jueves, 16 de julio de 2026

Pocas cosas imposibles: medios, constancia y la condición del logro

 

"Hay pocas cosas imposibles por si mismas, generalmente no nos falta la constancia para obtenerlas, sino los medios". 
François de La Rochefoucauld


Introducción

El debate sobre los límites de la realización humana oscila perpetuamente entre la limitación de la materia y la flaqueza del espíritu. Ante este dilema, la sabiduría popular suele recurrir a frases pulidas que buscan zanjar la cuestión con elegancia. Sin embargo, al desarmar las ideas, descubrimos que lo que parece una simple disputa léxica encierra una compleja tensión filosófica entre la estructura y la agencia.
«Hay pocas cosas imposibles por sí mismas; generalmente no nos falta la constancia para obtenerlas, sino los medios.» Esta sentencia, atribuida a François de La Rochefoucauld, condensa una de las preguntas más persistentes de la reflexión moral: ¿qué separa realmente al hombre de sus empresas? ¿La escasez de recursos o la debilidad de la voluntad?
La pregunta no es menor. Según se responda, se carga el acento sobre la estructura o sobre la agencia, sobre el mundo que condiciona o sobre el sujeto que decide. Este ensayo examina primero lo que La Rochefoucauld dijo en realidad, luego reconstruye las dos posturas que la máxima suscita, y finalmente las confronta con sus críticos, sus escépticos y sus antípodas filosóficas, para proponer una lectura en la que medios y constancia no son rivales, sino términos de una relación circular.


I. Lo que dijo realmente La Rochefoucauld

Conviene comenzar por una precisión filológica. La máxima pertenece, en efecto, a La Rochefoucauld y aparece en sus Máximas (1665), concretamente la número 243, cuyo texto original reza:
«Il y a peu de choses impossibles en elles-mêmes; et l'application pour les faire réussir nous manque plus que les moyens.»
(«Existen muy pocas cosas imposibles por sí mismas; y, antes que los medios, lo que nos falta para ejecutarlas es la aplicación.»)
El matiz es decisivo. La versión popularizada en español invierte el sentido del original: mientras la cita de circulación corriente afirma que faltan los medios y sobra la voluntad, el texto francés sostiene exactamente lo contrario: lo que falta es l'application —la aplicación, el esfuerzo sostenido, la atención disciplinada— y no los medios. La Rochefoucauld se sitúa, pues, del lado que responsabiliza al individuo y no a la escasez.
Esta posición es coherente con su figura intelectual. La Rochefoucauld no fue un filósofo académico sistemático, sino un moralista francés del siglo XVII, culturalmente próximo al jansenismo, movimiento agustiniano dentro del catolicismo que subrayaba la corrupción humana tras la caída y la inutilidad de las virtudes puramente humanas sin la gracia divina. Su psicología moral gira en torno al amour-propre (el amor propio): las virtudes humanas —la generosidad, el valor, la fidelidad— son casi siempre máscaras del egoísmo, la vanidad o el interés. De ahí su pesimismo antropológico radical y su lucidez desencantada: el ser humano se engaña a sí mismo creyendo que actúa por nobles ideales cuando lo mueven sus pasiones.


II. Las dos posturas: la estructura contra la agencia

Leída en su forma popular, la máxima enfrenta dos interpretaciones contrapuestas.

La falta de medios

Esta perspectiva sostiene que el deseo y la voluntad están presentes, pero que la realidad material impone límites. Por mucha constancia que tenga una persona, no puede construir un puente sin materiales ni estudiar una carrera sin acceso a la educación. La situación socioeconómica, el entorno geográfico o el tiempo disponible actúan como barreras reales que la mera intención no derriba. El éxito depende, en gran medida, de las herramientas y oportunidades disponibles.

La falta de constancia

La postura contraria —que es, recordémoslo, la del texto original— argumenta que los medios se construyen o se encuentran cuando la constancia es suficiente. La verdadera persistencia implica buscar, crear o adaptar los recursos a lo largo del tiempo. La escasez inicial agudiza el ingenio; el foco a largo plazo compensa la falta de arranque. Quienes abandonan suelen culpar a los medios, cuando en realidad les faltó la disciplina para sostener el esfuerzo el tiempo necesario.
Cada postura atina, a su modo. La primera desmitifica el «querer es poder»: reconocer el peso de los medios previene la culpa injustificada cuando la pobreza, las limitaciones físicas o la falta de acceso a la educación imponen techos reales. Sin base material mínima, la constancia se convierte en esfuerzo desgastante contra un muro inamovible. La segunda, en cambio, advierte que considerar los medios como algo dado conduce al conformismo: la constancia no es repetir una acción en las mismas condiciones, sino un proceso dinámico de aprender, negociar, desarrollar habilidades y construir paulatinamente los recursos que no se tenían.


III. Síntesis: una relación circular

Más que posturas excluyentes, ambas representan dimensiones complementarias del logro. Los medios establecen el punto de partida y la viabilidad inicial: determinan la velocidad, el esfuerzo requerido y la probabilidad objetiva de éxito. La constancia determina la trayectoria y la sostenibilidad: transforma el potencial en realidad y se encarga de buscar o maximizar los medios disponibles.
En la práctica, la relación entre ambas es circular: la constancia permite acumular o crear medios, y la posesión de medios facilita la continuidad del esfuerzo. La clave no reside en la primacía absoluta de uno sobre el otro, sino en la capacidad de evaluar con realismo los medios disponibles mientras se mantiene la disciplina para expandirlos.


IV. Los críticos de La Rochefoucauld

Las Máximas generaron controversia desde su publicación por su visión desmitificadora de la naturaleza humana.
Jean de La Bruyère y los moralistas tradicionales consideraron que reducir la entera complejidad de la virtud al interés propio era un reduccionismo excesivo. Entre los ilustrados, Voltaire admiraba la concisión estilística de sus frases pero criticaba su pesimismo radical por paralizar la acción social y desestimar los avances morales de la humanidad. Rousseau, por su parte, rechazaba que la inclinación natural del hombre fuera el egoísmo frío: la sociedad corrompe una bondad natural subyacente. Nietzsche, admirable y crítico a la vez, aceptó el diagnóstico sobre la falsedad de la moral tradicional, pero lo juzgó sintomático de una psicología «decadente» o resentida, heredera del pensamiento judeocristiano y jansenista.


