez ese pobre diablo lo va pensar dos veces, como el que dictó la cursada que “misteriosamente”, cambió su actitud de “malo” a “bueno”, son resentidos, canallas. En algún momento, todo vuelve y allá ellos, para ellos Siembra vientos, cosecha tempestades. Para mí, como decía una conocida sor, Presevera y triunfarás.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Taxista desatento.

Como curiosidad, cierta vez allá por el año 2007, a punto de cruzar caminando la Avenida Coronel Díaz, un turista, con su pareja, la cual llevaba un cochecito con un bebé en su interior, hace señas a un taxi para tomarlo, el taxi para, el taxista abre la puerta trasera del auto, el turista como que se agacha, no para entrar, asoma la cabeza, y habrán sido dos segundos, cierra la puerta y dice, con acento característico de algún lugar, "No, otro, no, no, otro". Ya para mis adentros me estaba preguntando que habrá sucedido. El taxista se inclina y vuelve abrir la puerta y le pregunta ¿por qué no?, el turista lo ignora con un gesto y vuelve a repetir "no, no, otro", en ese mismo momento hace señas a otro taxi que aún no había cruzado, de hecho mirando lo que sucedía yo no había cruzado. El otro taxi al que le hace señas, también para, y taxista anterior cierra la puerta luego de repetir otra vez ¿por qué no?, el nuevo taxi para, ve a la mujer y le pregunta al turista ¿el coche lo pones atrás o adelante? el turista responde en cualquier lado está bien, y el taxista comienza a mover el asiento.

Como tercero observador no puedo conocer la causa de la negativa del turista al primer taxi, pero intuyo que fue a desatención de mover el asiento para el cochecito del bebé, el primer taxista le fue indiferente la situación, y creo que el turista espera un gesto, fue lo único que note en diferencias, de hecho el primer taxi era mejor auto que el segundo, este último ni siquiera tenía apoya-cabeza delantero (cuando son obligatorios) pero el chofer fue más amable con el turista al que le dio la atención en lo concerniente al cochecito.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Similitudes entre una leyenda mitológica y una fábula antigua.

Encontré algunas similitudes entre una leyenda de la mitología griega y una fábula china, ésta última que leí en un libro propiamente de fábulas.

Se trata de la Leyenda del Rey Midas y la Fábula Difícil de Contentar. Ambas tratan de alguien que todo lo que toca se convierte en oro.

Primeramente voy a transcribir la Fábula Difícil de Contentar. Obra recopilada por Feng Menglong, de la dinastía Ming.

Un pobre hombre se encontró con un antiguo amigo en su camino. Este tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato quedó transformado en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste encontró que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El pobre hombre encontró que el regalo era aún insuficiente.
         - ¿Qué más deseas pues? – le preguntó el hacedor de prodigios.
         - ¡Quisiera tu dedo! – contestó el otro.


Y a continuación la Leyenda del Rey Midas.

El rey Midas, hijo de Grodinas, un campesino que había llegado al trono de Frigia por voluntad de los dioses, creció obsesionado por las riquezas. Por ello, cuando Dionisio (Baco), le ofreció un deseo por haber ayudado a Sileno, su compañero sátiro y borrachín, Midas le pidió que todo lo que tocase se convirtiese en oro. 
Todo iba bien hasta que sintió hambre. Cuando le trajeron comida ésta se convirtió también en oro... lo mismo sucedió con el vino, y tras el mismo resultado, Midas, espantado, le pidio a Dioniso que lo ayudase. El dios le dijo que se lavase en el río Pactolo, lo que eexplica el hecho de que aún en ese río haya polvo de oro en sus orillas.


Esta última es una versión muy reducida, para ampliar más sobre el Rey Midas visitar y leer el texto de esta web http://www.ecosdelheroe.com/leyendas_reymidas.html que lo explica muy bien.

jueves, 11 de septiembre de 2014

El Quinteto De La Muerte.

