En mi última pasada por la vereda del Ecoparque, tuve la suerte de encontrarme con una habitante muy especial: una zarigüeya o comadreja overa (Didelphis albiventris). Logré fotografiarla justo cuando se acercaba a lo que parecía ser su zona de alimentación.
Recordé que hace años, en el Jardín Botánico, era común verlas cerca de las rejas porque la gente les llevaba comida. En esta ocasión, aunque también había un comedero, la ubicación sugería algo distinto: los cuidadores parecen dejarles alimento en zonas estratégicas, alejadas del bullicio de los visitantes pero visibles para los peatones curiosos que pasan por la calle.
El dilema de nombrar lo nuestro: ¿Cómo le decimos?
Entre los "puristas" de nuestra región y algunos sectores académicos, existe una tendencia a corregir con severidad a quien dice "zarigüeya". Para muchos, defender el nombre de comadreja overa es casi una cuestión de identidad local.
Sin embargo, este debate lingüístico no es un error, sino una muestra de nuestra riqueza histórica. Ambas palabras tienen "derecho de piso" por razones muy distintas:
1. Zarigüeya: La voz de la tierra.
• Origen: Proviene del tupí sariwé.
• Historia: Fue el término que los cronistas europeos registraron en el siglo XVI al explorar las costas de Brasil y Paraguay.
• Identidad: Es la palabra creada específicamente para este animal por quienes convivieron con él desde siempre.
2. Comadreja: El préstamo del Viejo Mundo.
• Origen: Deriva del latín commater (comadre).
• Historia: En España, este nombre designa a la Mustela nivalis (un pequeño carnívoro europeo).
• Curiosidad: Al llegar al Río de la Plata, los colonos aplicaron este nombre a nuestro marsupial (Didelphis albiventris) por un vago parecido físico, aunque no tienen parentesco alguno.
¿Cuál es la palabra "original"?.
Todo depende del cristal con que se mire:
Por antigüedad léxica: Gana comadreja, pues ya existía en el castellano medieval siglos antes de la conquista.
Por precisión histórica: Gana zarigüeya, ya que es el nombre propio del animal, nacido de una lengua americana para un ser americano.
Dato curioso: Mientras en el sur nos debatimos entre estas dos, en México manda el tlacuache (del náhuatl tlacuatzin), demostrando que nuestro continente es un mosaico de nombres para el mismo marsupial.
Conclusión: Enriquecer en lugar de denigrarl.
Si bien en el Cono Sur el término "comadreja" se arraigó con tanta fuerza que desplazó al nombre indígena en el habla cotidiana, rechazar el uso de "zarigüeya" es ignorar la raíz etimológica del animal.
Utilizar ambos vocablos no es un error de léxico; es un ejercicio de memoria cultural. Al final del día, llamar a nuestra vecina nocturna por sus distintos nombres no hace más que enriquecer nuestro lenguaje y reconocer las capas de historia que nos definen.
Ruta con fotos en Wikiloc:
https://es.wikiloc.com/rutas-observacion-de-fauna/caminata-por-palermo-caba-zarigueya-comadreja-overa-262006547

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