V. Las reservas de los escépticos

Frente a la afirmación de que «pocas cosas son imposibles en sí mismas», la tradición escéptica —del pirronismo antiguo al empirismo de David Hume— plantea objeciones estructurales.
Primero, la ilusión de omnipotencia: sostener que casi nada es imposible es una fe infundada en la capacidad humana; la realidad impone límites físicos, biológicos y lógicos que ni la voluntad ni los medios disuelven. Segundo, el sesgo de supervivencia: registramos los casos excepcionales donde la perseverancia venció a la adversidad e ignoramos a la inmensa mayoría que, con aplicación y medios máximos, fracasó por azar o factores estructurales. Tercero, la suspensión del juicio (epoché): es imposible determinar a priori si el factor determinante fue la falta de medios, de constancia o simplemente la fortuna (tyché); atribuir el éxito o el fracaso a una sola variable es un dogma infundado.


VI. Las antípodas: estructura y causalidad

Dos corrientes mayores sitúan en el extremo opuesto de la máxima.

 

El determinismo estructural y socioeconómico: Marx y Bourdieu

Para el materialismo histórico de Karl Marx, la premisa de La ideología alemana lo resume de forma taxativa: «No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia». Las relaciones de producción, los recursos y la clase social condicionan y delimitan las leyes, la moral y la percepción misma del mérito. Sin acceso a los medios de producción o al capital, el esfuerzo individual se reduce a la venta de fuerza de trabajo para la subsistencia. Marx sostendría que la idea de que «falta aplicación o constancia» es un mecanismo ideológico que responsabiliza al individuo de su suerte, invisibilizando la desigualdad de clase subyacente.

Pierre Bourdieu profundiza esta crítica en el terreno sociológico y cultural. Su noción de habitus designa el sistema de disposiciones duraderas que los individuos interiorizan mediante la socialización primaria: la capacidad de sostener el esfuerzo, la tolerancia a la frustración o la disciplina académica no son atributos mágicos del alma, sino esquemas grabados por la experiencia de clase. A ello se suman las formas de capital —económico (dinero y bienes), cultural (incorporado, objetivado e institucionalizado) y social (redes e influencias)—. Exigir la misma «aplicación» a dos individuos con distinto capital inicial es, para Bourdieu, una violencia simbólica: quien posee capital cultural adecuado no solo dispone de mejores medios, sino del habitus para usarlos de modo que parezca un talento natural o una voluntad superior.

 

El determinismo metafísico: Spinoza y d'Holbach

En el plano metafísico, las filosofías fatalistas sostienen que el libre albedrío es una ilusión, lo que disuelve la máxima desde su raíz: la afirmación de que «nos falta aplicación» presupone que el sujeto tenía la alternativa real de aplicar más esfuerzo del que aplicó.

Baruch Spinoza dinamita el libre albedrío en la Ética: todo ocurre necesariamente por la naturaleza de Dios o la Naturaleza (Deus sive Natura). Su famosa analogía de la piedra consciente lo ilustra: si una piedra lanzada al aire tuviera conciencia, creería volar por su propia voluntad. Los seres humanos creen actuar por «voluntad propia» simplemente porque son conscientes de sus deseos, pero ignoran las causas que los determinan. La cantidad exacta de atención y persistencia que un individuo despliega es el resultado necesario de su constitución y de los afectos externos que lo impactan.

El barón d'Holbach, en su Sistema de la Naturaleza (1770), lleva el determinismo a un materialismo mecanicista radical: el hombre es un ente físico sometido a las leyes de la física y la biología, y sus decisiones y grados de motivación no son más que movimientos del cerebro provocados por estímulos internos y externos. Bajo esta mirada, reprochar a alguien su «falta de constancia» equivale a reprochar a una llama que no arda con más intensidad cuando carece del oxígeno suficiente: no existe un yo independiente de las fuerzas físicas que pueda decidir arbitrariamente «tener más ganas».



Conclusión

La máxima de La Rochefoucauld —leída en su sentido original o en su versión popularizada— tiene el mérito de obligarnos a nombrar los dos ingredientes de todo logro: los medios que el mundo ofrece y la aplicación que el sujeto aporta. Sus críticos, sus escépticos y sus antípodas filosóficas cumplen una función complementaria: recuerdan que la voluntad no flota en el vacío, que la estructura no lo explica todo, y que el azar interviene sin pedir permiso.

Quizás la lección más honesta sea esta: ante cada empresa concreta conviene preguntarse, sin dogmatismo, qué es lo que verdaderamente falta. Hay casos donde la respuesta es «medios» y el esfuerzo honesto consiste en nombrar la injusticia estructural que los niega. Hay casos donde la respuesta es «aplicación», y el esfuerzo honesto consiste en sostener la disciplina que aún no se desplegó. La sabiduría práctica no reside en elegir una vez por todas entre La Rochefoucauld y Bourdieu, entre Spinoza y el moralista del esfuerzo, sino en la lucidez de distinguir, caso por caso, cuándo el muro está afuera y cuándo está adentro.

En definitiva, al contrastar la cita popular con el texto auténtico de La Rochefoucauld y confrontar su visión con el escepticismo, el materialismo sociológico y el determinismo metafísico, la cuestión del éxito desborda la simple dicotomía entre medios y constancia. Nos obliga a evaluar con realismo las condiciones materiales y las fuerzas causales que nos configuran, al tiempo que examinamos la responsabilidad con la que gestionamos la disciplina posible dentro de nuestros propios límites.


