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domingo, 20 de julio de 2014

Botánica de la Voluntad: del supermercado Lucky al Jardín de Edimburgo


Un calendario publicitario del supermercado "Lucky" del año 2011.

Esta imagen muestra un hermoso paisaje que corresponde a un sector del Jardín Botánico de Edimburgo (Royal Botanic Garden Edinburgh), situado en Escocia, Reino Unido. Es un prestigioso centro científico y una atracción turística de fama mundial, célebre por sus espectaculares paisajes y sus colecciones botánicas que incluyen coníferas ornamentales y una gran variedad de rododendros de origen himalayo que florecen profusamente.

«Toda planta nos habla de la vida, y en consecuencia nos hace dichosos en la medida en que contemplamos en ella la vida pura, libre de todo dolor y de toda lucha; pero la vegetación, en la variedad infinita de sus formas y combinaciones, nos ofrece además el espectáculo más puro del desarrollo de la fuerza vital.»

— Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación (Libro III, § 38).

En El mundo como voluntad y representación (1819), Schopenhauer dedica páginas fundamentales al valor contemplativo de la vegetación y los jardines, donde el ser humano logra una tregua en el deseo constante al contemplar las formas puras de la vida vegetal.


La «guerra de todas las hojas»: la lucha interminable en la naturaleza

Lejos de ver el bosque como un cuadro idílico de paz armónica, Schopenhauer describe la naturaleza como un campo de batalla permanente donde la Voluntad se devora a sí misma en sus distintas manifestaciones:

«La voluntad debe devorarse a sí misma, porque no hay nada fuera de ella y es una voluntad hambrienta... Vemos esto en todos los grados de su objetivación: cada fuerza de la naturaleza disputa a otra la materia, el espacio y el tiempo. [...] En la naturaleza vegetal, la hierba más pequeña lucha con el árbol por la luz y el aire, el hongo se alimenta de la madera en descomposición; el conflicto es la ley de la existencia.»

— El mundo como voluntad y representación (Libro II, § 27).

En una masa de vegetación frondosa —como la de un jardín botánico—, cada rama, cada hoja y cada raíz está trabada en una guerra silenciosa pero implacable por capturar la luz solar, drenar los nutrientes del suelo y ahogar a la especie vecina. Es el egoísmo ciego del ser en estado puro.


El alivio de la contemplación estética. 

¿Por qué la contemplación vegetal nos produce dicha?

La respuesta está en el tercer libro de su obra principal (dedicado a la estética). Al contemplar la belleza de las plantas, el ser humano experimenta una tregua transitoria:

1.    Ausencia de dolor en la planta: La planta es afirmación de vida, pero sin conocimiento ni sufrimiento. No conoce el miedo a la muerte ni la angustia del tiempo.

2.    El sujeto puro del conocer: Al contemplar un paisaje o un jardín desinteresadamente (por pura apreciación estética y no por un interés práctico o egoísta), la mente humana se libera temporalmente del yugo de sus propios deseos.

Por un instante, dejamos de ser un «individuo sufriente» que quiere cosas para convertirse en el «ojo puro del mundo», contemplando la fuerza de la vida despojada de la tragedia del dolor consciente.

El jardín botánico es, bajo la mirada de Schopenhauer, un teatro fascinante: por un lado, una contienda encarnizada de raíces y hojas peleando por el sol; por el otro, un espejo tranquilo donde la mente humana descansa por un momento del peso de su propio querer.


Redacción desarrollada con asistencia de IA bajo la supervisión del autor.