Las fronteras de la ciencia. Entre la ortodoxia y la herejía.
Me topé con Las fronteras de la ciencia de Michael Shermer casi por casualidad en una librería, atraído primero por su estética, lo primero que me atrajo fue su tapa y contratapa: el resumen prometía un recorrido interesante. Al final, cumplió sobradamente.
Es un libro que genera opiniones divididas. He leído críticas en plataformas como Goodreads donde se le cuestiona su falta de linealidad o una supuesta dificultad para transmitir sus tesis centrales. Es cierto que no es una lectura "fácil" en el sentido tradicional; el autor salta de temas medio complejos —como la demarcación entre ciencia y pseudociencia, o la distinción entre teorías revolucionarias y evolución científica— sin seguir un hilo conductor rígido. Sin embargo, creo que esa complejidad es, en realidad, una virtud. No intenta simplificar lo que, por naturaleza, es intrincado. Shermer salta de la cuestión de qué es ciencia y dónde están sus límites, a debates sobre teorías revolucionarias y su impacto, lo que exige al lector un esfuerzo adicional de comprensión.
Lo que más destaco es cómo Shermer, siendo cofundador de la Sociedad de Escépticos, no cae en la trampa de adoptar una postura dogmática. Lejos de condenar sin matices la pseudociencia, su enfoque es mucho más humano y, por momentos, irónico: examina cómo grandes figuras de la ciencia —Newton, Copérnico, Wallace— estuvieron influenciadas por prejuicios, conservadurismo o inclinaciones que hoy consideraríamos irracionales. Nos obliga a preguntarnos hasta qué punto el científico, que debería ser un modelo de objetividad pura, está en realidad atravesado por la moral y los prejuicios de su época.
El recorrido del libro es bastante heterogéneo, y esto me permitió redescubrir historias que ya conocía bajo una nueva mirada que las cuenta. Uno de los capítulos que más me atrapó fue el dedicado a Alfred Russel Wallace. Es fascinante ver cómo una mente brillante se adentra en el espiritismo, muy de moda en su época, un fenómeno que, si bien Shermer no menciona explícitamente en ese fragmento, conecté inevitablemente con la figura de Arthur Conan Doyle, quien también osciló entre el rigor científico y la fascinación por lo oculto. Del mismo modo, el análisis sobre el fraude de Piltdown, un recordatorio de cómo la ciencia, pese a sus tropiezos, tiene mecanismos de autocorrección, o los breves pero agudos ensayos sobre el "mito de Amadeus" y el "mito del pueblo perfecto" ofrecen una mirada histórica que va más allá de la ciencia dura para entrar en lo antropológico y lo cultural.
La lectura no siempre es fácil de seguir, ofrece un mosaico de historias y reflexiones. Shermer no condena de manera tajante la pseudociencia, sino que muestra cómo incluso grandes figuras como Newton o Wallace tuvieron inclinaciones hacia ella. Esa tensión entre audacia y escepticismo, entre creatividad y rigor, es lo que da vida a la obra.
En definitiva, me costó un poco leerlo, no tanto por las 440 páginas —de las cuales unas 380 son contenido real y el resto referencias—, sino por la densidad de sus planteamientos. Es un libro que no se agota en sí mismo; funciona más bien como una puerta de entrada, una red de textos que invita a profundizar en otros autores y obras. Para alguien que valora el escepticismo y la duda constante como herramientas, Las fronteras de la ciencia es una pieza valiosa: nos recuerda que la ciencia es un proceso humano, lleno de fisuras, incertidumbre y, a veces, errores que terminan siendo parte del camino hacia el conocimiento.
La cita del autor que dice "Los escépticos, que tanto abundan en la ciencia, necesitan que cierta audacia modere su escepticismo. Cuando un herético se encuentra con un escéptico surge un científico creativo."
Delimitando por un lado el peligro del escepticismo puro y por otro el riesgo de caer en las pseudociencias. En el fondo está el problema de la medida. El problema que cruza a todas las ciencias, aunque en las humanísticas es más bien de tipo metodológico. Justamente la "frontera" de la que habla Shermer en el título, es literalmente, el lugar donde nuestras herramientas de medición dejan de ser precisas. La imposibilidad de una medición perfecta. La medición aparece como un símbolo de la tensión: necesaria para validar, pero insuficiente para decidir por sí sola qué entra o no en el corpus científico.
Me resulta valioso que el libro incluya un índice analítico y onomástico, una herramienta que valoro mucho en este tipo de libros. Es un texto densamente poblado de autores, conceptos y referencias cruzadas, que estos índices son muy útiles para ir y volver.
Las fronteras de la ciencia no es un libro sencillo ni lineal, pero sí estimulante. Obliga a pensar en la ciencia no como un bloque cerrado, sino como un territorio en disputa, atravesado por prejuicios, moral y conservadurismo, pero también por genialidad y apertura. Es un texto que invita a profundizar en otros autores y temas, y que deja la sensación de haber recorrido un mapa complejo, lleno de fronteras y cruces inesperados.


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