En la tradición clásica de la literatura fabulística existen dos fábulas emblemáticas que encarnan, desde ángulos complementarios, la tensión planteada por La Rochefoucauld entre la disponibilidad de los medios y el factor decisivo de la aplicación, la constancia y el esfuerzo.



1. La tortuga y la liebre (Esopo)

Es la máxima representación de la afirmación de La Rochefoucauld («Nos falta la aplicación para hacerlas triunfar más que los medios»).

•    Los medios: La liebre posee la totalidad de los medios físicos para ganar la carrera: velocidad, agilidad y biomecánica favorable. La tortuga carece por completo de los recursos morfológicos adecuados para competir en velocidad.
•    La falta de aplicación: La liebre pierde no por falta de capacidad o medios, sino por la usura del exceso de confianza, la dispersión y la falta de constancia (l'application). La tortuga, mediante una disciplina ininterrumpida y un enfoque absoluto en la ejecución, compensa una inferioridad estructural de medios y alcanza el objetivo.
•    Conexión: Encaja perfectamente con la versión real de la máxima 243 de La Rochefoucauld: la abundancia de medios no sirve de nada si se carece de la constancia para ejecutarlos.




2. La zorra y las uvas (Esopo / Jean de La Fontaine)

Esta fábula aborda el problema desde el sesgo psicológico que produce la falta de medios.

•    El conflicto: Una zorra hambrienta ve un racimo de uvas maduras en lo alto de una parra. Intenta alcanzarlas en repetidas ocasiones, pero la altura excede sus capacidades físicas y sus medios de alcance.
•    El mecanismo de defensa: Al percatarse de que carece de los medios para lograrlo, la zorra abandona el intento y racionaliza su fracaso diciendo: «No importan, están verdes».
•    Conexión: Ilustra la distorsión que describe el moralista francés: cuando el ser humano carece de los medios o de la aplicación para conseguir un fin, prefiere declarar el objetivo como imposible, indeseable o indigno, en lugar de reconocer la limitación propia o la falta de esfuerzo sostenido para construir la escalera que lo alcance.

 

Y una tercera fábula que sumo para cerrar: 

3. El cuervo y la jarra (Esopo)

Representa la situación donde la constancia agudiza el ingenio para suplir o crear los medios que no están dados de antemano.

•    La trama: Un cuervo sediento encuentra una jarra con un poco de agua en el fondo, pero su pico no alcanza a tocar el líquido. En lugar de rendirse por falta de medios (un pico más largo), el cuervo comienza a arrojar pequeñas piedras dentro de la jarra, una a una.
•    El resultado: A fuerza de aplicación y paciencia, el nivel del agua sube hasta que el cuervo puede beber.
•    Conexión: Refuerza la idea de que la aplicación constante no solo utiliza los medios presentes, sino que es capaz de alterar las condiciones físicas del entorno para generar los medios que faltaban.



Ensayo creado con asistencia de IA (Gemini; Mistral) y editado por mí.

miércoles, 15 de julio de 2026

Palermo Walk: World Cup Fever After Argentina vs. England

 
There are days when the city isn't walked: it is navigated through collective emotion. This urban trek through the neighborhood of Palermo took place on an unforgettable afternoon in 2026: Argentina's 2–1 victory over England. As soon as the referee blew the final whistle around 6:00 PM, we took to the streets from Plaza Italia to witness and record the outburst of public excitement.

This football match carried the weight of its history, triggering a celebration that was noticeably larger, more effusive, and more emotional than in previous rounds.
The Route: Landmarks and Street Pulse

•    Santa Fe Avenue Axis: Palermo's main artery turned into a human river heading toward the Obelisco. The density of the crowd shifted constantly, dictating the pace and speed of movement.
•    Scalabrini Ortiz Junction: One of the first bottlenecks along the route. The crowd at the corner was so dense that the only way to move forward was single file through the throng.
•    Alto Palermo Zone: Outside the shopping mall, the mass of people brought vehicular traffic to a complete standstill, leaving buses and private cars immobilized amidst the celebration.
•    Coronel Díaz Junction: The party turned loud. Massive speakers installed right in the middle of the street completely blocked the intersection. To keep moving, we made a tactical detour through side streets, rejoining Santa Fe one block down.
•    End of the Route (Santa Fe Ave. & Pueyrredón Ave.): The peak concentration point. Amid chants and balls flying through the air, the scene of the day belonged to an improvised group that climbed a building facade to retrieve a ball stuck on a ledge.
•    Return Leg: After an hour and a half immersed in the celebration, we began our way back. Since the crowd at Coronel Díaz was still growing, we widened our detour three blocks down to rejoin near Alto Palermo, where people were celebrating around parked cars with open trunks blasting music.
•    Ending at the Botanical Garden: Near our final destination at Plaza Italia, we wrapped up the trek by photographing the light show and projections of an immersive art exhibition inside the garden premises from the sidewalk—a perfect visual counterpoint to the festive chaos of the avenue.

Route Technical Sheet
•    Type: Urban hiking (city-trekking / urban trek), low-intensity steady-state active walk (LISS).
•    Nature: Observational and contemplative walk for documentation purposes within a mass event context.
•    Start and End Point: Plaza Italia, CABA.

Wikiloc Link: https://es.wikiloc.com/rutas-a-pie/walk-through-palermo-caba-world-cup-argentina-2-1-england-287852599

Caminata por Palermo: Fiebre mundialista tras el Argentina vs. Inglaterra

Hay jornadas donde la ciudad no se camina: se navega entre la emoción colectiva. Esta travesía urbana por el barrio de Palermo tuvo como marco una tarde inolvidable de 2026: el triunfo de Argentina 2 - 1 frente a Inglaterra. Apenas el árbitro marcó el final cerca de las 18:00 hs, salimos a las calles desde Plaza Italia para atestiguar y registrar la ebullición popular.
El cruce futbolístico traía consigo el peso de su historia, lo que desencadenó un festejo notablemente más masivo, efusivo y sensible que en instancias previas.