El Quinteto De La Muerte - 1955 - Alexander MacKendrick

Esta es una comedia negra, de crimen, y hasta si se quiere dramática. Las representaciones están bien realizadas. Se logran las risas con situaciones muy simples y burdas. Y diálogos elaborados. Es un viaje en el tiempo, los vehículos, las fachadas, la calle en general. El ambiente creado al lado de las vías, las oscuridad de la noche, el humo, el tren, los vagones de hierro, el vagón con carbón, las paredes viejas y negras por el hollín, y la representación de los ladrones, uno con la porra, los ojos pintados de negro, todo muy bien logrado. El título original de esta comedia británica es The Ladykillers, imagino que será algo así como los asesinos de dama, pero en el sentido de ser un Don Juan, alguien guapo que seduce a las damas,  aunque al español la titularon El quinteto de la muerte. Quien hace el papel de la señora Wilberforce, es una actriz de nombre Katie Johnson, dos años más tarde fallecía. Esta película fue su obra más importante, por su representación ganó el premio BAFTA a Mejor actriz británica, amén que la película también ganó el galardón a Mejor guión en la misma premiación, y obtuvo una nominación al Oscar. El papel del Profesor Marcus fue representado por Alec Guinness un reconocido actor de larga trayectoria. Y si bien es el más “intelectual” de la banda, la apariencia casi siniestra de personificación le dan un aire de suspenso que asusta, sus gestos y movimientos muy logrados. La casa está prolijamente cuidada solo que todo está un poco inclinado, desde la escalera hasta los cuadros, Marcus se sorprende y la Sra Wilberforce le contesta “-Mucho me temo me sea imposible ponerlos derecho, profesor Marcus, a causa de las conmociones”. – Marcus pregunta “- ¿Conmociones?” y ella le responde “- Sí, los bombardeos, todos están torcidos”.  Hay muchas situaciones que son muy graciosas, incluso hasta las más ridículas, o aquellas en las que aparece el crimen, que no necesita mostrar sangre para transmitir lo que quiere. El click se produce a partir del momento en que se descubre el hecho, y todo por una situación muy burda pero que ingeniosamente da un vuelco a la historia, y lo mejor que es que no pierde, sino que gana intensidad hasta el desenlace. Las situaciones insólitas llegan al punto que la viejita termina utilizando el lenguaje de los bandidos, “se que transporté la pasta para ustedes”, algo que repite frente a la policía. A quienes gustan del cine clásico, esta es una buena opción para no dejar de ver.


El Quinteto De La Muerte - 2004 - Ethan Coen y Joel Cohen

El comienzo de esta Remake no me gustó, prima el mal gusto, por sobre el suspenso, un primer plano de dos policías roncando y luego el primer plano de las suelas de los zapatos, no tiene ni gracia ni suspenso. La mujer gesticula mucho, muy sobreactuado. Muchas groserías en el lenguaje. Al menos los primeros 30 minutos me resultaron aburridísimos como para ser una comedia, no hay suspenso, no hay misterio, no hay humor. Las actuaciones dejan mucho que desear. La mujer, dueña de la casa, deja mucho que desear, muy sobreactuada, poco creíble. La actuación de Tom Hank es buena, es un actor talentoso, reconocido. La segunda mitad se pone un tanto más divertida, pero al mínimo, aburren los diálogos, las caracterizaciones, los acontecimientos por venir son sumamente previsibles, como remake no me gustó nada.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

The Big Runaround

The Big Runaround (1966) Gérard Oury


This movie is a World War II parody set in occupied France, where English pilots mix with members of the resistance—or with people who end up being persecuted simply for helping them. Consequently, one assumes they are resistance members, although another reading could be made, viewing it as the kindness of French citizens helping their neighbors in the face of the cruelty of German soldiers. The humor struck me as a bit crude, but ultimately it is a parody. It is a farcical film, with hilarious moments and some well-executed situations that steal a few laughs. Online reviews say that the movie was a hit in France, its country of origin.

martes, 9 de septiembre de 2014

The Fieldwork That Never Was

One of the courses turned out to have a unique characteristic: they wanted us to do a sort of fieldwork. This assignment was reflected in the submission of a term paper. Although it wasn't a course with strict professors, you still had to turn in the assignments, and as always happens, some did it with enthusiasm and others without—the usual. What you did have to do was put in the effort required for what could be called fieldwork, because it required being in contact with what you were studying, stepping out of the classroom, and bringing the abstract study down to reality. Despite this—from which one should learn and draw a lesson—I think many in the class found it extremely difficult to open their minds to the entry of knowledge. But that’s a minor point, because the purpose of this blog post was and is different.

We were looking at the topic of prejudice and the complicated situation of certain groups regarding sexual identity, and one of the fieldwork assignments consisted of attending a film festival (http://www.diversa.com.ar/2007/index_es.htm) that was, of course, centered on the theme. We had to choose a movie and complete a questionnaire they had previously handed out, which was tied to the reading chapters in the book. It didn't seem out of the ordinary at all—nor was it, really—except for the usual narrow-minded people. Basically, the shallow ones, or those who, despite studying prejudice, didn't quite grasp it or refused to let it go. So, under their breath, you could hear these vulgar groups saying, "We're not going to a fag festival," or similar things. That was their first unjustifiable objection, yet it was the first thing that came to mind for these people, who happened to be classmates. Of course, most of them ended up going anyway.

The second point was going in groups, as students. But let's see: if it was an international gay, lesbian, and trans film festival, how could a couple of young student classmates—or a pair of female friends from class—pass as regular moviegoers? Let's just say they didn't put much effort into thinking it through. Then there were those who went in larger groups, as if strength lay in numbers—I don't know, six or seven of them would watch the same movie and then consult each other to figure out what to write. More than learning, they were interested in hiding. Hiding from what? From other people's judgment, from "what people will say." And who was going to see them if that was what bothered them so much? But anyway, prejudice is deeply ingrained; I think some people have very little personality or a weak character.
There was a girl who commuted from outside the city. I could have understood it, I suppose, if the trip bothered her, because traveling is inconvenient when you live far away, work, and take other classes, etc. This girl complained a bit, but in the end, she did everything quietly. There was another girl who was advised: "If it seems too complicated, watch a documentary." But she ignored the advice and watched a short film instead. She was the first to do so, so she had the chance to present it in class (since the festival lasted a week). As expected, she didn't understand a thing. If I remember correctly, there were two of them who experienced this. They went together and decided to go back again. Well, good for them—"He who buys cheap, buys twice," and "No one can plead their own ignorance." They were warned, didn't listen, and learned the hard way the second time.

