Calendario de bolsillo publicitario de 1992 de la casa "La Bomba-Chita", un comercio que aún existe.
Anverso (Cara frontal): Presenta una ilustración romántica y retro con estética de los años 80 o principios de los 90. Muestra la silueta de una pareja joven bajo un cielo estrellado, conectados por un circuito o energía que dibuja un gran corazón luminoso en forma de rayo.
«Detrás del mito de la chispa cósmica y la unión de almas, solo hay dos cerebros intercambiando impulsos eléctricos y neuroquímica. La poesía la ponemos nosotros; la física pone la corriente.»
«El universo no estaba preñado de la vida, ni la biosfera del hombre. Nuestro número salió en el juego de Montecarlo.»
— Jacques Monod, El azar y la necesidad (1970)
La cita de Jacques Monod pertenece al capítulo final (el octavo, titulado precisamente "El reino y las tinieblas") de su obra fundamental El azar y la necesidad (Le Hasard et la Nécessité, 1970). En el original en francés dice: "L'univers n'était pas pregnant de la vie, ni la biosphère de l'homme. Notre numéro est sorti à la loterie de Monte-Carlo." Es una de las síntesis más célebres de la biología evolutiva y del pensamiento escéptico y materialista del siglo XX.
Dos siluetas cara a cara, conectadas por diademas o electrodos, proyectan sobre el cielo estrellado un corazón hecho de rayos y corriente eléctrica. La imagen pretendía ser romántica, pero vista con la frialdad de la ciencia resulta una lección involuntaria de biología molecular. Como señalaba Jacques Monod, los seres vivos somos objetos extraños en el universo: sistemas microscópicos de una precisión ciega que obedecen a las leyes de la física y la química. Lo que la poesía y el consumo popular insisten en llamar «flechazo» o «conexión de almas» no es más que el resultado de una lotería biológica. Un encuentro fortuito entre dos trayectorias que, al cruzarse, desencadenan una cascada electroquímica perfectamente ordinaria.
La ironía de la ilustración radica en su propia literalidad: los cables y la electricidad que unen a los amantes no los conectan con el cosmos, sino con la pura materia. El corazón luminoso en el firmamento es la ficción que el cerebro inventa para interpretar el chispazo. El universo, mientras tanto, permanece mudo e indiferente en el fondo de la escena.
Y sin embargo, contra toda razón escéptica, la cultura insiste en revestir esa corriente eléctrica de eternidad, repitiendo el viejo estribillo que Michael Hutchence cantaba en los años dorados de INXS:
«I was standing / You were there / Two worlds collided / And they could never tear us apart...»
(«Yo estaba de pie / Tú estabas allí / Dos mundos colisionaron / y nunca pudieron separarnos...»)
— INXS, Never Tear Us Apart (1987)
Ahí radica la verdadera tensión: entre la fría mecánica de los cuerpos que señala la ciencia y la terca urgencia del mito. Al fin y al cabo, el corazón luminoso en el firmamento seguirá siendo la entrañable ficción con la que intentamos abrigar un chispazo en medio de la indiferencia estelar.