El recorrido: Hitos y pulso callejero

•    Eje Avenida Santa Fe: La gran arteria palermitana se convirtió en un río humano con rumbo al Obelisco. La densidad de la multitud fluctuaba constantemente, marcando el ritmo y la velocidad del paso.
•    Nodo Scalabrini Ortiz: Uno de los primeros cuellos de botella del trayecto. El agrupamiento en la esquina era tal que para avanzar no quedó otra opción que marchar en fila de a uno entre el tumulto.
•    Zona Alto Palermo: Frente al shopping, la masa de gente paralizó por completo el tránsito vehicular, dejando colectivos y autos particulares inmóviles en medio de la celebración.
•    Nodo Coronel Díaz: La fiesta se volvió sonora. Parlantes gigantes instalados en plena calle bloqueaban el cruce por completo. Para poder avanzar, fue necesario realizar un desvío táctico por las calles internas y retomar Santa Fe una cuadra después.
•    Límite del trayecto (Av. Santa Fe y Av. Pueyrredón): El punto de máxima concentración. Entre cánticos y pelotas volando por el aire, la escena del día se la llevó un grupo improvisado que trepó la fachada de un edificio para recuperar un balón atrapado en una cornisa.
•    Tramo de regreso: Tras hora y media inmersos en la celebración, emprendimos el retorno. Como la masa en Coronel Díaz seguía creciendo, ampliamos el radio de paso tres cuadras abajo para empalmar de nuevo cerca del Alto Palermo, donde la gente festejaba alrededor de autos con los baúles abiertos desplegando música a todo volumen.
•    Cierre en el Jardín Botánico: Cerca del punto final en Plaza Italia, cerramos la travesía fotografiando desde la vereda las proyecciones y juegos de luces del espectáculo de arte inmersivo dentro del predio, un contrapunto visual perfecto para el caos festivo de la avenida.

Ficha técnica del recorrido

•    Modalidad: Senderismo urbano (city-trekking / urban trek), marcha activa de baja intensidad (LISS).
•    Carácter: Travesía a pie de observación y registro contemplativo en contexto de evento masivo.
•    Punto de inicio y fin: Plaza Italia, CABA.

Vínculo a Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-a-pie/caminata-por-palermo-caba-copa-mundial-argentina-2-1-inglaterra-287852555

Night Walk Through Palermo: Argentina 2 - 1 England (2026 World Cup)



Route: Urban walk (urban hiking / LISS) starting and ending at Plaza Italia, CABA.

Style: An active yet contemplative journey in the midst of street celebrations.

The match ended at 6:00 PM, and just a few minutes later, we headed out. Argentina had just defeated England 2–1 in the 2026 World Cup semifinals. True to tradition, people immediately took to the streets to celebrate.

Unlike the previous match, the crowd in the streets was significantly larger. Once again, it was one of those games that seemed lost until the national team turned it around near the very end. An intense emotional force filled the air, with the memory of the Falklands (Malvinas) War always present—beating the English on the pitch added a much deeper layer of meaning to the victory.

We took Santa Fe Avenue, echoing scenes from the 2022 World Cup (though not quite reaching the level of that unforgettable final). The crowd moved steadily towards the Obelisco:

•    Santa Fe Ave. & Scalabrini Ortiz Ave.: A large group of fans was cheering frantically; we had to walk single file through the crowd to get across.
•    Alto Palermo Shopping Mall Area: Two buses packed with passengers and a couple of cars were completely trapped, facing a long wait.
•    Santa Fe Ave. & Coronel Díaz Ave.: Traffic was completely blocked. The crowd was even larger here, extending half a block down Coronel Díaz, where speakers had been set up blaring music. Crossing there was impossible, so we took a one-block detour to rejoin Santa Fe Avenue further ahead.

We pushed forward almost to the intersection with Pueyrredón Avenue—stopping half a block short because the street was packed solid. There, people were kicking a couple of soccer balls up into the air. At one point, one of the balls landed on a building ledge, and a fan climbed up without hesitation to retrieve it so the game could continue.

By then, an hour and a half of nonstop chanting, cheering, and shouting had passed.
We decided to head back. Upon reaching Coronel Díaz Avenue again, the crowd was so massive that we had to detour once more, turning a block early to rejoin three blocks later. However, with the mall located there, the flow of people remained huge. Along that stretch, we spotted two parked cars with sound systems set up in their trunks, bringing music to the street.

To close out this celebration route, before returning to Plaza Italia, we paused on the sidewalk to photograph the light display from the immersive art exhibition taking place at the Botanical Garden.

An active, contemplative walk imbued with the unique energy of Buenos Aires streets during the World Cup.


Link Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/walk-through-palermo-caba-world-cup-argentina-2-1-england-287852396

Crónica urbana: Festejos nocturnos en Palermo tras el Argentina 2 - 1 Inglaterra (Mundial 2026)


Tipo de actividad: Senderismo urbano (Urban Trek), city-trekking y marcha urbana de baja intensidad (LISS). Travesía activa y contemplativa.

Recorrido: Circuito circular con inicio y fin en Plaza Italia, Palermo (CABA).

Un nuevo triunfo de la Selección Argentina en el Mundial de Fútbol 2026 volvió a transformar el pulso de la ciudad. Esta vez, el marco no era uno más: una semifinal vibrante frente a Inglaterra.

Otra vez la historia pareció complicarse y el partido se sintió perdido por momentos, pero sobre el final la Selección lo dio vuelta. Ganarle deportivamente a los ingleses siempre arrastra esa fuerza emotiva superior que conecta inevitablemente con la memoria colectiva y el recuerdo de las Malvinas. Con el 2 a 1 sellado a las 18:00 hs, apenas bastaron unos minutos para que la gente volcara masivamente a las calles a celebrar.


Esta caminata nocturna fue el registro de ese festejo colectivo a lo largo de la Avenida Santa Fe.