Since it was a large class, there was a bit of everything, and there are still three more cases left to analyze. The simplest one is those who went, did the assignment, and moved on—no fuss, just did what they were supposed to do, period.

Another group—which could be called "the least clever among the clever ones"—realized something: one of the movies was already being sold bootlegged or rented at video rental stores. So they took the easy way out, using the simplest logic in the world: "We rent the movie, watch it, and do the assignment—as simple as that—and the professor will never know." Inwardly, I imagine they said to themselves with satisfaction, "Look how smart we are." Of course, the professor would never know unless someone told them. But when I say "the least clever among the clever ones," I mean a case where the person telling the professor was themselves, not a third party. And that’s exactly what happened: they brought it up right in the middle of class. I wonder, "If you planned to act that way, wouldn't it have been better to keep it quiet?" Whatever the case, this group exposed themselves, and their assignments ended up under extra scrutiny due to the possibility they had openly mentioned. Even so, like brave front-line soldiers, some of them went through with the scheme. Even though they passed—thanks to the generosity of the teaching assistant—the head professor commented that it was an inevitable outcome that always happened.

The last case left to mention is my own. I am no smarter than anyone else, so I will add myself to the "least clever among the clever ones" group, with a slight variation. First difference: I kept quiet about it. Second: I searched for the festival's movies online. I actually found them—not all of them, just three. Two of them had very few seeders/download sources, while the third was widely shared. Out of all the screened movies, only three were available online, and the one with plenty of sources was the same one mentioned by the guys I noted earlier. Without knowing about them, but guessing someone would do the same as me, I leaned toward downloading one of the two difficult ones. That’s how I ended up watching the first one that finished downloading. It turned out to be a drama dealing with lesbianism called The Gymnast—a heavy, slow, and completely boring movie with very little worth saving, in my opinion. I submitted the assignment, and it was approved.

The teaching assistant—a young woman... usually, they get assigned something to grade, and with a stern face, they give you an average grade to balance things out based on their perception of the students (this is pure speculation on my part). This TA didn't fail anyone, but she didn't give high grades either. In my experience, it's always better to avoid female TAs. For whatever reason, they always come out with knives out. If possible, it's better to deal directly with the head professor—even if she is a woman, as they tend to be less demanding than female TAs—or failing that, go with a male TA. Again, this isn't very scientific and is based solely on my own limited experience.

The image corresponds to the ticket stub that the cinema actually should have kept. What I did was, once I downloaded the movie, I went to the theater, bought a ticket for the movie I had downloaded, tore it, and stapled the corresponding stub to the assignment I handed in.

Up to this point, it's a nice (or ugly and boring) story, but if I first question the issue of prejudice, why didn't I go? This is where the core issue lies—something no one raised in class, not even me, though it would have been a good excuse (not because it was what went through my mind to justify my behavior, including the risk of being caught, but because another professor brought it up a couple of classes later regarding a different fieldwork assignment).

To analyze this part, we have to look back at what the professors themselves said before the festival and the paper began. On the one hand, they raised the whole issue of prejudice and stigma, and how the affected groups were victims (I'm speaking in general terms here, as the point isn't to elaborate on the topic), which makes you think about the conflict surrounding this social group. On the other hand, we were required to do an assignment using a movie from a film festival—not for the movie itself, but to "experience the environment," to "see how a gay, lesbian, and trans film festival runs," to "see the people who attended," to "interact with the crowd visiting the festival," etc.

This immediately struck me as inappropriate. They had reduced these people to the category of objects. It was no longer about studying the situation where the conflict arose, but about observing these people. It was no longer about going into the middle of the issue (for example, going to the Rose Garden to gather the perspectives of trans women and neighbors—a clear situation of tension); instead, we were faced with going to inspect "the environment." I wondered if we were supposed to sniff around to see if there were expensive perfumes or body odor, or if we were going to see if some abnormal creature with three heads and eight legs would show up. Something didn't add up; the movie was pushed to the background, placing "the environment" front and center.

I think the professors put themselves in a tricky spot, because by studying prejudice, they almost fell into it themselves—despite trying to convey something that, admittedly, is difficult for students to encounter on their own in daily life. Regardless, I don't rule out that the professors had a valid justification.
Luckily for me—and unluckily for others—it turned out to be a somewhat different festival, with few attendees and a few drawbacks, like a lack of organization for some movies. Some films were even difficult to analyze because of their limited scope, to which the solution came from the TA, who said, "All we need now is to make it up"—the only problem being she said it after the papers had already been turned in.

In conclusion: if it was about analyzing a movie, it was better to pick a good, useful one and focus on that. If it was about seeing the studied topic in practice, students should have been sent to the site of the conflict—even with the risk that a student might get hurt, which can always happen. But getting to know "the environment" at a film festival felt rather strange.


(originally posted on 10/24/2007)