martes, 17 de junio de 2014

El recorte y el enciclopedista: una conexión inesperada entre Baldao y Diderot



Hay un objeto de estudio interesante en el hecho mismo de que esta frase haya sobrevivido solo en un recorte de papel de diario, guardado durante muchos años, mientras que su pariente cercana —la de Diderot— circula hoy en cualquier compilado de citas con la autoridad que da un nombre reconocible. Antes de conectar las ideas, vale la pena detenerse en esa asimetría, porque es parte del argumento.
La frase la recorté del diario Clarín, allá por la década del ´90 o primeros años del 2000. He buscado en la web y no aparece nada. Solo un blog la recoge tal cual como la tengo yo. 
https://chistesquemecontaron.blogspot.com/2013/09/frases.html
El fragmento completo en el texto explora precisamente la cadena causal de las emociones descontroladas.

Dos formulaciones, un mismo mecanismo
Baldao, quienquiera que haya sido —una firma de columna de opinión, un colaborador ocasional, tal vez un seudónimo—, escribió una cadena causal de tres eslabones:

"La ira ofusca la mente. Una mente ofuscada no razona. Y quien no razona, puede cometer atrocidades."
Diderot, dos siglos antes, comprimió la misma secuencia en una sola frase:
"La cólera destruye el sosiego de la vida y de la salud del cuerpo; ofusca el juicio y ciega la razón."
La superficie es casi idéntica: ira, ofuscación, pérdida de razón. Pero ahí donde Diderot se detiene —ciega la razón, y punto, como quien cierra un diagnóstico clínico—, Baldao da el paso que el enciclopedista no da explícito: la consecuencia práctica, social, de ese cegamiento. No razonar no es un estado interior inocuo; es la antesala de la atrocidad. Diderot describe el mecanismo. Baldao describe el mecanismo y su output.
Esa diferencia no es menor. Es la diferencia entre una fisiología de la pasión y una fenomenología del daño. Diderot, hijo de la Ilustración, estaba inventariando facultades humanas para la Encyclopédie: que le pasa a la razón cuando la cólera la toma. Baldao, escribiendo probablemente para otro público más actual, no tenía el lujo de detenerse en la fisiología. Tenía que llegar a la atrocidad porque esa era, con toda probabilidad, la pregunta real del texto.

La técnica de la conexión inesperada, aplicada
El valor de yuxtaponer estas dos frases no está en que digan "lo mismo" —de hecho lo interesante es que no dicen exactamente lo mismo— sino en que provienen de mundos que normalmente no se tocan: el canon filosófico ilustrado, con nombre, fecha, editor y estatua, y el olvido casi total de una columna de diario de los noventa, sin más rastro que un recorte y, tal como digo, un blog que la reproduce sin poder tampoco sostener la atribución.
Ahí aparece algo con sabor a Lindy invertido. Lo que sobrevive no es necesariamente lo mejor formulado, sino lo que quedó incrustado en una infraestructura de memoria —bibliotecas, antologías, Wikiquote— que perpetúa por inercia institucional más que por mérito propio. Diderot sobrevive porque hay una maquinaria detrás de Diderot: editores, canon, currícula. Baldao no sobrevive porque no hay maquinaria detrás de Baldao: hay un recorte en una carpeta y, en el mejor de los casos, un blog perdido en la indexación de Google. La frase de Baldao es, en ese sentido, más frágil que la de Diderot, pero no necesariamente más débil como enunciado. La fragilidad es de circulación, no de contenido.
El canon no es un filtro de calidad; es un filtro de supervivencia institucional. Lo cual quiere decir que la pregunta "¿quién fue Baldao?" es, en el fondo, menos interesante que la pregunta de por qué su formulación —más precisa, más aplicada, más honesta respecto de adónde conduce la ira— quedó fuera del circuito y la de Diderot, más genérica, quedó dentro.

La cadena causal como diagnóstico todavía vigente
Hay una segunda conexión, más sustantiva que la anterior, en el contenido mismo. Ambas frases describen lo que hoy se discutiría en términos de psicología social o de estudios sobre violencia colectiva como una cadena de degradación cognitiva: la emoción intensa reduce la capacidad de procesamiento deliberativo, y esa reducción no es neutra —tiene una dirección, y esa dirección tiende hacia el daño. Ni Diderot ni Baldao necesitaban el vocabulario de la neurociencia contemporánea sobre el secuestro amigdalar para intuir la secuencia; la observaron directamente en la conducta humana, en la calle, en la historia.
Lo que agrega Baldao —y esto es lo que probablemente hacía valioso el fragmento completo que recortaste— es el tercer eslabón explícito como advertencia y no solo como descripción. Diderot cataloga. Baldao alerta. Uno escribe para la posteridad enciclopédica; el otro, sospecho, escribía para un lector de carne y hueso que estaba a punto de indignarse por algo del día, y necesitaba frenarlo antes del tercer escalón.

Lo que queda
La conexión inesperada, entonces, no es solo "estas dos frases dicen algo parecido sobre la ira". Es que la distancia entre canon y olvido no corre en paralelo con la distancia entre verdad genérica y verdad aplicada. Baldao —sin estatua, sin entrada en Wikiquote, rescatado apenas por mi y por un blog que tampoco puede probar nada— formuló la versión más completa y más urgente del mismo diagnóstico que hizo célebre a un enciclopedista francés. Si alguna vez se identifica quién fue, el hallazgo importaría menos como dato biográfico que como confirmación de algo que ya se puede sostener sin el nombre: que la precisión de una idea no garantiza su supervivencia, y que buena parte de lo que llamamos "pensamiento canónico" es, en el fondo, lo que tuvo la suerte de nacer con archivo.

 

Contenido co-creado con IA.

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