El recorrido: Pasión, desvíos y multitud

A diferencia del partido anterior, la convocatoria en las calles fue notablemente mayor. La gente tomó la Avenida Santa Fe caminando en dirección hacia el Obelisco, aunque sin alcanzar los niveles desbordantes de aquella histórica final de 2022.

•    Plaza Italia y Av. Scalabrini Ortiz: Iniciamos la marcha desde Plaza Italia. Al llegar al cruce de Av. Santa Fe con Av. Scalabrini Ortiz, nos encontramos con un nutrido grupo de hinchas cantando y festejando. Atravesar la esquina exigió paciencia y avanzar en fila india entre la multitud.
•    Zona del Shopping: A la altura del centro comercial, el tráfico quedó completamente paralizado. Dos colectivos repletos de pasajeros y un par de autos quedaron atrapados en medio de la marea humana, resignados a una larga espera.
•    Av. Coronel Díaz: En esta intersección se concentró uno de los núcleos más grandes del festejo. Cortando el paso por completo y extendiéndose hasta media cuadra por Coronel Díaz, la multitud había instalado equipos de música. Resultaba imposible avanzar de frente, por lo que tuvimos que hacer un rodeo de una cuadra para retomar Santa Fe más adelante.
•    El punto de retorne (Av. Pueyrredón): Tras hora y media de caminata rodeados de cánticos, gritos y banderas, llegamos casi hasta el cruce con la Av. Pueyrredón. La concentración era tal que nos detuvimos a media cuadra. Allí, entre pelotazos al aire que volaban sobre la multitud, una pelota quedó enganchada en la saliente de un edificio; sin dudarlo, uno de los festejantes se trepó para rescatarla y seguir con el juego en plena calle.

El regreso y el cierre del circuito

Emprendimos el viaje de vuelta hacia Plaza Italia. Al llegar nuevamente a la zona de Av. Coronel Díaz, la cantidad de gente había aumentado aún más. Tuvimos que desviarnos una cuadra antes para retomar tres cuadras más abajo, aunque en la zona del Shopping el panorama era similar: dos autos estacionados con los maleteros abiertos emitían música a todo volumen para la multitud.

Para cerrar esta travesía activa y contemplativa, al llegar al tramo final del recorrido tomé algunas fotografías desde la vereda para capturar los juegos de luces del espectáculo de arte inmersivo que se desarrollaba en ese momento dentro del Jardín Botánico, un contraste visual tranquilo frente a la euforia futbolera de la avenida.


Enlace a Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/caminata-por-palermo-caba-mundial-de-futbol-argentina-2-1-inglaterra-287852246

martes, 14 de julio de 2026

Pity and Compassion: The Misconception That Distorted Justice

 “Without mercy, justice degenerates into cruelty.”
—Attributed to Pietro Metastasio

Like almost every aphorism that circulates a bit too freely, this phrase has less to do with its supposed author than with the convenience of having a name to attach to it. Metastasio (1698–1782), the Italian librettist to whom it is most frequently credited, did indeed leave a close version in Italian—“La giustizia senza pietà è crudeltà; la pietà senza giustizia è debolezza” (“Justice without mercy is cruelty; mercy without justice is weakness”)—but the idea did not originate with him. It is a textbook case of conceptual cross-pouring: one person thinks an idea, another says it better, and the saying ends up bearing the signature of the second.

The original thought belongs to Saint Thomas Aquinas, who in the 13th century formulated the underlying theological distinction: justice without mercy is cruelty. Metastasio did not invent the doctrine; he set it to verse. As an expert in moral dramas about sovereignty and clemency—think of La clemenza di Tito or Temistocle—he took the Scholastic maxim and gave it the symmetrical, quotable cadence that circulates from mouth to mouth today. Thomas Aquinas laid down the theory; Metastasio converted it into a dramatic emblem on the exercise of power. For that reason, if you look for the maxim in a compendium of Italian aphorisms or an opera history book, the signature you will find is his.

The idea also saw famous variations over time. As early as patristic biblical commentaries—the Scholastic tradition of Saint John Chrysostom and the Glossa Ordinaria—it was cited early on to warn judges against the two possible extremes: inflexible rigor or arbitrary condescension. Pascal, in his Pensées, revisited it with his own architecture: “Justice without force is impotent; force without justice is tyrannical. Justice without mercy is cruelty.” And C. S. Lewis, in The Abolition of Man and his moral essays, pointed out how the virtues of justice, untethered from everything else, degenerate into mere punitive cruelty when they lose human empathy.

Now then: if mercy without justice degenerates into weakness, the symmetrical proposition is equally true. Justice without mercy empties itself and degenerates into tyranny or savagery—a blind, inhumane rigor—giving rise to the classic precept: summum ius, summa injuria. The supreme, inflexible application of the law ends up becoming the ultimate injustice; it reduces to a punitive automation, indifferent to human suffering. At the other extreme, mercy without justice is no better: it results in arbitrary indulgence, impunity, or favoritism, engendering chaos or tolerating greater harm to the innocent. It is, ultimately, a passive cruelty disguised as goodness. The two virtues require each other to stand: justice provides mercy with rigor and universality; mercy brings humanity and temperance to justice. Neither works alone.
Thus far, the historical journey of the phrase. Yet behind this philological anecdote lies a much deeper discussion touching upon a central point of philosophy, anthropology, and semantics: the confusion between piety (pietas) and compassion (karuṇā, empathy). It is a common conceptual error in everyday language, but one that becomes decisive as soon as one attempts to compare cultural traditions.

That confusion is not abstract: it is, in fact, the core of a genuine controversy. When someone contends that piety did not—or does not—exist in the East, and critics respond by listing examples of aid, charity, or commiseration in Eastern tradition, they are actually defending the existence of compassion, not refuting the argument regarding piety. They are two distinct things, and piety possesses a very specific socio-religious structure native to the Mediterranean and Western Indo-European matrix.


It is worthwhile, then, to separate them precisely.

