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viernes, 8 de mayo de 2026

Crónicas de una fila, o cómo Europa naufragó en el Río de la Plata

 
El dichoso kit se entregaba en el segundo piso de las Galerías Pacífico, un edificio de una opulencia arquitectónica tan marcadamente europea que uno casi espera encontrar orden en su interior. Qué ingenuidad. Llegamos temprano, pero el género humano ya se había apiñado en una fila kilométrica que daba la vuelta al corredor con la paciencia de un rebaño y el humor de un dolor de muelas.

Allí nos quedamos, estancados durante una hora eterna. La carrera se anunciaba con bombos y platillos como la "Bs As Run Unión Europea", pero el sistema de entrega se mantuvo fiel al más puro y caótico estilo latinoamericano. Aquello avanzaba con la parsimonia de un glaciar. A mi alrededor, el aire se llenaba de las clásicas quejas de los hombres que ven pasar su juventud en una cola.

De pronto, una mujer de la organización emergió con el aire de un general en plena retirada y empezó a gritar que los corredores de los 15K formaran una segunda fila en paralelo. El orden, que ya era frágil, se desmoronó por completo. Algunos se lanzaron hacia adelante con la mirada del que busca oro; otros directamente se colaron en el edificio, desatando un previsible coro de indignación y disputas morales entre los presentes. Al rato, un corredor salió del recinto como un profeta que regresa del desierto y sentenció:
"Pasen con los de 15K, muchachos, que adentro es cualquiera".
Y allá fueron varios, saltando de fe en fe y de fila en fila.

La generala de la organización regresó para apostarse en la puerta, decidida a imponer una autoridad que ya no tenía. Se le plantaron dos sujetos que pretendían colarse, amparados por una tercera que llevaba una hora sufriendo el calvario de la fila legal. Al principio, la organizadora opuso una resistencia digna; pero cuando llegó el momento de la verdad, simplemente los dejó pasar. La célebre "viveza criolla" se anotó otra victoria inapelable, dejando a la eficiencia europea herida de muerte en el piso superior del shopping. Dos colados más a la cuenta del folclore local.

Cuando por fin nos tocó el turno, avanzamos pegados a los que nos precedían, solo para encallar en un pasillo estrecho detrás de otra fila misteriosa. Resultó que esa nueva aglomeración no era para correr, sino para pagar una carrera distinta. Tras superar esos tres metros de confusión pura, entramos al recinto principal. Aquello era el mismísimo caos bíblico.

Al ver a unas mujeres que despachaban las bolsas de los kits, me acerqué con la inocencia del forastero, pero me despacharon de inmediato: primero había que buscar el dorsal. Interrogué a un hombre sentado ante una mesa desierta, rodeado de números. Me miró como se mira a un impertinente y me señaló el bando contrario: él solo atendía a los de 15K. Cruzamos el charco. Enfrente, los empleados trabajaban a destajo mientras una multitud esperaba, bendiciendo la paciencia de quienes pretendían retirar los kits de toda su familia y amigos hasta la tercera generación.

En esa misma mesa, en medio del naufragio general, un empleado permanecía de brazos cruzados, inmóvil como una esfinge. No entregaba nada porque su puesto estaba reservado para la categoría de 3K. Como no había un solo alma anotada para semejante distancia, el hombre se apiadó de nosotros, nos llamó con un gesto y, en un abrir y cerrar de ojos, nos entregó ambos kits. El destino es así de caprichoso.

A partir de ahí, el trámite recuperó la lógica. Nos dieron la bolsa y nos dirigimos a la última fila de la jornada: la de pagar otra carrera que estaba en promoción. Por fortuna, esta última cola avanzaba con la presteza de un rayo. Pagamos, guardamos el botín y salimos de las Galerías Pacífico, agradecidos de haber sobrevivido a la burocracia del Viejo Mundo bajo el cielo del Nuevo.


Las Galerías Pacífico

Las Galerías Pacífico son uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Buenos Aires, ubicadas en la esquina de Florida y Córdoba, en pleno microcentro. Hoy funcionan como shopping y centro cultural, pero su historia mezcla arquitectura europea, arte argentino, ferrocarriles y hasta episodios oscuros de la dictadura.

El edificio comenzó a construirse hacia 1888-1889 inspirado en las grandes galerías comerciales europeas, especialmente la Galleria Vittorio Emanuele II de Milán. Originalmente iba a albergar una sucursal argentina de las tiendas francesas “Au Bon Marché”, símbolo del consumo elegante de la Belle Époque.

Sin embargo, el proyecto comercial original fracasó y el edificio tuvo múltiples usos. Allí funcionaron instituciones artísticas importantes, como el Museo Nacional de Bellas Artes y la Academia Nacional de Bellas Artes. Más tarde, el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico compró gran parte del edificio, y de ahí surgió el nombre “Pacífico”.

Uno de sus rasgos más famosos es la gran cúpula central con murales pintados entre 1945 y 1947 por artistas fundamentales del muralismo argentino: Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino, Demetrio Urruchúa y Manuel Colmeiro. Muchas veces se considera uno de los conjuntos de muralismo más importantes del país.

En los años 90 el edificio fue restaurado y convertido definitivamente en shopping, aunque conservando buena parte de su arquitectura monumental. También alberga el Centro Cultural Borges.

https://es.wikipedia.org/wiki/Galer%C3%ADas_Pac%C3%ADfico_(edificio)
https://buenosaires.gob.ar/gcaba_historico/edificios-emblematicos/galerias-pacifico


* Al cruzar Av. Callo, Partiendo desde el barrio San Nicolás
Crucé el barrio Recoleta al pasar calle Uruguay.
Finalmente ingresamos al barrio Palermo al pasar la Av. Coronel Díaz.

Av. Córdoba.
Av. Pueyrredón.
Av. Santa Fe.

Senderismo urbano (urban trek). Paseo urbano. Caminata urbana.

Track: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/caminata-por-san-nicolas-recoleta-y-palermo-en-caba-galerias-pacificos-266770163

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