"Las ventanas del alma se abren a través de la noche."
William Shakespeare. (Romeo y Julieta, 1597)
Cada ventana encendida en la fachada de un edificio es un fragmento de vida privada asomado a la penumbra de la calle. La repetición de los marcos y las persianas crea un patrón geométrico donde la luz cálida contrasta con la frialdad de la estructura.
En Romeo y Julieta (1597), William Shakespeare recordaba cómo las ventanas y las luces interiores se convierten en símbolos de expectación cuando la noche avanza. Observadas desde la vereda, esas retículas luminosas sugieren historias inaccesibles para el transeúnte.

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