Compassion, from the Latin cum passio (“to suffer with”), is the capacity to feel another’s pain and be moved to relieve it. It is an emotional and empathetic response of a universal nature, serving directly as the axis of major ethical systems in the East: in Buddhism, karuṇā is one of the supreme virtues for breaking the cycle of suffering (dukkha); in Jainism and Hinduism, the principle of ahiṃsā (non-violence) arises precisely from that compassionate reverence for every living being. Confucianism, for its part, relies on Ren, or benevolence. Demonstrating that there was mercy, almsgiving, or succor for the suffering in Asian antiquity proves nothing unusual: it proves that compassion is a human constant, not a Western monopoly. It is horizontal by definition—it requires no god, no civil mandate, and no blood tie; recognizing the other as an equal in suffering is enough.

Piety, on the other hand, from the Latin pietas, did not originate as a feeling toward the weak. It arose as a cosmic, legal, and ethical principle of fidelity to duty, hierarchy, and the sacred. Its paramount literary exponent is Aeneas in Virgil’s Aeneid, and the classical concept demands the devoted fulfillment of three vertical obligations: to the gods (devotion, ritual, recognition of the divine order), to the fatherland (civic loyalty, sacrifice for the political community), and to family and ancestors (respect for parents, ancestor worship—the pietas erga parentes). In ancient Rome, pietas was not an emotion of pity toward the weak: it was a civic virtue, a patriarchal duty, and a legal and moral obligation. The “pious” man—like Virgilian Aeneas—is the one who fulfills his hierarchical and social duties, not the one who is moved to tears.

When Christianity absorbed the term, it transformed it: devotion to God was extended, through divine filiation, to mercy toward one’s neighbor under the premise that all are children of God. However, the component of vertical duty and divine order did not disappear; it merely shifted form. Piety, in Western philosophical usage, continues to imply a normative bond and a recognition of transcendence, remaining inherently asymmetrical: someone in a superior position—God, a judge, a king, or simply someone fortunate—bestows or feels piety toward someone in a lower or vulnerable position. There lies the fundamental difference with compassion: one is horizontal; the other is vertical.

There remains a final twist, perhaps the most interesting: does piety, in this strict sense, exist outside the West? If defined in its Greco-Roman and Judeo-Christian sense—as an articulating axis between the individual, the city-state, God, and formalized moral law—the answer is that it is a construction unique to the Western tradition. Yet there is a genuine and notable counterpoint: the Confucian Xiào (孝) in China, usually translated as “filial piety,” which demands ritual devotion, respect, and obedience toward parents, ancestors, and the Emperor. Among Eastern traditions, it comes closest to the classical sense of pietas. The difference is that Confucian Xiào centers fundamentally on the familial and communal social order, whereas post-Christian Western pietas fused that vertical loyalty with something the East did not add: the redemption of the soul and transcendent charity.

So the conclusion, if one is to be drawn, is roughly this: the fundamental error of much criticism lies in equating piety with compassion or pity. Compassion is shared pain in the face of another’s misfortune, existing across all human cultures since antiquity—there is no need to prove it, only to look. Piety is something else: a principle of ethical, religious, and filial order grounded in a debt of gratitude and a sacred duty toward the transcendent and traditional institutions. When someone uses “piety” as a structuring theological-political and institutional category of Western thought, and critics respond by citing passages of affective compassion, they are not arguing about the same thing. They are, without realizing it, speaking of two entirely different concepts—and that is almost always the most efficient way to be right without having said anything at all.


Sources consulted:
http://www.pensieriparole.it/aforismi/autori/pietro-metastasio-frasi-migliori/
https://www.frasicelebri.it/frasi-di/pietro-antonio-domenico-bonaventura-trapassi/
https://repositorio.amag.edu.pe/server/api/core/bitstreams/fe91d386-b57d-4d03-afeb-adb2cae80a07/content
https://www.significados.com/piedad
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lunes, 13 de julio de 2026

Piedad y compasión: el equívoco que distorsionó la justicia


 "Sin la piedad, la justicia degenera en crueldad."
—Atribuido a Pietro Metastasio

Como casi todo aforismo que circula con demasiada soltura, esta frase tiene menos que ver con su supuesto autor que con la comodidad de tener un nombre a quien colgarle la autoría. Metastasio (1698-1782), el libretista italiano al que se le atribuye con mayor frecuencia, sí dejó una versión cercana en italiano —«La giustizia senza pietà è crudeltà; la pietà senza giustizia è debolezza» («La justicia sin piedad es crueldad; la piedad sin justicia es debilidad»)— pero la idea no nació con él. Es un caso de manual de trasvasamiento conceptual: alguien piensa algo, otro lo dice mejor, y el dicho termina llevando la firma del segundo.
El pensamiento original es de Santo Tomás de Aquino, que en el siglo XIII formuló la distinción teológica de base: la justicia sin misericordia es crueldad. Metastasio no inventó la doctrina, la puso en verso. Como experto en dramas morales sobre la soberanía y la clemencia —pensá en La clemencia de Tito o Temístocles— tomó la sentencia escolástica y le dio la cadencia simétrica y quotable que hoy anda de boca en boca. Tomás de Aquino sentó la teoría; Metastasio la convirtió en divisa dramática sobre el ejercicio del poder, y por eso, si buscás la máxima en un compendio de aforismos italianos o en un libro de historia de la ópera, la firma que te vas a encontrar es la suya.
La idea tuvo, además, variaciones célebres a lo largo del tiempo. Ya en los comentarios bíblicos patrísticos —la tradición escolástica de San Juan Crisóstomo y la Glosa Ordinaria— se citaba tempranamente para advertirles a los jueces sobre los dos extremos posibles: el rigor inflexible o la condescendencia arbitraria. Pascal, en los Pensamientos, la retomó con su propia arquitectura: «La justicia sin la fuerza es impotente; la fuerza sin la justicia es tiránica. La justicia sin la misericordia es crueldad.» Y C. S. Lewis, en La abolición del hombre y en sus ensayos morales, señaló cómo las virtudes de la justicia, desatadas de todo lo demás, degeneran en mera crueldad punitiva cuando pierden la empatía humana.
Ahora bien: si la piedad sin justicia degenera en crueldad, lo simétrico también es cierto. La justicia sin piedad se vacía y degenera en tiranía o sevicia —un rigor ciego e inhumano—, y ahí aparece el precepto clásico: summum ius, summa injuria. La aplicación suprema e inflexible del derecho termina siendo la máxima injusticia; se reduce a un automatismo punitivo, indolente frente al sufrimiento humano. En el otro extremo, la piedad sin justicia no es mejor: termina en indulgencia arbitraria, impunidad o favoritismo, lo que genera caos o tolera un daño mayor al inocente. Es, en definitiva, una crueldad pasiva disfrazada de bondad. Las dos virtudes se necesitan mutuamente para sostenerse: la justicia le da a la piedad rigor y universalidad; la piedad le aporta a la justicia humanidad y templanza. Ninguna funciona sola.
Hasta acá, el recorrido histórico de la frase. Pero atrás de esta anécdota filológica hay una discusión mucho más de fondo, que toca un punto central de la filosofía, la antropología y la semántica: la confusión entre piedad (pietas) y compasión (karuna, empatía). Es un error conceptual común en el lenguaje cotidiano, pero que se vuelve decisivo apenas uno intenta comparar tradiciones culturales entre sí.
Esa confusión no es abstracta: es, de hecho, el núcleo de una controversia real. Cuando alguien sostiene que en Oriente no existió —o no existe— la piedad, y sus críticos responden enumerando ejemplos de ayuda, caridad o conmiseración en la tradición oriental, en realidad están defendiendo la existencia de la compasión, no rebatiendo el argumento sobre la piedad. Son dos cosas distintas, y la piedad tiene una estructura socio-religiosa muy específica, propia de la matriz mediterránea e indoeuropea occidental.


