viernes, 17 de abril de 2026

Cómo escribo mis entradas para el blog en tiempos de inteligencia artificial

 

El texto intermedio: reflexiones de un bloguero en la era de las IAs

Últimamente vengo reflexionando sobre la dinámica de mi escritura en este blog y en las crónicas de mis recorridos en plataformas como Wikiloc. Vivimos en una época en la que, del 2022 en adelante, las inteligencias artificiales se han instalado en el cotidiano. El común de la gente las usa como entretenimiento pasajero, para hacer memes simples o imágenes de pura apariencia. En el otro extremo, están los profesionales avanzados o expertos que las aplican con razonamientos profundos para trabajos de alto nivel. 
Entre ambos extremos queda un limbo, un nivel medio. Yo, como profesional universitario al que le gusta escribir, solo escribo de manera general a un público universal, trato de caer lo menos posible en la simpleza de las redes virales como TikTok, Facebook o Instagram (las que no condeno, también soy parte de ellas) y entiendo perfectamente que no estoy en un nivel alto, nivel de las revistas especializadas, los papers académicos o los artículos de opinión de diarios con lineamientos editoriales rígidos. Transito un amplio camino intermedio. Muchos somos los que estamos allí, alejados de la masividad, pero fuera del grupo selecto de los avanzados. Es un espacio personal, reflexivo, con cierta densidad conceptual, destinado a un público general sin saber quien será el que llegue al escrito. 
Como no reniego del avance tecnológico ni pretendo generar esa resistencia estéril que a lo largo de la historia ya sufrieron la imprenta, la radio, la computadora o el paso de la pluma al bolígrafo y los procesadores de texto, adopto las herramientas disponibles. Uso la tecnología para favorecer la redacción, porque funciona, porque permite más intentos, porque reduce la fricción técnica. Sin embargo, el desafío crucial —y mi único foco de control— es mantener la autenticidad y la voz tonal propia. 


Mi método en el laboratorio de escritura: observación del fenómeno contemporáneo

Más que ocultarlo o exagerarlo, me interesa observar cómo estas herramientas empiezan a modificar también la escritura cotidiana. Mi dinámica con la IA no consiste en pedirle "redáctame un texto". El entorno contemporáneo y la producción intelectual son híbridos, acumulativos y dependientes de herramientas anteriores; nadie escribe "solo", siempre han existido influencias, editores, tecnologías y contextos. 
En mi caso, la exposición sigue siendo enteramente humana porque hay una implicación real, lo que Nassim Taleb llama skin in the game (jugarse el pellejo). Aquí hay algo propio en riesgo:

•    Las caminatas son mías: Si realizo 200 caminatas, la palabra "caminata" va a aparecer casi las mismas 200 veces. Los datos los tomé yo, la captura de pantalla es mía, el archivo GPX que subo es mío y las notas de observaciones sobre el camino son mías. Lo mismo se aplica a la lectura de un libro, una búsqueda o la edición de un slideshow, como para mencionar algunos ejemplos.
•    La experiencia empírica es real: La vivencia personal es un hecho, un proceso que la máquina jamás podrá ver ni experimentar. El blog lleva mi identidad y, por consecuencia, el eventual ridículo o la crítica también recaen sobre mí. 
•    La herramienta como ensambladora: Uso la IA como redactora, armadora y compaginadora de ese material bruto. Lo que antes me costaba tres, cuatro o cinco días de búsqueda manual en quince pestañas diferentes del navegador, hoy se resuelve en un par de horas o incluso en minutos. Me manejo con unas seis herramientas al mismo tiempo, dejando el mayor peso en la revisión final y las relecturas posteriores. 
Cualquier lector entrenado puede intuir el uso de la IA. Se nota en la popularización de ciertos términos que antes pertenecían a nichos específicos (como la palabra alucinación en la psicología o el uso constante de vibrante) y que ahora las IAs imponen en cualquier contexto. Las IAs tienden naturalmente hacia estructuras promedio, estilos promedio y vocabularios repetidos; generan el peligro de la homogeneización y la estandarización masiva. Las IAs habitan en Mediocristán (donde los extremos se diluyen y todo converge a la media).
Quizás por eso me interesa conservar ciertas repeticiones, desprolijidades o formas personales de redactar. No por una búsqueda de pureza romántica, sino como rastro de la experiencia, manteniendo pequeñas irregularidades e imperfecciones humanas como señales de realidad frente al lenguaje estéril de la máquina. Las imperfecciones sobreviven porque contienen señal real; lo perfectamente optimizado es frágil frente al paso del tiempo.
En el pensamiento de Taleb, lo que es perfectamente liso y promedio no resiste el paso del tiempo; muere por falta de adaptación. Conservar los "vicios" de escritura no es solo un rastro de experiencia, es lo que permite que el texto tenga convexidad (potencial de destacar o conectar profundamente con alguien, precisamente por no ser igual al resto).
 

