miércoles, 30 de julio de 2014

El dolor de la guerra.

Allá por enero del 2008 leí el libro El Dolor de la Guerra del autor Bao Ninh. Unos días antes, recorriendo una librería me atrajo la foto de la portada y pensé que se trataba de una “novelas más”, que mi genio interior me dice “pasala por alto”, pero inmediatamente se me dio por leer el autor e imaginé que era un vietnamita, no lo sabía pero tenía toda la pinta de serlo por el nombre, y efectivamente lo era. Así que lo levanté, lo tomé, lo miré y lo compré. Creo que fue la tapa que le hicieron, más el nombre del autor, lo que me llevó a comprarlo, que tampoco estaba muy caro, entre diez y quince pesos, ahora no recuerdo exacto. Siempre tuve ganas de leer algo sobre la guerra de Vietnam, pero no algo de estudios posteriores o ficción de algún autor extranjero. Esta era la novela que buscaba, estaba escrita “desde adentro”. Quien la escribió conocía mejor que nadie lo que fue la guerra.

Voy a transcribir lo que dice la solapa de la portada.
Bao Ninh nació en Hanoi en 1952. Durante la guerra de Vietnam sirvió en la Gloriosa 27º Brigada Juvenil. De los quinientos miembros de la misma que fueron a la guerra en 1969, él fue uno de los 10 supervivientes. “El dolor de la guerra” , su primera novela, ha sido un rotundo éxito de ventas en Vietnam. Ganadora de diversos premios literarios, como el que otorga “The Independent” a la mejor novela extranjera, Bao Ninh no pudo obtener el visado para salir de su país a recogerlos hasta cuatro años después de publicada.


Es quizás, sino, el libro más triste que haya leído hasta ahora. Como su título lo dice, una novela dolorosa. Hasta los pocos momentos que el personaje muestra como “felices”, están rodeados del peor de los escenarios. Tiene muerte, muertes y más muertes, violaciones, heridos, lisiados, inválidos, rupturas de familias, explosiones, peleas internas, prostitución, agresiones, soledad, vacío, tristeza, todo lo que uno encuentra en una guerra. Cuenta la historia de un joven que a los 17 se enrola al ejército frente a la inminencia de la guerra. Pasa los 11 años de guerra combatiendo con el ejército regular. Ni bien ingresa, le dan una instrucción de tres meses y lo destinan al sur. Es conveniente leer algo de información extra de cómo se desarrolló la guerra, en que situación, más que nada la parte histórica, que se encuentra en cualquier enciclopedia, porque sirve, a los que no conocen nada, poder ubicarse entiempo y espacio. El personaje se encontraba en Hanoi, y lo envían a combatir al sur del país. Parte con su batallón, pero como dice la introducción mueren todos, por lo menos su mayoría salvándose solo diez, no voy a contar como se salva, ni como se desarrolla el tema, porque eso se encuentra en la novela.

Es una novela corta, de 220 páginas. Se lee rápido. Tiene la particularidad de no estar divida en capítulos, cuando quiere separar algo, deja un espacio. Pero también esta escrita en una forma particular, continuamente da saltos en el tiempo, esta mezclada en el tiempo de acuerdo a como iba recordando los episodios al momento de escribirla, según el mismo autor cuenta.

Para vender el libro, en la portada y contratapa, pusieron opiniones de diarios, la opinión debe nacer del propio lector, es algo que no me gustó de la edición, quizás esos diarios hayan fomentado de alguna manera la edición en castellano, no lo se, conjeturas mías, aunque la novela sí que me gustó.

La novela tiene algunas ausencias que me llamaron la atención, más que nada por la idea que tenía sobre la guerra, idea infundada quizás en las películas que uno vez, en general películas americanas sobre la guerra, es decir, el autor no habla de los túneles en la guerra, tampoco hace mención a la guerrilla vietnamita, conocida como Vietcom. Pero intuyo que esto se debe a la situación que el personaje se encontraba en el ejército regular de Vietnam.

El lenguaje es común, el de un joven que no había querido ir a la universidad para alistarse al ejército. Al margen que puede ser una crítica a los países que utilizan a menores y chicos en las guerras, en este caso el joven tenía 17 años, pero es conocida la triste situación de África y sus conflictos internos y la utilización de chicos actualmente. Decía lo del lenguaje, porque deja ver en varias ocasiones la referencia a las creencias de los combatientes, menciona muchas historias de fantasmas, creencias vulgares y/o populares sobre fantasmas, sin sustento racional, el mismo autor lo dice.


Me llamó la atención, algo que quería escribirlo también, sobre el libro, que pertenece a la editorial Ediciones B, y al final en la contratapa dice Ediciones B destina el 0.7% de los beneficios por la venta de este ejemplar a Amnistía Internacional.


Para terminar voy a copiar algunos fragmentos

Allí la canina crece cerca de la orilla de los riachuelos, al alcance de la carpa de montaña, que mordisquea sus raíces, de forma que al pescarla resulta exquisita, pero de efectos narcotizadores. Los lugareños afirman que la canina se da muy bien en los cementerios o en cualquier parte en la que flote el olor de la muerte. Es una flor que ama la sangre. Su olor es tan dulce que cuesta creerlo. (Pág. 15)

Sin embargo, sólo unos pocos de sus héroes  vivirían desde las primeras escenas hasta las páginas finales, pues los vio, y a continuación los describió, atrapados en feroces tiroteos, en combates tan horribles que todo el mundo tuvo que participar en ellos ruega al cielo no volver a experimentar semejante terror. Combates en los que la muerte los acechaba, los perseguía y les tendía emboscadas. Donde una delgada línea separaba la muerte de la supervivencia: los iban matando uno a uno, o a todos a la vez; morían en el acto, o bien resultaban heridos y se desangraban entre terribles dolores; o es probable que vivieran, pero sufriendo las pesadillas de explosiones blancas que le desgarraban el alma y los despojaban de su personalidad.(Pág. 87)

A Kien y al resto del equipo del MIA no les hacía ninguna falta un juramento. Habían salido de la guerra imbuidos de respeto y luto por los desafortunados muertos, con o sin nombre. (Pág. 89)

Kien echó a reir. Naturalmente, Phuong tenía razón. Ella se subió de un salto y él se sentó y empezó a pedalear. Resultaba peligroso, ya que eran los únicos que andaban por aquellas calles desiertas y corrían el riesgo de que los guardias los arrestasen. Sin embargo, cuando se aproximaban a la estación, sonó la sirena que indicaba el cese de los bombardeos, lo que los hizo estallar en eufóricas carcajadas. Bajar a toda velocidad las últimas, desiertas calles camino de la estación, pasar por delante de los comercios vacíos, que devolvían el eco de sus risas, y coger un tren que iba a la guerra…, ¡era sensacional!. (Pág. 156)

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