Conviene entonces separarlas con precisión.

La compasión, del latín cum passio ("padecer con"), es la capacidad de sentir el dolor ajeno y verse movido a aliviarlo. Es una respuesta emocional y empática de naturaleza universal, y en Oriente es directamente el eje de los grandes sistemas éticos: en el budismo, el karuṇā es una de las virtudes supremas para romper el ciclo del sufrimiento (dukkha); en el jainismo y el hinduismo, el principio de ahiṃsā (no violencia) nace precisamente de ese respeto compasivo por todo ser vivo. El confucianismo, por su parte, se apoya en el Ren, la benevolencia. Demostrar que hubo misericordia, limosna o rescate del sufriente en la antigüedad asiática no prueba nada raro: prueba que la compasión es una constante humana, no un monopolio occidental. Es horizontal por definición —no requiere un dios, un mandato civil ni un lazo de sangre; alcanza con reconocer al otro como un igual en el sufrimiento.

La piedad, en cambio, del latín pietas, no nació como un sentimiento hacia el débil. Nació como un principio cósmico, legal y ético de fidelidad al deber, a la jerarquía y a lo sagrado. Su máximo exponente literario es Eneas, en la Eneida de Virgilio, y el concepto clásico exige el cumplimiento devoto de tres obligaciones verticales: con los dioses (devoción, ritual, reconocimiento del orden divino), con la patria (lealtad cívica, sacrificio por la comunidad política) y con la familia y los ancestros (respeto a los padres, culto a los antepasados —la pietas erga parentes). En la Roma antigua la pietas no era una emoción de lástima hacia los débiles: era una virtud cívica y un deber patriarcal, una obligación jurídica y moral. El "piadoso" —como el Eneas virgiliano— es el que cumple con sus obligaciones jerárquicas y sociales, no el que se conmueve.

Cuando el cristianismo absorbió ese término, lo transformó: la devoción a Dios se extendió, por filiación, a la misericordia hacia el prójimo, bajo la idea de que todos son hijos de Dios. Pero el componente de deber vertical y orden divino no desapareció, solo cambió de forma. La piedad, en el uso filosófico occidental, sigue implicando un vínculo normativo y de reconocimiento de la trascendencia, y sigue siendo asimétrica por estructura: alguien en posición superior —Dios, un juez, un rey, o simplemente alguien afortunado— otorga o siente piedad hacia alguien en posición inferior o vulnerable. Ahí está la diferencia de fondo con la compasión: una es horizontal, la otra es vertical.

Queda una última vuelta de tuerca, quizás la más interesante: ¿existe la piedad, en este sentido estricto, fuera de Occidente? Si la definimos en su sentido grecorromano y judeocristiano —como eje articulador entre individuo, ciudad-estado, Dios y ley moral formalizada—, la respuesta es que se trata de una construcción propia de la tradición occidental. Pero hay un contrapunto real y no menor: el Xiao (孝) del confucianismo chino, traducido habitualmente como "piedad filial", que exige devoción ritual, respeto y obediencia hacia los padres, los antepasados y el Emperador. Es, de las tradiciones orientales, la que más se acerca al sentido clásico de pietas. La diferencia es que el Xiao confuciano se centra fundamentalmente en el orden familiar y social comunitario, mientras que la pietas occidental post-cristiana amalgamó esa lealtad vertical con algo que Oriente no le agregó: la redención del alma y la caridad trascendente.

Así que la conclusión, si hay que sacar una, es más o menos esta: el error de fondo de buena parte de la crítica está en equiparar piedad con compasión o con lástima. La compasión es el dolor compartido ante la desgracia ajena, y existe en todas las culturas humanas desde la antigüedad —no hace falta demostrarlo, alcanza con mirar. La piedad es otra cosa: un principio de orden ético, religioso y filial, fundado en la deuda de gratitud y el deber sagrado hacia lo trascendente y las instituciones tradicionales. Cuando alguien usa "piedad" como categoría teológico-política e institucional estructurante del pensamiento occidental, y sus críticos le responden mostrando pasajes de compasión afectiva, no están discutiendo lo mismo. Están, sin darse cuenta, hablando de dos conceptos completamente distintos —y esa es, casi siempre, la forma más eficiente de tener razón sin haber dicho nada.



