sábado, 2 de mayo de 2026

Palermo a pie: una crónica entre naturaleza, historia y swing

 
Caminar por las calles de Palermo es, para mí, mucho más que un ejercicio físico. Es una experiencia sensorial y social; un momento donde el cuerpo se mueve por el espacio verde mientras la mente se abre al entorno. Esta vez, el registro digital convirtió el paseo en una memoria cuantificada, pero son las fotos y los detalles del camino los que lo devuelven al plano emocional.
Hice un recorrido circular, una suerte de anillo verde con tramos rectos y curvas suaves, perfecto para mantener un ritmo constante. Empecé y terminé en el cruce de Güemes y Thames. Bajé por Av. Intendente Bullrich, conecté con Av. Dorrego y crucé por la senda central de la Plaza República de Haití. Caminé Av. Dorrego hasta el final, regresé por la vereda contraria y me interné en las curvas de la Av. Belisario Roldán para desembocar en la Plaza Doctor Apthorp Gould, donde descansa el Planetario. Las cifras finales reflejaron una actividad aeróbica moderada (un buen city-trekking o cardio LISS), ideal para mantener la salud cardiovascular y la claridad mental.
Pero lo verdaderamente rico de este senderismo urbano es lo que uno se cruza en el camino. Aquí les comparto los retazos de historia, botánica y arquitectura que capturé en el trayecto:
 

Retratos de la naturaleza en otoño

•    El Roble Americano (Quercus rubra o Quercus palustris): Me detuve a observar un ejemplar imponente, muy usado en nuestros parques porteños. Sus hojas, de lóbulos profundos y terminaciones puntiagudas, estaban en plena transición otoñal: un degradé de verdes, amarillos, ocres y bronces apagados, típicos de mayo antes de la caída.
•    Gomero (Ficus elastica): Registré una hoja en etapa de brote joven, brotando directamente del tronco.
•    Bignonia Rosa (Podranea ricasoliana): Una trepadora vigorosa que trepaba con fuerza, llamándome la atención por sus flores en forma de trompeta rosa intenso con vetas purpúreas en el interior.

Arquitectura, mitos y reciclaje urbano

•    Jardín de Infantes "Mitre": Pasé por su emblemática fachada neoclásica de los años 30, fundada bajo la dirección de Marina Margarita Ravioli (que funciona como el departamento de experiencia pedagógica del Profesorado "Sara C. de Eccleston"). Me causó mucha ternura ver los antiguos carteles en collage que todavía se conservan de los egresados de 2017.
•    Servicio Meteorológico Nacional (SMN): Un dato arquitectónico curioso que me encanta: gran parte de su predio no se construyó desde cero. Fue un enorme proyecto de reciclaje y refuncionalización de viejos talleres y depósitos del Ministerio de Defensa para unificar las dependencias.
•    Bulevar Guillermo Barbieri: Ubicado justo en la intersección de Av. Dorrego y Av. Del Libertador, rinde homenaje al emblemático guitarrista y compositor de Carlos Gardel, fallecido en el trágico accidente de Medellín en 1935.
•    Monumento a la Colonia Suiza (1913): Una obra hermosa de Paul Amlehn donada para el Centenario de la Revolución de Mayo. Me quedé analizando su simbolismo. En la cima de granito, Guillermo Tell sobre un caballo indómito junto a una figura femenina que personifica a la Argentina (la Unión y la Libertad). En la base, sobre un globo terráqueo de bronce que descansa en olas talladas (el Atlántico), las figuras desnudas de Helvetia y Argentina se abrazan en señal de concordia.
Deporte y un cierre con swing
Siguiendo el mapa, crucé el Puente Peatonal Dorrego y pasé por el cartel del antiguo Velódromo, hoy reconvertido en parque de juegos. Al lado me encontré con el Parque de Voley Playa de la Ciudad, un predio público impecable. Sus cuatro canchas de arena artificial tienen nivel internacional, con un sistema de drenaje profundo que evita el barro post-tormenta e iluminación LED para el juego nocturno. Me gustó ver el cartel que recuerda su principio de uso comunitario: las canchas son para compartir, no se permiten partidos privados si hay gente esperando.
En los sectores parquizados del lago, pasé por el monolito en relieve que homenajea a Galileo Galilei y me topé con el festival "A Cielo Abierto", un encuentro gratuito de divulgación científica y cultura.

Jivers.

Me quedé a escuchar un par de canciones de Jivers, un cuarteto que recrea a la perfección el espíritu del swing de los años 30 y 40 con instrumentos tradicionales como el banjo, la tuba y el washboard, pero con una frescura muy moderna. Un cierre acústico perfecto para una travesía activa pero profundamente contemplativa.
Para coronar la caminata, subí por Av. Sarmiento hacia el final del recorrido.

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