La validez del resultado y el escepticismo frente a las narrativas puras

En el ámbito profesional o académico se juega bajo otras reglas y exigencias, y allí suele aclararse cada asistente utilizado por cuestiones de estatus o normativas. Pero en el ensayo personal y en el mundo amateur, las prioridades son distintas. Es común escuchar que en este género lo que importa es la potencia de la idea final y no la pureza de la cocina de redacción. Sin embargo, ese resultado es solo la piel; la carne sigue siendo la experiencia empírica irreductible. El texto pulido mediante IA es una extensión de lo que antes hacían los correctores, editores o asistentes en la literatura tradicional.  El resultado final solo es válido porque está anclado en un hecho físico indestructible (ej. la caminata). La IA refina la superficie, pero la sustancia (el riesgo de haber estado ahí) no se puede falsificar. Si el resultado final es bueno, es porque cosméticamente traduce una verdad, no porque la simule.
Escribo esto porque el fenómeno ya forma parte del proceso mismo de escritura y porque resulta más interesante observar cómo modifica la relación entre autor, herramienta y lector que fingir que no existe. Considero este blog como un laboratorio de escritura. Quien fabrica un medicamento o un alimento utiliza herramientas mecánicas complejas y el consumidor final sólo recibe el producto final, sin que nadie piense que surgió por arte de magia. Aquí pasa lo mismo. 
Taleb suele desconfiar muchísimo de quienes ocultan los mecanismos detrás de una producción intelectual para sostener una falsa imagen de genialidad pura, individual y casi mística. Exponer de manera descriptiva el proceso reduce el riesgo de quedar atrapado en una ficción de autenticidad absoluta.
Ante la pregunta de si el espectador debe concentrarse en la idea o en el proceso, elijo una postura híbrida: ambas opciones son válidas. 

1.    El proceso como guía: Compartir cómo hago las cosas puede servir para que otra persona con curiosidad, pero sin herramientas, asimile el procedimiento, mantenga su espíritu crítico y lo replique a su manera con sus propios vaivenes. No se trata de "decirle a la IA que haga todo" y publicarlo como propio. 
2.    La idea final: Si el lector ya conoce el proceso o no le interesa, puede ir directo al grano, quedarse con la idea final compartida y el redondeo del texto. 
3.    Lo subyacente: Quedará siempre un tercer aspecto, aquello que no se dice explícitamente y que queda abierto a la reinterpretación y al azar de los poquísimos lectores que decidan ir más lejos. 

 

El juicio humano como ruido estadístico

Los seres humanos construimos relatos causales después de los hechos para darle sentido a situaciones que en realidad están atravesadas por el azar, la contingencia y la imprevisibilidad. Por eso, el apartado de las opiniones ajenas puede abordarse desde una perspectiva probabilística.
Intentar anticiparse a las críticas es inútil en un entorno aleatorio. Probablemente algunos lectores desvaloricen cualquier texto atravesado por herramientas automáticas, independientemente de su contenido. Otros harán exactamente lo contrario. La reacción del lector es soberana pero incontrolable: el lector reaccionará de maneras imposibles de predecir; las críticas surgirán igual; algunos te acusarán aunque expliques todo y otros confiarán aunque no expliques nada. La percepción ajena es, en el fondo, ruido estadístico de la época. 
El valor real de un texto termina emergiendo más por su resistencia al tiempo que por la pureza declarada de su procedimiento. Delegar parte de la velocidad de redacción a la máquina reduce el costo de publicación y aumenta la cantidad de intentos. La escritura también funciona mediante variación y selección. Al delegar la carpintería básica del lenguaje a la IA, uno se quita de encima el peso muerto de la fricción técnica y asume el rol de un bricoleur: un experimentador que opera con opciones de bajo costo.
Aquí es donde entra en juego la opcionalidad. Reducir el costo de producción permite multiplicar los intentos: la mayoría de los textos fracasará —una pérdida pequeña, casi nula—, pero no hace falta una tasa alta de éxito cuando el costo marginal de publicar es bajo y la posibilidad de una ganancia asimétrica (que un escrito resuene con fuerza inesperada) permanece abierta al azar.
Es preferible desconfiar de los purismos retrospectivos y enfatizar la experiencia empírica real por encima de la pureza metodológica declarada. Las herramientas cambian constantemente. Lo único relativamente estable sigue siendo la experiencia concreta sobre la que uno escribe, incluso cuando el lenguaje, la técnica y los procedimientos empiezan a mutar.

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