 

Fuentes consultadas:
http://www.pensieriparole.it/aforismi/autori/pietro-metastasio-frasi-migliori/
https://www.frasicelebri.it/frasi-di/pietro-antonio-domenico-bonaventura-trapassi/
https://repositorio.amag.edu.pe/server/api/core/bitstreams/fe91d386-b57d-4d03-afeb-adb2cae80a07/content
https://www.significados.com/piedad
https://humanitas.uanl.mx/index.php/ah/article/download/301/243/596

Texto producido con apoyo de modelos de lenguaje avanzados y revisado manualmente.

domingo, 12 de julio de 2026

Night Urban Walk Through Palermo: The Light Blue and White Celebration After the Quarter-Finals

Route: Circular circuit starting and finishing at Plaza Italia, Palermo (CABA).

Mode: Urban Trek / Contemplative city-trekking and low-intensity steady-state urban walking (LISS).


A Walk Between Fervor and Porteño Architecture

Following the Argentine National Team’s victory over Switzerland in the quarter-finals of the 2026 World Cup, the streets of the City of Buenos Aires once again became the stage for a collective celebration. This night walk invited participants to explore Palermo at a peaceful, contemplative pace to savor the festive atmosphere, blending light physical activity with photographic documentation of an urban landscape painted in light blue and white.


Key Landmarks of the Route

•    Santa Fe Ave. & Thames St.: One of the main epicenters of the public gathering. The crowd filled the roadway, seizing red traffic lights to chant and celebrate, then smoothly clearing the lane as soon as the signal turned green.
•    Sarmiento Ave. & Del Libertador Ave.: The site of the official Fan Fest. Past 1:30 a.m., the grounds were completely cleared, as the crowds had dispersed toward the surrounding avenues.
•    Monument to the Spaniards (Monumento a los Españoles): A standout landmark of the walk, featuring special lighting that cast light-blue hues across the white marble sculpture.
•    Return via Salguero St., Scalabrini Ortiz Ave. & Santa Fe Ave.: A quieter leg of the walk that allowed for an appreciation of the neighborhood's architecture, capturing photos of flags draped over balconies, street murals, and themed shop windows.

Literary Quote: A Country on Pause

The atmosphere pulsing through the city during these tournaments inevitably calls to mind the writings of Osvaldo Soriano, who, in his chronicles of the 1994 USA World Cup, captured the social phenomenon of football in Argentina with striking precision:

"Nothing else happened in the country. Only televisions turned on and hearts holding their breath. There was nothing left over for anything else. There were no crashes, no robberies, no vendettas. Molars stopped aching, lovers postponed love, and even labor was brought forward. Even the dying held off their passing to learn the final score. Argentina was playing, and God had to wait."

Route Fact Sheet
•    Distance / Type: Circular urban route.
•    Pace: Low-Intensity Steady-State (LISS) walking, focused on photographic exploration and mild aerobic endurance.
•    Terrain: Asphalt and urban sidewalks.

Wikiloc track: https://es.wikiloc.com/rutas-a-pie/walk-through-palermo-caba-world-cup-argentina-vs-switzerland-287852178

Caminata urbana nocturna por Palermo: el festejo celeste y blanco tras los cuartos de final


Recorrido: Circuito circular con inicio y fin en Plaza Italia, Palermo (CABA).

Modalidad: Urban Trek / City-trekking contemplativo y marcha urbana de baja intensidad (LISS).


Un paseo entre el fervor y la arquitectura porteña

Tras la victoria de la Selección Argentina ante Suiza en los cuartos de final del Mundial 2026, las calles de la Ciudad de Buenos Aires volvieron a convertirse en el escenario de una fiesta colectiva. Esta caminata nocturna propuso recorrer Palermo a un paso tranquilo y contemplativo para atesorar la atmósfera festiva, combinando la actividad física suave con el registro fotográfico del entorno urbano teñido de celeste y blanco.


Puntos clave del recorrido

•    Av. Santa Fe y Thames: Uno de los epicentros de la concentración popular. La multitud ocupaba la calzada aprovechando las luces rojas del semáforo para cantar y celebrar, despejando la vía de forma coordinada en cuanto el semáforo daba el verde.
•    Av. Sarmiento y Av. del Libertador: Zona donde funcionó el Fan Fest oficial. Pasadas las 1:30 a. m., el predio se encontraba completamente despejado, habiéndose descongestionado la masa de gente hacia las avenidas aledañas.
•    Monumento a los Españoles: Punto destacado de la caminata por su iluminación especial en tonos celestes sobre la escultura de mármol blanco.
•    Retorno por Salguero, Av. Scalabrini Ortiz y Av. Santa Fe: Un tramo de marcha más sereno que permitió apreciar la arquitectura del barrio, capturando en fotos banderas en los balcones, murales y vidrieras temáticas.

Cita literaria: El país en pausa

El ambiente que se respira en la ciudad durante estos torneos evoca inevitablemente la pluma de Osvaldo Soriano, quien en sus crónicas sobre el Mundial de EE. UU. 1994 retrató con precisión el fenómeno social del fútbol en Argentina:

«Nada más sucedió en el país. Solo la tele encendida y los corazones detenidos. No quedaba resto para otra cosa. No hubo choques, robos ni venganzas. Las muelas dejaron de doler, los amantes postergaron el amor y hasta se adelantaron los partos. También los moribundos tardaron en irse para conocer el resultado. Jugaba Argentina y Dios tuvo que esperar». 

Ficha técnica del recorrido

•    Distancia/Tipo: Travesía urbana circular.
•    Ritmo: Marcha de baja intensidad (LISS), enfocado en la exploración fotográfica y la resistencia aeróbica suave.
•    Terreno: Asfalto y veredas urbanas.

Vínculo a Wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-a-pie/caminata-por-palermo-caba-copa-mundial-argentina-suiza-287852137